Tres cooperantes españoles -Alicia Gámez, Roque Pascual y Albert Vilalta- de la ONG catalana Barcelona-Acció Solidària fueron secuestrados el 29 de noviembre, quizá por terroristas de la rama magrebí de Al Qaeda (AQMI) en la principal carretera del país, que une el puerto de Nuadibú con la capital, Nuakchot. El secuestro aún no ha sido reivindicado.
Al Qaeda del Magreb Islámico, ex Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), opera desde hace tres años en el norte de África.
El terrorismo, relacionado directa o indirectamente con Al Qaeda y su extensión en el Magreb, junto a las otras lacras (migración ilegal, narcotráfico, crimen organizado o tráfico de armas) han convertido el Mediterráneo en una zona estratégica, tanto para la Unión Europea, principal implicada, para Estados Unidos y para los regímenes magrebíes. La lucha antiterrorista ha pasado a ser una prioridad para los actores del Mediterráneo y del Sahel, refugio y fuente de financiación de los terroristas argelinos.
Existe además una cierta convergencia entre terrorismo y tráfico de drogas, provocada por factores internos –pobreza, paro–, y externos– nuevas rutas de la droga latinoamericana.
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