La información gana. Gobiernos, prensa y WikiLeaks
Editorial - Política Exterior 139
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Los efectos positivos han sido inmediatos. Los negativos tardarán en manifestarse. Las filtraciones de WikiLeaks –desde los papeles de Afganistán e Irak hasta los cables del departamento de Estado– confirman que la información internacional no es solo un asunto de expertos, inaccesible al gran público. Y este es el primer efecto positivo. Si en Irán una autoridad militar insulta y abofetea al presidente Ahmadineyad, ¿puede ocultarse a los lectores? ¿Son acaso menores de edad?

 

Las opciones de política exterior de un país son importantes, como lo son las respuestas de los gobiernos a las crisis sobrevenidas. Para entenderlas, es preciso conocer las grandes líneas del contexto internacional y la posición del propio país en el mundo a través de sus relaciones bilaterales y multilaterales, sus empresas, su política de defensa y la cooperación al desarrollo, por citar algunos ámbitos.

 

El segundo efecto positivo se deriva del anterior, y es el reconocimiento de la necesidad del análisis. Una filtración es una instantánea imposible de entender sin un trabajo analítico. Y en ese frente, la diplomacia de Estados Unidos, que WikiLeaks trataba de asediar, se ha visto confirmada como una gran diplomacia, integrada casi siempre por buenos profesionales, capaces, al servicio de su país.

 

Varios de los artículos de este número de Política Exterior han sido actualizados justo antes de enviar la revista a la imprenta. Como dice Timothy Garton Ash, los cables son “un festín” para los historiadores y los analistas, y varios autores que escriben en estas páginas no han desaprovechado la ocasión para mencionar los cables. Ninguno ha tenido que corregir los datos o modificar las tesis de su artículo. La publicación de los cables les ha servido para respaldar elementos de un análisis fruto de años de investigación y del mantenimiento de una red de fuentes de información de calidad.

 

El archivo de Política Exterior contiene artículos sobre la inseguridad de las instalaciones nucleares de Pakistán, la desconfianza de gobiernos aliados sobre la misión en Afganistán, las prácticas contrarias a la Convención de Ginebra por parte de EE UU durante la guerra de Irak, la hipocresía de los europeos con los vuelos de la CIA, el poder económico de las fuerzas armadas en Cuba y un largo etcétera. La lectura de la prensa internacional, pero también local, proporciona infinitas pistas a seguir. Es lo que hacen los analistas y, por supuesto, los buenos corresponsales.
Y este es otro de los efectos positivos de WikiLeaks: reivindica la labor del corresponsal, en un momento de cierre de medios, recortes masivos en las redacciones, de un nuevo periodismo con tecnologías que producen la impresión de estar sobre el terreno y acceder a fuentes hasta ahora secretas. Para  explicar la verdadera dimensión de los cables del departamento de Estado, los periódicos han echado mano de sus corresponsales, los más capacitados para poner en el marco adecuado la información revelada. Ellos mismos habían elaborado reportajes y crónicas en el pasado con mucha de la información contenida en los cables, que muestran el papel insustituible de las relaciones humanas , y eso no lo va a cambiar la tecnología.

 

La filtración del departamento de Estado también confirma la necesidad de la diplomacia. Sobre todo, muestra el valor de la política y su complejidad en sistemas democráticos. No se trata de afirmar cínicamente “así es la política”, tras leer, por ejemplo, las presiones de Washington para que las empresas españolas suspendan sus inversiones en Irán. Pero resulta demagógico afirmar que los gobiernos de Occidente han estado engañando a sus ciudadanos. Un engaño masivo exigiría la concurrencia de varios actores, entre ellos los medios.

 

Algunos adelantan que los efectos tanto en la diplomacia como en la política serán negativos, dificultando las relaciones de confianza y creando canales verdaderamente opacos. Con seguridad veremos pronto multitud de reflexiones y tesis al respecto.

 

WikiLeaks incorpora elementos a la reflexión sobre la función del periodismo y el papel de la prensa, en medio de la transformación radical del sector. Este podría ser el efecto más positivo a largo plazo. La cuestión es si se están haciendo las preguntas adecuadas en relación a la tecnología y la libertad de información.

 

En el campo de lo negativo, las propuestas para crear un “gobierno de Internet” –si esto es posible–  suenan a coartadas a la libertad de información. El bloqueo de la web de WikiLeaks y de algunos de sus canales de ingreso de donaciones es preocupante. Por todo el mundo, miles de internautas han creado web espejo desde las que acceder al portal de Julian Assange. ¿Será este movimiento posmoderno el que imponga las reglas?



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