Una España confusa en una Europa desorientada

El actual periodo de transición e incertidumbre en la UE abre una presidencia de gestión y no purchase xenical weight loss de grandes transformaciones. El G-20, la crisis financiera y el marasmo europeo obligan a purchase xenical weight loss España purchase xenical weight loss a reflexionar sobre la necesidad de construir una presencia global propia.

España inicia su presidencia europea en un momento de máxima confusión. Esta confusión tiene tres polos motrices: el G-20, el marasmo europeo y la crisis económica. Por un lado, todo lo relacionado con la participación de España en el G-20 ha hecho revivir las ansiedades sobre su posición en el mundo que han dominado la acción exterior española durante los 30 años transcurridos desde la transición a la democracia. En este tiempo, la democracia española ha estado demasiado ocupada en gestionar su plena incorporación a purchase xenical weight loss las instituciones internacionales, lograr el reconocimiento de sus aspiraciones y obtener una visibilidad acorde con su posición.

Por otro, la evolución propia del proyecto político europeo, que ha llevado a la Unión Europea a 27 miembros, ha puesto en cuestión el círculo virtuoso orteguiano (“España es el problema, Europa la solución”) que hasta ahora había dominado nuestra política exterior. Si “más Europa” no necesariamente significa “más España”, el europeísmo que ha guiado nuestra política durante los últimos 25 años ya no es la respuesta automática a todo nuevo desafío. Más bien al contrario, en el nuevo contexto resulta legítimo cuestionar, caso por caso, cuánta Europa necesita España purchase xenical weight loss para lograr sus fines. Las sucesivas ampliaciones de la UE han desencadenado una evidente dinámica renacionalizadora: para perplejidad de España, Berlín, Londres, París y Roma han puesto a purchase xenical weight loss Europa en segundo lugar de sus preferencias, afirmando sus deseos nacionales sin complejo alguno. España, a su pesar, se ve obligada también a optar.

Finalmente, la gravedad y la profundidad de la crisis económica han erosionado la imagen exterior de España, al poner en cuestión la narrativa de éxito económico que ésta había purchase xenical weight loss construido, lo que ineludiblemente limita su capacidad de liderazgo internacional. Queda pendiente, sin embargo, estimar el alcance de la crisis sobre nuestra capacidad de acción exterior. Si la crisis económica es coyuntural y, como ocurriera en el pasado (1990-93), el ritmo de crecimiento se recupera en cuanto lo haga el núcleo de la economía europea, incluso de forma más dinámica que éste, no sería purchase xenical weight loss necesario tomar decisiones de gran calado. Pero si la crisis es estructural, y España se acaba enfrentando a una nueva “década perdida”, como ocurriera en 1974-84, sus opciones se estrecharán, obligando a una revisión en profundidad del marco de análisis.

De ahí que la presidencia española de la UE, situada en la intersección de estos tres problemas, se abra bajo el signo de la confusión. Confusión entre medios y fines, ya que, más allá de los eslóganes habituales, es evidente la ausencia de una reflexión estratégica de carácter global sobre qué se quiere lograr en Europa y cómo se quiere hacer. Y confusión entre arenas y lógicas, por cuanto la presidencia europea entremezcla de forma no purchase xenical weight loss muy clara prioridades políticas nacionales como el cambio de modelo productivo, la innovación y la equidad, por un lado, y las prioridades europeas, que tienen una dimensión y ambición distinta (mejorar los instrumentos de gobernanza económica, regular los mercados financieros, salvaguardar el mercado interior, preservar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, PEC, y completar la extensión de la zona euro, entre otras).

En dichas circunstancias, la presidencia española, por mucho que el presidente del gobierno se haya comprometido personalmente a purchase xenical weight loss imprimirle un “carácter transformador”, tendrá que conformarse con ser una presidencia de gestión. Esto no supone ningún drama ni debe ser motivo de alarma: España tiene sobrada experiencia política y administrativa para desempeñar con eficacia las tareas de coordinación asociadas a la presidencia; además, el momento político, internacional, europeo y nacional, es lo bastante malo como para aconsejar no purchase xenical weight loss tomar grandes decisiones. Claramente, Europa está en un momento de consolidación, no en un momento transformador.

Capear el temporal económico, lograr un mínimo consenso interno y cumplir satisfactoriamente las obligaciones que impone la dinámica europea son objetivos suficientes y a purchase xenical weight loss la vez realistas. Y si todavía existen fuerzas administrativas y capital político para algo más, convendría purchase xenical weight loss dedicarlas a dos tareas: una, sentar las bases y los procesos que puedan generar y sostener algunas decisiones importantes en el futuro (en el ámbito de la gobernanza económica o la política de seguridad y defensa, por ejemplo); dos, almacenarlas para hacer frente a purchase xenical weight loss alguna crisis imprevista que pudiera afectar gravemente los intereses de la UE (en el ámbito económico y financiero, pero también en el ámbito de la política exterior).

