Elecciones en Polonia: el día después

Piotr Buras
 |  26 de octubre de 2015

Somos testigos de un momento sin precedentes en los 25 años de historia de la democracia polaca. Los conservadores de Ley y Justicia han logrado el 39% de los votos en las elecciones parlamentarias del 25 de octubre. El partido consigue así la mayoría absoluta y despeja el camino para un gobierno monocolor la próxima legislatura. Ley y Justicia lleva los últimos años defendiendo que es el único representante legítimo de los intereses de la Polonia “real”. Ha acusado a los anteriores gobiernos de traicionar el interés nacional, al tiempo que afirma que su éxito será el éxito del país, que a partir de ahora comenzará a recobrar la soberanía nacional y la independencia. Su profundo desprecio por sus oponentes políticos ha provocado una polarización extrema demasiado evidente. Esto ha llevado a una pérdida de confianza en las instituciones públicas, desempeñando un papel importante en el giro a la derecha de la opinión pública polaca.

El 25-O, casi un 55% de los votantes –la participación fue solo del 51%– eligieron a partidos de derechas. Al 39% de Ley y Justicia hay que sumar a los populistas de Kukiz’15 (9% de los votos) y a la ultraderecha de Korwin (4,9%). Ningún partido socialdemócrata ha conseguido escaño en el Parlamento. La hasta ahora gobernante Plataforma Cívica ha recibido apenas el 23% de los votos, pagando un alto precio no solo por perder la batalla de los símbolos y las narrativas, también por sus propios errores; entre ellos, escándalos con políticos de primera línea como protagonistas, narcisismo, no saber corresponder a las aspiraciones crecientes de la sociedad, y su arrogancia hacia los votantes.

Este es el marco de las elecciones, que a pesar de sus claros resultados lanza más preguntas que respuestas acerca de algunas cuestiones clave. El eslogan de Ley y Justicia “Por un cambio mejor” claramente ha funcionado entre los votantes. El deseo de cambio en la sociedad polaca es el más fuerte desde 1989. Esto puede sorprender dada la bonanza de la economía y el balance positivo de la transformación que ha experimentado el país. Pero estas elecciones han marcado el fin de un cuarto de siglo de transformaciones políticas, sociales y económicas que si bien han producido ganadores, también ha producido perdedores dentro del sistema. Todavía quedan algunos que creen en el mantra del mito fundador de este periodo transformador: que “alcanzar a Occidente” es el único objetivo y la medida de todo éxito; pero una vez que los polacos, en especial las generaciones más jóvenes, se han dado cuenta de que la meta no se va a alcanzar en breve (en términos puramente materiales), la frustración y la rabia han brotado. La propaganda devastadora de Ley y Justicia describiendo a Polonia como un “país arruinado” se ha apoyado de manera hábil en este resentimiento, al que ha dado salida, profundizando en la desilusión.

 

Inseguridad y tradiciones

¿Qué cambio quiere Polonia? ¿Qué cambio ha prometido Ley y Justicia? ¿Cómo de alineados están ambos? Aquí es donde comienzas las verdaderas preguntas acerca de las consecuencias de las elecciones del 25-O. Los polacos quieren un cambio generacional en la política. Quieren dejar atrás el antagonismo entre los dos grandes partidos, Ley y Justicia y Plataforma Cívica. Esto explica el éxito de algunos recién llegados como los populistas de Kukiz’15 y los liberales de Nowoczesna (Moderno). Pero los votantes también quieren más seguridad social y más justicia, mejores instituciones estatales, mejores salarios y empleos más estables. El hecho de que tantos votasen por partidos conservadores, xenófobos y de derechas podría sugerir que debido a un sentimiento general de inseguridad –que surge de la crisis del capitalismo, los refugiados, la globalización y el individualismo– muchos querían partidos que promoviesen las tradiciones y el espíritu polacos, que subrayan la importancia de los valores de la comunidad, definidos en estrechos términos nacionalistas.

