De #Egipto a #Fukushima: revolución en los medios
Sree Sreenivasan y Eliza Cooper - Política Exterior 141
Decano y profesor de Medios Digitales en la facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia (Nueva York), y consultora independiente sobre redes sociales, respectivamente.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - -

¿Están cambiando las redes sociales y las tecnologías de la información el periodismo? Al Jazeera, BBC o CNN muestran de qué manera los medios tradicionales se han transformado.

 

Las protestas en Túnez, Egipto, Bahréin, Yemen, Siria y otros países árabes, así como el terremoto de Japón y sus consecuencias han hecho surgir algunas preguntas sobre las redes sociales y la interacción en Internet. ¿Cómo se han hecho Facebook, Twitter y YouTube tan cruciales para la comprensión de acontecimientos en diferentes lugares del mundo? Cuando cadenas de televisión como BBC, CNN y Al Jazeera leen mensajes de Twitter sobre asuntos de actualidad durante la emisión, ¿cómo saben que sus fuentes son fiables? ¿Están cambiando las redes sociales el periodismo? ¿Para mejor?

 

Todavía es pronto para responder estas preguntas, pero una cosa parece clara: tras los acontecimientos de los últimos meses, el mundo del periodismo –profesional y ciudadano– nunca será el mismo.

 

Las redes sociales llevan años funcionando y para muchos se ha convertido en un acto reflejo recurrir a ellas ante un hecho de interés periodístico. Aunque no todos pensarían en utilizar su teléfono inteligente para grabar un terremoto mientras está sucediendo, que algunos lo hayan hecho ha significado que el mundo se haga una mejor idea del alcance del daño.

 

En una conferencia en 2009 titulada “How social media can make history”, Clay Shirky, experto estadounidense en las repercusiones económicas y sociales de las tecnologías de Internet, explicaba que, con Internet, ha surgido un tipo de medio de comunicación mejor coordinado, menos profesional y de carácter local. Los consumidores ya no están separados de los productores: ellos son también productores. Conversan con otros ciudadanos y con periodistas de todo el mundo; están respondiendo.

 

Al igual que otras revoluciones del pasado, la que está sucediendo en Oriente Próximo se debe a personas valientes que han tomado posiciones, personas dispuestas a hacer frente a las balas, a los tanques y a los dictadores. Personas capaces de morir por aquello en lo que creen. Como señalaba Malcolm Gladwell en un artículo en The New Yorker en octubre de 2010 (“Small change: why the revolution will not be tweeted”), así sucedió en la revolución estadounidense, la francesa, en la lucha por la independencia en India o en el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. Definir el movimiento de protesta árabe como una revolución de las redes sociales o una revolución de Facebook o Twitter es incorrecto. Estas herramientas han ayudado, pero en el centro de la cuestión están unos seres humanos que se rebelan por la libertad. Esto no quiere decir, sin embargo, que Gladwell tuviese razón cuando, con su característico estilo (somos grandes admiradores), afirmaba que las redes sociales no pueden provocar cambios sociales. Merece la pena leer el artículo en la actualidad, ya que demuestra lo equivocado que estaba el autor acerca del poder de las redes sociales.

 

Apenas ahora se empieza a comprobar el modo en que pueden usarse (para bien y para mal), por lo que no tiene sentido que expertos como él los declaren inútiles. Por cierto, algunos de los que más dudan respecto a las redes sociales –como Gladwell– no tienen cuentas de Twitter. Desde luego, no hay que ser director de cine para reseñar películas, pero es necesario ver al menos algunas. Durante las revueltas en Egipto, el periodista de ProPublica Scott Klein (@Kleinmatic) publicó el siguiente mensaje en Twitter: “Egipto cortó la conexión a Internet para impedir que Malcolm Gladwell se equivocase”. Aunque algunos no entiendan lo que Internet es capaz de hacer, parece que los déspotas egipcios sí lo entendían.

 

Los ciudadanos que hoy utilizan las redes sociales para animar a otros a protestar no son superhéroes, sino gente corriente familiarizada con Twitter y Facebook y consciente de las posibilidades de su uso. Estos ciudadanos tienen conciencia mundial (gracias en parte a Internet), están comprometidos y proporcionan un megáfono gigantesco a sus compatriotas que luchan. En Egipto, donde la mayoría de los menores de 30 años que han recibido estudios está en paro, la ira alimentada por años de opresión se convirtió en un catalizador perfecto de la revolución. Como muchos de los jóvenes desempleados son usuarios de las redes sociales, convirtieron Facebook, Twitter y YouTube en medios fundamentales para sus protestas.

 

El rostro de la revolución egipcia fue Wael Ghonim, un joven ejecutivo de Google en Oriente Próximo, y hoy incluido por la revista Time en la lista de las 100 personas más importantes de 2011. Inspirado en las protestas tunecinas, Ghonim creó un grupo en Facebook tras la muerte de un activista egipcio. La desaparición, detención y liberación de Ghonim avivó las revueltas en Egipto justo cuando parecían estar apagándose. En una entrevista en CBS News, el corresponsal Harry Smith pregunta: “Si no hubiese redes sociales, ¿se produciría esta revolución?”. Ghonim responde: “Si no hubiese redes sociales, nunca habría estallado. Porque lo fundamental fue todo lo que sucedió antes de la revolución. Sin Facebook, sin Twitter, sin Google, sin YouTube, esto nunca habría ocurrido”. En cuanto al bloqueo de Internet, Ghonim asegura que, al hacerlo, obligaron a la gente a salir a la calle.