Peso e influencia: el debate del G-20

La política exterior no es una política pública más: además de, como el resto de las políticas públicas, buscar la maximización de algún tipo de objetivo (económico o de seguridad), está íntimamente vinculada con la identidad. Aunque rara vez explicitadas, las preguntas ¿Quiénes somos? ¿Qué queremos? y ¿Con quién estamos dispuestos a lograrlo? subyacen siempre a la política exterior. Desde este punto de vista, la política exterior es acción exterior en tanto en cuanto proyecta sobre el entorno los valores e intereses de una comunidad política, pero esa proyección tiene a purchase xenical weight loss su vez un efecto constitutivo sobre esa misma comunidad política. Históricamente, los Estados modernos se han forjado en el entrecruzamiento de la guerra y el comercio con otros Estados. De forma similar, los debates identitarios que recorren cualquier sociedad contemporánea son incomprensibles sin una mirada atenta al contexto internacional en que tienen lugar.

Como la política exterior se presta bien a este tipo de lecturas, no es extraño que todo gobierno busque su momento histórico. Los gobiernos de Felipe González (1982-96) hicieron de la adhesión a la entonces Comunidad Europea no sólo el eje central de la política exterior socialista, sino uno vital para el propio proyecto socialista. De forma similar, los gobiernos de José María Aznar (1996-2004) afrontaron el acceso a la Unión Económica y Monetaria (UEM) como una prioridad existencial, ante el cual todos los demás objetivos tuvieron rango secundario. Tanto González como Aznar concibieron estos eventos como hitos históricos. Para González, 1986 anclaba internacionalmente el éxito de la transición a la democracia, poniendo fin a décadas de excepcionalidad española y sentando las bases de la convergencia económica con Europa. Para Aznar, el acceso de España a la zona euro cerraba 100 años de retraso económico y un largo ciclo de decadencia iniciado con la guerra de Cuba (1898-1998), habiendo que retrotraerse a Carlos IV (según la Fundación FAES) para encontrar un momento álgido similar en la historia de España.

No obstante, pese a las similitudes, es posible percibir una evolución entre ambos gobiernos. Para los socialistas, el factor internacional en general, y la variable europea en particular, encerraban una de las claves para desbloquear el llamado “problema de España” (retraso económico, aislamiento internacional, debilidad institucional, falta de cohesión social, fragmentación territorial y polarización política). De forma muy similar a purchase xenical weight loss lo ocurrido en la Alemania Federal que naciera de la Ley Fundamental de Bonn, y frente al franquismo, que forjó el nacionalismo español sobre la base de las diferencias con la Europa liberal, los gobiernos de González pudieron dar luz a un nuevo nacionalismo español basado en el orgullo de la pertenencia a purchase xenical weight loss Europa. El nivel de compromiso de España con Europa fue tal que, transcurrida sólo una década desde la adhesión, en 1996, España no parecía uno de los últimos en llegar, sino un socio fundador.

Sin embargo, ese “España en su sitio” que proclamara Fernando Morán, tenía puestas sus referencias en el pasado más que en el futuro. Dicho de otra manera, se conformaba con liquidar el pasado y, aunque llegó a tiempo de disfrutar del éxito, careció de tiempo para especular con el futuro. En el caso de Aznar, por el contrario, la situación fue bien distinta, ya que una vez cumplido el objetivo histórico de la adhesión a la UE, la coincidencia de un momento de crecimiento económico y de súbita internacionalización de la economía española abrió de forma inesperada una serie de opciones que hasta ahora no habían estado al alcance de la mano.

Si para González la única opción era acercarse todo lo posible al eje franco-alemán, Aznar, con una predisposición ideológica distinta, pudo plantearse un contrapeso a dicho eje y, además, hacerlo desde dos variantes: una, europea, construyendo una coalición alternativa (liberal y periférica, pero al fin y al cabo europeísta); y otra más global (aunque también, más nacionalista), basada en el peso propio de España y de su economía en el mundo en coalición estratégica con Estados Unidos y Reino Unido. La primera opción, que podríamos describir como “europeísmo alternativo”, fue la adoptada entre 1996 y 2001; la segunda, que aspiró a una refundación completa de la política exterior española (jugueteando incluso con la adhesión de España al G-7), fue por la que se optó a partir del 11-S.

