Un alud de noticias cae sobre el lector. En estas páginas se recogen algunas de ellas. Un banquero de gran historia nos entrega un análisis sobre las turbulencias del sector financiero. Emilio Ybarra ha dedicado 40 años al Banco de Bilbao. Su examen es riguroso pero no pesimista. Contiene algunos gestos de justicia. Y termina con un nombre propio. Creemos que este análisis aporta experiencia y serenidad.
El Tratado de Lisboa ha sido aprobado por los electores irlandeses. Desde 2002 a 2009 Europa ha pasado por un calvario. El optimismo, o al menos el no-pesimismo, empieza a volver. Ha habido que soportar a un pequeño país, Irlanda, de poco más de tres millones de habitantes, al que la Unión Europea ha reconocido, como a todos, el derecho de bloquear, paralizar, congelar, el futuro de 500 millones de europeos. Es un mecanismo perfectamente ineficaz con el que Europa no llegará a nada. La UE se encuentra, de añadidura, ante otro absurdo: el presidente de la República Checa, Vaclav Klaus, jefe de un Estado con 10 millones de habitantes, busca procedimientos más o menos espúreos para retrasar la aprobación del tratado. George Washington no hubiera cruzado nunca, con este método, las heladas aguas del río Delaware. Sólo una flexible e integrada UE podrá tener asiento en la mesa de las decisiones.
En los últimos 10 años, Europa ha puesto en marcha 22 misiones de paz, desde el Congo hasta los Balcanes y Afganistán. La Política Europea de Seguridad y Defensa, leemos en un informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), ha gestionado esas crisis –no siempre de forma exitosa–, con seis operaciones militares, y distintos cuerpos: diplomáticos, jueces, policías, soldados, marinos. Hay misiones de vigilancia de fronteras, otras de refuerzo de Estados de Derecho amenazados, que incluyen policías, instructores, jueces, registradores… “Escuchen a los hombre y mujeres con experiencia en nuestras misiones”, dice Javier Solana. Más que en declaraciones, la acción exterior de la UE se basa en operaciones concretas desplegadas en espacios lejanos, con gentes decididas a arriesgar sus vidas por la paz.
Europa tiene una fuerte base común, el derecho, que condiciona muchas leyes de sus 27 miembros. Europa tiene otra arma pacífica, práctica, el euro. Una moneda común no es una economía común. Pero el euro, con el Banco Central Europeo, es un mecanismo que permitirá avanzar en la unidad fiscal, financiera y económica de los europeos. Europa ha logrado, desde su origen, unas normas comerciales comunes para su relación con el mundo exterior. Y Europa, la cómoda Europa, la indolente Europa, ha batallado durísimamente por los derechos humanos en cuatro continentes. El balance que ofrece no es menor.
Con todo, hay tres grandes asuntos que condicionarán la presidencia española de la UE que comenzará en enero de 2010. España previsiblemente pondrá el foco en la aplicación y desarrollo del Tratado de Lisboa. La elección del presidente del Consejo Europeo y, en paralelo, la del Alto Representante-ministro de Asuntos Exteriores y de Seguridad, serán opciones decisivas. Este último tendrá a su cargo un nuevo y más potente servicio diplomático de la Unión y un fuerte presupuesto de ayuda a países necesitados.
El foco se dirigirá, en segundo lugar, quizá en primero, hacia Estados Unidos. Barack Obama se juega su presidencia en dos asuntos: Afganistán y la reforma sanitaria.
El gobierno español ha anunciado, en tercer lugar, su atención preferente hacia la orilla sur del Mediterráneo, especialmente hacia los vecinos del Magreb. Argelia es determinante en el plano energético. Túnez se ha convertido en una dictadura militar. El desierto libio se dispone a entrar en su particular crisis sucesoria. Pero es Marruecos el que importa más: la situación de la mujer marroquí es inaceptable. Que a una madre de familia, maltratada, le deniegue el divorcio un juez (es el caso de la señora Sanna Anmoun) da idea de la gravedad del problema.
La relación del presidente Obama con los líderes europeos es constante. EE UU necesita el apoyo real, no verbal, de la Unión. España acaba de comprometerse a aumentar el número de sus soldados en Afganistán y enviar un contingente de instructores de la Guardia Civil para formar a la policía afgana. Las bases de Al Qaeda refugiadas hoy en las cordilleras afgano-pakistaníes son un aliado cambiante de los talibanes. La impresión en los círculos fiables es que Washington y sus aliados europeos no van a ceder en Afganistán.
Jaime Ojeda y Enrique Ayala, colaboradores permanentes de estas páginas, plantean enfoques distintos de Obama. El primero describe las dificultades del presidente ante la gran confrontación legislativa a la que debe hacer frente. El segundo detalla en qué consistiría el apoyo de la UE a la nueva administración estadounidense.
Jochen Thies hace un lúcido análisis sobre el resultado de las elecciones alemanas del 27 de septiembre. Y Diego Íñiguez recorre la historia de la RDA desde la caída del muro de Berlín.
Elisabeth Kolbert explica el cambio del planeta en los últimos 100 años. Ofrecemos unas páginas de Helmut Schmidt, sus memorias, Fuera de servicio, Un balance, aparecen en español, editadas por Política Exterior en colaboración con Fride e Icaria Editorial. Y damos un texto de Chris Patten, que antes tuvo forma de lúcida conferencia, sobre las relaciones de EE UU, Europa y Turquía.