La meta de Ley y Justicia es cambiar la Constitución, pero con la mayoría actual no será posible. Incluso con el apoyo de Kukiz’15 el gobierno no alcanzaría la mayoría de dos tercios necesaria. Curioso, poco antes de las elecciones Ley y Justicia sacó de la su web su orbanesco y largamente discutido borrador de Constitución –el cual limitaba los poderes de instituciones como el Tribunal Constitucional e incrementaba los del ejecutivo y la mayoría parlamentaria– y afirmó que no existía ningún documento oficial que definiese la visión del partido sobre un nuevo sistema político. ¿Está el partido alejándose realmente de sus raíces iliberales? ¿Respetará las reglas de la democracia liberal y no usará su legitimidad mayoritaria para cargar contra instituciones que no encajen con su visión del mundo? Aquellos que recuerdan el gobierno de Ley y Justicia de 2005-2007 no se dejan llevar por el optimismo y conceden poca credibilidad a las declaraciones de Jaroslaw Kaczynski de que no habrá venganza contra “los caídos” (por ejemplo, los perdedores de las elecciones). Kaczynski ha llamado asimismo a formar una amplia coalición rojiblanca (los colores de la bandera polaca) para cambiar Polonia a mejor, una invitación a los partidos de la oposición más pequeños (Kukiz’15 y el Partido de los Campesinos), al tiempo que marca una línea entre aquellos que son patriotas (rojiblancos) y aquellos que no pertenecen a la comunidad. Esta división ideológica y polarización ha resultado de los más destructiva para la democracia polaca en los últimos años. El desafío principal para Ley y Justicia será evitar la tentación de perpetuar y profundizar las divisiones de la sociedad y promover una cultura democrática de diálogo que ha sido claramente violada.

 

Agenda económica y choque con Bruselas

Uno de los mayores peligros para Ley y Justicia es, tarde o temprano, morir de éxito. Su exigencia de que los polacos “merecen más”, también en términos económicos, podría convertirse en su espada de Damocles. Con una mayoría parlamentaria, el partido no tiene excusas sin no cumple con sus promesas y no está a la altura de las expectativas levantadas. Ley y Justicia quiere recortar los impuestos, introducir un beneficio mensual por niño de 120 euros (tres cuartos del alemán Kindergeld), retirar la histórica reforma de las pensiones introduciendo la edad de jubilación a los 67 años, y relajar la política monetaria para estimular la economía. Los economistas predicen que este programa supondrá un crecimiento mayor (más del 5% del PIB en 2017) pero que luego desembocará en una crisis profunda de las finanzas estatales. Hay un pequeña oportunidad de llenar el vacío que generará esta política (entre 50.000 y 70.000 millones de eslotis al año) mejorando la recaudación del IVA y otros impuestos de acuerdo con los planes del partido. Si Polonia incurre en elevados déficits presupuestarios, la credibilidad del país en los mercados financieros se resentirá, aumentado el coste de su financiación. En tales circunstancias la Comisión Europea podría salir a la palestra para reducir gastos y amenazar con recortar los fondos estructurales.

Tras estas elecciones, parece inevitable que crezca la tensión con Bruselas y los socios de la Unión Europea, dado que Ley y Justicia se verá obligado a adaptar su agenda política de acuerdo con el proceso decisorio comunitario. Para mantener la cabeza fuera del agua y conservar el apoyo de la opinión pública, el partido deberá asegurarse de que no demasiados refugiados (idealmente ninguno) encuentran refugio en Polonia. Las amenazas de islamización y otras enfermedades que los refugiados podrían introducir en el país, y la resistencia al diktat alemán, han sido los ingredientes principales de la propaganda anti-refugiados de Ley y Justicia que ha definido el discurso público en Polonia. Además, su promesa de que el carbón será la principal fuente de energía del país en las próximas décadas –planean usar fondos públicos para financiar minas económicamente inviables–, contradice de manera clara las políticas climáticas y energéticas de la UE –de las que Ley y Justicia querría salirse–, lo que sitúa a Varsovia en rumbo de colisión con Bruselas.

El concepto de democracia de Ley y Justicia siempre ha defendido el derecho de la mayoría de imponer su voluntad y la necesidad de que el gobierno pueda ejecutar acciones decisivas. Esto explica por qué el gran poder que el partido ha acumulado implica un gran éxito y una inmensa responsabilidad. En los próximos cuatro años, Ley y Justicia llevará el país en un viaje cuya dirección es paradójicamente incierta dada su histórica victoria. Queda por ver si el lenguaje de consenso utilizado por los líderes del partido en la noche electoral señala un cambio que si no es “a mejor” quizá lo sea a peor.

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