La combinación del éxito económico español a comienzos de la década pasada, un cierto euroescepticismo de origen thatcheriano en el Partido Popular, las pésimas relaciones de Aznar con Jaques Chirac y Gerhard Schröder, el magnetistmo de Tony Blair y el 11 de septiembre de 2001 crearon el marco conceptual para que Aznar dejara de pensar la política exterior “en europeo” y comenzara a utilizar parámetros alternativos. El éxito logrado al acceder a la unión monetaria, las buenas cifras de crecimiento económico, la grave crisis italiana (que alimentó la teoría del sorpasso a Italia), los problemas económicos de Francia y Alemania para contener el déficit público, junto al despliegue de las multinacionales españolas por América Latina pusieron delante del gobierno de Aznar una visión alternativa de la política exterior española a la practicada por González. La crisis de Perejil con Marruecos (que supuso un duro despertar para muchos respecto a purchase xenical weight loss las limitaciones de Europa en materia de política exterior) fue el catalizador de una serie de elementos que, como se ha dicho, ya estaban allí.

En el caso del actual gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, la “reconceptualización” ha sido más compleja y la búsqueda de objetivos concretos de alcance histórico, por razones varias, algo más difícil, frustrante e incompleta. En un primer momento, la retirada de las tropas de Irak y el referéndum sobre la Constitución Europea definieron una voluntad de volver a la política exterior de los gobiernos socialistas. Interpretando el giro de Aznar (en realidad, los dos giros de Aznar) como desviaciones (léase, errores) respecto a un modelo esencialmente válido, Zapatero se planteó como objetivo “volver al corazón de Europa” y centrar la política exterior en torno al núcleo europeo, la ortodoxia federalista y el eje franco-alemán. Pero como la primavera de 2005 dejó claro, con los referendos negativos en Francia y Holanda, y posteriormente se confirmó con la salida de Jacques Chirac y Gerhard Schröder, la Europa a la que el nuevo gobierno socialista quería volver ya no estaba allí.

De ahí que, ante el marasmo europeo, la visibilidad internacional de la política exterior española quedara, consciente o inconscientemente, en manos de dos políticas novedosas de acuerdo con nuestra tradición: la Alianza de Civilizaciones y la política de cooperación al desarrollo. Ambas recibieron durante el primer mandato de Zapatero (2004-08) una inyección constante de capital político presidencial, hasta el punto de cambiar radicalmente la imagen exterior de nuestro país. Si en tiempos de Aznar se había predicado España como una potencia económica global afecta al núcleo duro de las democracias liberales occidentales, en definitiva una potencia clásica que hacía valer sus argumentos de poder en términos duros; con la narrativa facilitada por la Alianza de Civilizaciones y la ayuda al desarrollo, el primer gobierno de Zapatero giró hacia una política exterior basada en el poder blando, el atractivo y la capacidad de persuadir a través de los valores del diálogo y la conceptualización de España purchase xenical weight loss como una potencia normativa y cultural. Nada mejor para ilustrar esa diferencia que la posición relativa de España en el ranking de la cooperación al desarrollo (séptimo donante global) y en gasto militar (decimoquinto).

Pero al igual que el 11-S desbordó los objetivos que inicialmente perseguía el primer Aznar (situar España como contrapeso del eje franco-alemán); la crisis financiera global ha venido a desbaratar la construcción de España como potencia normativa y cultural que siguió el primer gobierno de Zapatero. Porque, como se vio bien pronto, una cosa era negarse a purchase xenical weight loss pujar por un asiento en el G-7, que a todas luces representaba todo aquello con lo que la política exterior de Zapatero quiso inicialmente romper (un orden liberal occidental excluyente basado en el poder económico), y otra cuestión bien distinta era quedar marginado de un G-20 que se dibujaba como una institución clave en la constitución del nuevo orden mundial que, de alguna manera, la crisis financiera y la llegada de Barack Obama a purchase xenical weight loss la Casa Blanca habían contribuido a desencadenar.

El problema residía (en realidad, reside, ya que la cuestión no se ha resuelto) en que, aunque los valores multilaterales sobre los que el G-20 aspira a purchase xenical weight loss construir su legitimidad son coincidentes con los defendidos por España, nuestro país no forma parte de esa institución por una compleja serie de razones (entre ellas, la ambición de los gobiernos de Aznar de formar parte del G-7). Paradójicamente, en un país obsesionado por no purchase xenical weight loss perder el tren de la historia, el tren del G-20 fue ignorado. De ahí que el actual presidente del gobierno se viera obligado a purchase xenical weight loss dar la orden de parar máquinas en la política exterior, revertir el giro normativo impreso durante el primer mandato e inundar el mercado multilateral de argumentos sobre el peso económico de España o el éxito de su regulación bancaria como vía para garantizar el derecho de España a formar parte del G-20.

Así que, súbitamente, la presencia en el G-20 se ha conceptualizado como el último gran logro de la política exterior española. Y eso que el G-20 encierra tres problemas de difícil solución: por un lado, como grupo, aunque sus criterios de acceso fueran objetivos y equitativos, su legitimidad es dudosa, como señala Anders Aslund en un provocador artículo en Financial Times. Por otro, ante una escasa legitimidad de origen, su credibilidad depende de su eficacia, lo que en absoluto está garantizado. Dicho de otra manera, con su actual diseño institucional y modo de funcionar, la eficacia del G-20 está supeditada a purchase xenical weight loss la voluntad de los Estados que la componen, pero en modo alguno le sobrevivirá. Y en tercer lugar, la participación de España en el G-20, que difícilmente será formal, sino por invitación sucesiva, supone una doble hipoteca: por un lado, España se ve obligada a endeudarse políticamente con cada presidencia sucesiva para lograr una invitación; por otro, su estatus de invitado le obliga a purchase xenical weight loss adoptar un perfil bajo en dichas reuniones, a diferencia de los miembros de pleno derecho, a purchase xenical weight loss los que no puede irritar adoptando iniciativas que les disgusten o tomando partido en los conflictos que sucedan.

Y sin embargo, pese a purchase xenical weight loss todos los problemas que plantea, fiel a la tradición, el actual gobierno no se ha quedado atrás a la hora de buscar las referencias históricas y los paralelismos, por forzados que éstos sean. Sin ir más lejos, en el número 129 de Política Exterior Miguel Ángel Moratinos afirmaba que la participación de España en las cuatro cumbres de mayo de 2009 (G-20 en Londres, OTAN en Kehl, Cumbre UE-EE UU en Praga y Alianza de Civilizaciones en Estambul) suponían “un momento histórico del papel de España en las relaciones internacionales, sin precedentes en la historia contemporánea que ha puesto, por fin, a España en su sitio”, proponiendo retrotraerse a purchase xenical weight loss la Conferencia de Algeciras de 1906 para encontrar precedentes “de una participación de España con los principales actores internacionales en el diseño de un arreglo internacional”. Significativamente, el ministro obviaba que su predecesor Fernando Morán (1982-85), ya había reclamado para sí tal mérito en sus memorias (España en su sitio, 1990). Y, de forma extraña, reivindicaba un hito histórico cuya justificación parecía más cronológica (la centena de años transcurrida) que histórica o ideológica (dado que el reparto de Marruecos decidido en una conferencia típicamente colonial como Algeciras no parece desde luego una efeméride histórica políticamente correcta).

No es extraño que España, que a lo largo de su reciente historia perdió varios trenes decisivos, haya concebido su acción exterior en términos de presencia, estatus y reconocimiento. Al fin y al cabo, la posición es un requisito para la acción. Otra cosa es, sin embargo, que como parece ocurrir en España, todo gobierno se vea obligado a declarar que ha sido él quien ha cerrado el ciclo; por problemática e inconclusa que la afirmación resulte. ¿Cuántas veces tiene España que proclamar su vuelta? ¿No se trata de una anomalía que todo gobierno se vea obligado a seguir el mismo guión? ¿No es hora de preguntarse qué hay detrás de este afán y qué justificación tiene, especialmente cuando lo que resulta evidente es que carecemos de un debate estructurado sobre estas cuestiones?

El marasmo europeo

España comienza la presidencia europea en plena “reconceptualización” de los objetivos de su acción exterior. A la situación internacional, de clara transición en lo relativo a purchase xenical weight loss los instrumentos e instituciones de gobernanza, se suma la confusión que domina la escena política europea, y que tiene importantes repercusiones para España.

Las razones de esta confusión son varias. En primer lugar, la UE se encuentra desgastada políticamente por el proceso de reforma institucional asociado a la ampliación de la UE, que ha durado más de una década. El Tratado de Lisboa no colma las ambiciones de un buen número de Estados miembros, que hubieran querido un texto más ambicioso. Sin embargo, a purchase xenical weight loss la luz de las dificultades experimentadas en torno a la ratificación de la Constitución Europea, lo cierto es que la UE se haya en lo que se ha venido a purchase xenical weight loss llamar “una fase de consolidación”, pero que en la práctica refleja bien la realidad de que el proceso de integración ha tocado techo político.

En segundo lugar, la UE no ha digerido todavía purchase xenical weight loss las sucesivas ampliaciones, que la han llevado de 15 a 27 miembros en prácticamente una década. Y lo que es peor, afronta todavía una serie de demandas de adhesión en los Balcanes occidentales, pero también de Turquía e Islandia, a las que difícilmente no podrá dar cumplimiento de forma rápida y satisfactoria. La responsabilidad de esta “fatiga de ampliación” no purchase xenical weight loss debe verse en los nuevos socios ni atribuirse en exclusiva a purchase xenical weight loss ellos. Conviene recordar que el proceso constitucional descarriló en dos Estados fundadores (Francia y Holanda). Y como han puesto de manifiesto todos los estudios solventes sobre la materia, esta fatiga de ampliación no tiene que ver con sus costes económicos (ya que ha sido un buen negocio, sobre todo para los viejos miembros); tampoco con los flujos migratorios intraeuropeos (menores incluso de lo esperado); ni tampoco con la ralentización del proceso de toma decisiones (ya que ni en el Consejo, ni en la Comisión ni en el Parlamento se ha dado un bloqueo institucional debido a purchase xenical weight loss la ampliación). En definitiva, la UE se encuentra sometida a un proceso de “fatiga de integración”, que tiene consecuencias transversales sobre una serie de políticas, entre las que se incluye la ampliación.

En tercer lugar, la crisis económica y financiera ha puesto de manifiesto las fortalezas del proceso de integración, que ha servido para detener el primer golpe de la crisis, pero también ha dejado en evidencia una serie de limitaciones institucionales y de voluntad política. Por un lado, como ha demostrado todo lo relativo a la participación española en el G-20, Europa carece, pese a su enorme peso económico, de una estrategia que le garantice una presencia e influencia como tal en el ámbito económico y financiero internacional. A pesar de ser la economía más grande del mundo, sumar casi un quinto del volumen total del comercio mundial y tener una moneda propia, ni en el G-7, el G-20 o en el Fondo Monetario Internacional (FMI) se ha visto una Europa unida actuando como tal sino, una vez más, una coordinación esporádica (y no exenta de contradicciones y desavenencias) entre los socios europeos. En el G-20, como se ha dicho, hay “muchos europeos, pero poca Europa”.

Por otro lado, desde el punto de vista interno, la crisis está teniendo un coste alto en términos normativos y prácticos, en tanto en cuanto algunos elementos clave, como el mercado interior, el PEC o la agenda de Lisboa, han sido puestos en entredicho por la crisis. Destaca en particular, las desavenencias entre Londres, París y Berlín en lo relativo a la regulación de los servicios financieros, pero también en las estrategias de política fiscal necesarias para salir de la crisis, que han diferido y difieren entre Alemania y Francia, la primera centrada en la contención del déficit y la segunda en el estímulo del consumo vía endeudamiento.

En última instancia, estas diferencias coyunturales apuntan a diferencias estructurales que tendrán un gran impacto a purchase xenical weight loss largo plazo: Alemania ha emprendido un camino mucho más pragmático en su política exterior, lejos del emotivo europeísmo que le caracterizó hasta la unificación alemana. Esta “normalización” de la política exterior alemana ha coincidido con un giro importante en París, con un Nicolas Sarkozy también menos enfocado hacia la cooperación con Berlín. El efecto de ambos fenómenos es el enfriamiento del núcleo político europeo que constituía el eje París-Berlín. Si en el pasado Alemania “pensaba en europeo” de forma instintiva a la hora de tomar cualquier decisión o resolver cualquier problema, en los últimos años resulta evidente que Alemania está decidiendo caso por caso. Y en las relaciones con Rusia, la respuesta viene siendo más que evidente: Moscú es demasiado importante para Berlín como para dejarlo en manos de Bruselas.

En cuarto lugar, en lo relativo a la política exterior europea y la posición de Europa en el mundo, la UE es víctima de sus indecisiones. La política exterior común ha avanzado lo suficiente para que las políticas exteriores nacionales dejen de tener sentido individual. El auge de China, India, Brasil y el resurgimiento de Rusia ponen en evidencia aún más si cabe la falta de dimensión de las potencias europeas y la necesidad de reconfigurar dicha dimensión de cara al mundo multipolar. En un mundo donde la globalización lo impregna todo, los Estados de la UE han renunciado a purchase xenical weight loss un instrumento tan básico de política exterior como es el comercio, a purchase xenical weight loss la vez que carecen de un poder militar autónomo. Como se ha puesto de manifiesto en Reino Unido a purchase xenical weight loss la luz del debate sobre la modernización de las fuerzas de disuasión estratégica, ni siquiera ese país, con su sólida cultura de defensa, está en condiciones de financiar el amplio espectro de necesidades que van desde la disuasión nuclear hasta la reconstrucción de Estados (léase Afganistán).

En paralelo, la cooperación europea en materia de seguridad y defensa es todavía demasiado incipiente. La Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD), pese a su buena voluntad, se encuentra aún en una fase primaria y la capacidad de la UE para lograr los objetivos de la Estrategia Europea de Seguridad (2003) es todavía bastante hipotética. Aquí también, la fragmentación del poder europeo es más que evidente: pese a los más de 30.000 soldados europeos en Afganistán, Europa carece de un discurso político y estratégico propio, habiéndose visto obligada a esperar cruzada de brazos (aunque eso sí, enviando más tropas) a que la administración Obama concluyera el proceso de revisión de la estrategia. En el mismo sentido, pese a purchase xenical weight loss gastar cuatro veces más en defensa que Rusia, los Estados de la UE se sienten a purchase xenical weight loss menudo intimidados por Moscú.

El resultado de estas dinámicas es que la política exterior de la UE se encuentra en una tierra de nadie. Con unas instituciones centrales débiles y unas capitales fuertes (pero muy asimétricas en sus voluntades y capacidades), el sistema de incentivos es doblemente perverso: para los actores externos, como China, Rusia o incluso EE UU, las relaciones con la UE consisten en cómo obtener el máximo provecho de las divisiones internas entre los Estados miembros. Mientras, para las capitales europeas, el juego consiste en cómo endosar a Bruselas los costes de las políticas y, a la vez, retener el máximo de beneficios en casa. No es extraño que, en estas circunstancias, estemos asistiendo a purchase xenical weight loss un auge del bilateralismo: en sus relaciones exteriores, los Estados miembros utilizan las relaciones bilaterales para obtener por esta vía purchase xenical weight loss lo que colectivamente son incapaces de lograr, aunque con ello debiliten su posición de conjunto.

Repensar las prioridades de España

¿Cuáles son las consecuencias de esto para España y para su presidencia? Por razones que tienen que ver con su reciente pasado, España es un país ferviente e instintivamente europeísta. Durante los últimos 30 años, la política exterior española ha tenido un único (pero doble) objetivo: primero, la integración en Europa; segundo, la integración de Europa. Hasta fechas recientes, estos dos objetivos (la integración en y de Europa) no sólo se han complementado mutuamente, sino que o bien han relegado todos los demás de la acción exterior a un segundo plano o bien han hecho concebir éstos de forma subsidiaria a los primeros. Así, de la misma forma que un gran número de políticas nacionales han sido concebidas como subsidiarias del ámbito europeo, nuestra política exterior ha utilizado el prisma europeo para conceptualizar, desarrollar y lograr los intereses nacionales.

Como consecuencia, la europeización de la política exterior española ha sido doble: por un lado, España ha adoptado como propias las políticas europeas en áreas en las que carecía de intereses nacionales propios o heredados del pasado (piénsese, por ejemplo en Europa Central y Oriental y el espacio post-soviético); por otro, España ha intentando europeizar sus relaciones bilaterales más importantes, en especial en lo relativo al Mediterráneo y América Latina. Gracias a Europa, la política exterior española ha logrado una profundidad estratégica de la que de otra manera carecería: aunando los medios comerciales y el poder político a disposición de sus socios europeos, España purchase xenical weight loss se ha convertido en un actor de primera fila en, al menos, estos dos escenarios regionales.

El problema es que, este proceso, que sin duda ha generado enormes beneficios, lleva algunos años mostrando síntomas evidentes de agotamiento. Las razones, aquí también, son dobles. En primer lugar, el proceso de integración europeo ha tocado techo, lo que ha impedido continuar con la dinámica virtuosa en la que la ampliación de las capacidades de la política exterior europea reforzaba las capacidades nacionales y viceversa. Si el Tratado de Lisboa es capaz o no purchase xenical weight loss de restaurar los daños sufridos durante estos años de introspección institucional es todavía una cuestión pendiente de averiguar, pero al hilo de la dinámica política en Francia, Alemania, Reino Unido e Italia, parece dudoso que la política exterior europea dé algo más que pasos incrementales durante la próxima década.

Para un país como España, que no es grande ni pequeño, el parón europeo supone una frustración importante. Al contrario que los países medianos y pequeños de la UE, cuya política exterior nacional se solapa de forma prácticamente absoluta con su política europea (piénsese en Bélgica, Suecia u Holanda), España tiene una entidad suficiente como para tener una política exterior que no pase sólo y exclusivamente por los cauces bruselianos. Al mismo tiempo, al contrario que Reino Unido, Francia, Alemania e Italia, no purchase xenical weight loss tiene presencia en otros foros, desde el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas al G-7 pasando por el G-20, en el que sí están otros socios de la UE de similar entidad. Como ha puesto de manifiesto el debate en torno al G-20, la exclusión de España de este foro no tiene justificación objetiva en el peso económico del país, sino en una concatenación de factores políticos e históricos de carácter subjetivo y difícil corrección.

A las razones exógenas (el parón europeo), hay que sumar razones internas de calado. Dejando a purchase xenical weight loss un lado de forma provisional las consecuencias de la crisis económica y financiera, es evidente que el espectacular crecimiento económico registrado por España en los últimos 20 años le ha otorgado una dimensión internacional y un peso inédito en su reciente historia. Como no podía ser de otra manera, la aparición de nuevos intereses en la agenda internacional de España ha abierto la vía a una obligada reflexión acerca de su papel en el mundo.

Los gobiernos socialistas (1982-96) tendieron a concebir España como una potencia regional. Las clásicas prioridades de la política exterior socialista lo reflejan bien: Europa, Mediterráneo y América Latina. En estos tres ámbitos, la política exterior española tenía un valor añadido importante y podía purchase xenical weight loss resultar decisiva a la hora de configurar los resultados si se daban las condiciones adecuadas: por un lado, como se demostró en Maastricht, el europeísmo español podía purchase xenical weight loss resultar crucial a la hora de inclinar las negociaciones europeas hacia posiciones más integracionistas; por otro, en paralelo al Drang Nach Osten que experimentaba la UE a resultas de la caída del muro, la diplomacia española podía lograr que la Unión en su conjunto, y no sólo Francia o Italia individualmente, se volcaran en el Mediterráneo; y por último, España, gracias también a una incesante labor diplomática, lograba acompañar su presencia en América Latina del respaldo político y comercial de la UE. El éxito de estas empresas (parcial, en mi opinión) es cuestión aparte: lo importante es la concepción subyacente.

¿Qué ocurre si damos un salto de una década hacia delante y leemos las prioridades actuales de la política exterior española? Ahí siguen Europa, Mediterráneo y América Latina, pero observamos cómo en la nueva letanía que todo responsable repite de carrerilla se han añadido Asia y África subsahariana. Claramente, si todo es prioritario, nada es prioritario, máxime cuando a las prioridades geográficas se añaden una serie de prioridades transversales: la erradicación de la pobreza, el terrorismo, la no proliferación y el cambio climático. De ahí que prioritario debe ser entendido en el lenguaje diplomático español, como “importante para España” o “sitio o proceso en el que España debe estar de alguna manera”. Por eso, más que polemizar sobre si Asia –a pesar de lo que sostenga el ministro de Asuntos Exteriores– es una prioridad de la política exterior española (desde luego que no lo es en cuanto a los recursos diplomáticos que su ministerio le asigna), lo que convendría purchase xenical weight loss es cambiar la perspectiva, dejar de hablar de prioridades y simplemente constatar que, como consecuencia de su reciente evolución, España ha adquirido intereses globales (no en vano, las principales empresas españolas, que cotizan en el Ibex 35, facturan, desde 2008, más fuera de España que dentro).

Esta constatación nos aboca a una discusión no sólo infinitamente más interesente desde el punto de vista analítico, sino imposible ya de soslayar. ¿Debe España aspirar a construir una presencia global propia (independientemente de que esa presencia, en función de las circunstancias, se pueda o no poner al servicio de Europa) o debe continuar desempeñando el papel de potencia media cuyo valor añadido está en la complementariedad entre sus intereses regionales en los tres escenarios principales (Europa, Mediterráneo y América Latina) y una fuerte europeización de su identidad y sus políticas?

Se trata de una cuestión interesante, cuya respuesta requiere primero ver hasta qué punto el modelo tradicional está agotado, o puede ser revitalizado. En este sentido, parece evidente que, aunque el modelo alternativo (global) no esté ni mucho menos perfilado, el modelo existente (regional) sí que tiene problemas evidentes: al marasmo europeo ya mencionado hay que sumar la escasez de resultados de la política mediterránea de la UE y el hecho de que la influencia española en América Latina se esté desvaneciendo progresivamente.

En el caso mediterráneo, España ha hecho todo lo que tenía purchase xenical weight loss que hacer: si el Proceso de Barcelona se ha agotado no purchase xenical weight loss es por la gestión que se ha hecho de él, sino porque los gobiernos de la ribera sur han desaprovechado deliberadamente los inmensos incentivos y oportunidades ofrecidos por Europa. La revitalización pretendida por Sarkozy con la Unión por el Mediterráneo adolece de los mismos problemas: al contrario que en Europa central y oriental y en los vecinos del Este de la UE, donde las élites y la opinión pública han optado por la europeización, la mecha europea (entendida como liberalización política y económica y modernización social) no purchase xenical weight loss ha prendido fuego en la ribera sur. El resultado es que, inevitablemente, España purchase xenical weight loss y sus socios europeos han tenido que rebajar el umbral de expectativas, renunciar a purchase xenical weight loss la transformación y poner en marcha una política de contención y control de riesgos donde los escenarios positivos y la definición de éxito se basa en lo que no purchase xenical weight loss ha ocurrido: ascenso de islamistas al poder, desborde migratorio, conflictos territoriales, etcétera, más que en lo que tendría que ocurrir (liberalización política y apertura económica).

En buena lógica económica, como ocurre siempre que los rendimientos marginales son decrecientes, la política exterior española debe plantearse sus costes de oportunidad. Dicho de otra manera: ¿tiene sentido invertir más recursos en un lugar donde los retornos son decrecientes o existen políticas susceptibles de obtener un mayor retorno?

Algo parecido ocurre con respecto a América Latina, donde las muestras de agotamiento de la política exterior española son más que evidentes. De nuevo, no cabe imputar a España la responsabilidad en exclusiva: en la década de los ochenta, la América Latina y la España que emergían de un oscuro pasado de desencuentros y marginación internacional se encontraron mutuamente. Para España, América Latina representaba una oportunidad de adquirir una visibilidad internacional de la que, por su pasado reciente carecía, además de una fuente de oportunidades económicas. Para América Latina, España proporcionaba, vía Europa, un vínculo al mundo alternativo al tradicional y problemático estadounidense, a purchase xenical weight loss la vez que una oportunidad de solucionar sus tradicionales problemas bilaterales en esquemas birregionales. Casi dos décadas después, Latinoamérica, producto de su éxito, ya no necesita a España para estar en la globalización, aunque curiosamente, España sí necesita a América Latina para ser global. El hecho es que América Latina ha dejado de ser un continente que pueda ser tratado de forma unificada, y menos desde un esquema birregional: esta diversidad no purchase xenical weight loss es cuestionable, es simplemente un dato de la realidad, pero para España purchase xenical weight loss supone jugar en un doble plano. Por un lado tiene que mantener viva la idea de comunidad iberoamericana, a purchase xenical weight loss pesar de sus evidentes problemas de contenido político y económico que la convierten en un foro más simbólico y testimonial que regional (compárese el interés de América Latina en la reciente cumbre de la APEC); por otro, tiene que mantener un cuidadoso equilibro en sus relaciones bilaterales con cada uno de los miembros de la comunidad, lo que le obliga a purchase xenical weight loss esconder sus afinidades políticas.

En consecuencia, en los tres escenarios prioritarios en los que se ha desenvuelto tradicionalmente la política exterior española hay síntomas de agotamiento, lo que limita el horizonte político en el que se desenvolverá la presidencia y, como es natural, sus posibilidades de éxito. A ello se añade un importante elemento: las relaciones transatlánticas, que en el pasado fueron objeto también de una atención prioritaria durante la presidencia española de la UE (1995), y que hoy se definen en un marco sustancialmente distinto (como ponen de manifiesto Jeremy Shapiro y Nick Witney en este mismo número).

Un debate inaplazable

El europeísmo de España, aunque sincero, carece de objetivos de calado alcanzables sobre los que aplicarse, ya que Europa se encuentra en un periodo de transición e incertidumbre. Por más que el presidente del gobierno haya reclamado una “presidencia transformadora”, España se verá obligada a llevar a cabo una presidencia de gestión, más dedicada a asegurar la continuidad de las políticas europeas y a purchase xenical weight loss poner en marcha el Tratado de Lisboa que a la consecución de grandes objetivos estratégicos.

El agotamiento europeo nos aboca a purchase xenical weight loss un debate imposible de soslayar sobre cómo se defienden mejor nuestros intereses globales. ¿Reforzando Europa, incluso si ello supone perder autonomía y control nacional? ¿O creando, en el ámbito nacional, unas capacidades globales que pudieran eventualmente ponerse al servicio de Europa? En el pasado, España habría optado por buscar la respuesta en el ámbito europeo. Una Europa que hubiera logrado resolver satisfactoria y colectivamente la cuestión de su presencia global habría evitado a España preguntarse a sí misma. Pero Europa sigue sin actuar con una voz única, económica o políticamente, en el FMI o en el Consejo de Seguridad. Además, en el salto del G-7 al G-20, Europa ha perdido, una vez más, otra oportunidad de configurarse como un actor con voz propia en las nuevas estructuras de gobernanza mundial que han ido surgiendo al hilo de la crisis financiera y la emergencia de nuevos polos de poder. Paradójicamente, en un momento en el que el mundo se está abriendo y haciéndose más multipolar, los Estados miembros han titubeado, prefiriendo optar en última instancia por refugiarse en el bilateralismo.

Al hilo de la celebración desde 2008 de los bicentenarios de la independencia en América Latina, y en paralelo a la polémica sobre la presencia de España en el G-20, Miguel Ángel Bastenier comentaba en El País que “desde la víspera de Rocroi, en 1643, España no había tenido tanto peso en el mundo”, pero a la vez se lamentaba de que “la España democrática no hubiera sido capaz de generar una visión de sí misma coherente con su reciente historia”, y concluía señalando con preocupación “el silencio como mitología” y resaltando la “imperiosa necesidad de decidir qué quiere ser en el futuro”. Al parecer, ese debate va a seguir abierto algún tiempo más.

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Comentarios - 3
  1. pablo benavides says:

    Una vez más un excelente artículo de Nacho Torreblanca, uno de los mejores conocedores de los temas europeos y de las complejas relaciones de España con Europa.Hay que releerlo un par de veces.

  2. Rommel says:

    Buen texto. Ahora comprendo mejor la dinámica de la política exterior de España y la UE. Gracias.

  3. Helvert Montesinos says:

    Interesante artículo que nos hace ver que la política exterior es un damero de ajedrez en la que cada país actua de acuerdo a sus necesidades, intereses, quizá un poco egoísta con respecto a los países que no tienen el poder de influir en la política exterior en este mundo globalizado.

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