 

Respecto a la intersección entre la autoridad gubernamental y los ciudadanos a través de las redes sociales, Shirky asegura que obliga a los funcionarios a ser sinceros. A diferencia del pasado, cuando las autoridades podían negar que en sus países se hubiesen producido desastres, protestas o actos de supresión, la llegada de las redes sociales ha abierto una época en la que los ciudadanos pueden contar la verdad y la cuentan; y el mundo entero escucha.

 

La labor de los medios convencionales
Aunque se ha destacado la función de las redes sociales en las revueltas en Oriente Próximo, no debe entenderse que los medios convencionales son menos importantes en comparación. A pesar de toda la atención que recibe Internet, el trabajo realizado por Al Jazeera en inglés, CNN y otros medios –entre ellos la prensa internacional– ha demostrado la importancia de los medios de comunicación convencionales. Su información sigue siendo absolutamente crucial a la hora de dirigir la atención de los regímenes hacia los levantamientos.

 

Es imposible comprender lo que ha sucedido en Japón, Egipto, Libia y demás sin ser un consumidor inteligente de televisión, páginas web y blogs, junto con Twitter, Facebook y YouTube. Si prescindimos de uno o más de ellos, se pierden hilos esenciales de historias en rápido movimiento y constante evolución.

 

Para determinados aspectos, como las noticias de última hora o descubrir historias que de otro modo se perderían, Twitter es fundamental. Para hacerse una idea de la escena, nada supera el vídeo en directo, con o sin un periodista hablando ante el micrófono. Para comprender el modo en que funcionan –o no– los reactores nucleares, no hay nada mejor que un gráfico interactivo inteligente, que transporta al interior del reactor. Por ello, para que una cadena de noticias dé la mejor información, debe aprovechar el poder de la red y los medios digitales, así como la radiotelevisión.

 

Los periodistas de Al Jazeera han cubierto de forma excepcional los acontecimientos en Egipto. La información de las dos cadenas de la empresa con sede en Qatar (sí, otro Estado autocrático, pero con uno de los PIB más altos del mundo) ha sido realmente brillante. Al Jazeera en árabe, la emisora bandera, se apropió de la noticia desde el principio, pero el trabajo de Al Jazeera en inglés ha sido más revelador fuera del mundo árabe.

 

Integrada por antiguos profesionales de BBC, CNN y otros medios internacionales, Al Jazeera en inglés ha sido el mejor lugar para informarse del movimiento de protesta en el mundo árabes. En Estados Unidos fue necesario ver la emisión en directo por Internet, puesto que casi ninguna empresa de televisión por cable ha estado dispuesta a transmitir la señal de la cadena catarí tras el 11-S. Supongamos que una red con un índice de audiencia bajo, como Current TV, simplemente hubiese transmitido simultáneamente las emisiones de Al Jazeera en inglés: el impacto sobre los índices de audiencia, así como para la comprensión del conflicto por parte de los estadounidenses, habría sido enorme. Por el contrario, al promover su emisión en directo en Internet y crear aplicaciones de Android y iPad para complementarla, Al Jazeera en inglés amplió al máximo su alcance.

 

Respecto a Google, parece que hoy no despierta tanto interés como antes en cuanto proveedor de noticias e información de actualidad. Sus intentos –entre ellos Google Buzz y Google Wave– de ocupar un lugar entre las redes sociales importantes se han ido al traste. Sin embargo, el tsunami en Japón y la crisis nuclear posterior han puesto de nuevo de manifiesto la función de Google. Solamente una empresa con su alcance y sus conexiones internacionales podría haber montado el Buscador de Personas de Japón casi al instante. A las 08:27 horas del viernes 11 de marzo, había 4.900 registros en el servicio, familias y amigos tratando de ponerse en contacto; 72 horas después, había 149.400. Solo una empresa como Google con una rama filantrópica podría crear un recurso tan útil y oportuno como el Centro de Respuesta a las Crisis de Google.org. Por ello, es interesante la mención a los recursos de Google en el mensaje oficial de la embajada de EE UU en Japón la misma mañana del terremoto, así como en la recomendación a que la gente usara las redes sociales y los SMS para comunicarse durante la crisis (publicado en Google Docs por West Benter, @wbenter). Aparte hay que incluir los cientos de millones de búsquedas en Internet para entender los acontecimientos o la terminología nuclear.

 

Nuevos corresponsales
El trabajo más respetado del periodismo siempre ha sido el de corresponsal en el extranjero que vuela a zonas peligrosas con una libreta (y quizá una cámara), un chaleco de fotógrafo y todas las agallas del mundo. Y aunque de ellos ha procedido una parte importante de la información sobre Oriente Próximo y Japón, es preciso destacar el formidable trabajo de aquellos que están lejos del terreno y también son capaces de proporcionar un valioso servicio. Y este consiste en recoger todo “el ruido” que se genera durante una crisis o un desastre, discriminarlo y luego amplificarlo estratégicamente, de forma más exacta y útil, a través de Twitter, Facebook, retransmisiones de Internet, etcétera.

 

El maestro en esto es Andy Carvin, organizador de comunidades en Internet para NPR (National Public Radio, EE UU), que ha convertido su cuenta de Twitter (@acarvin) en una fuente donde encontrar toda la información sobre las revoluciones árabes y el terremoto de Japón. Cuando las protestas estallaron en Túnez, Carvin usó un sitio llamado Storify para recopilar mensajes de Twitter, publicaciones, enlaces y vídeos relacionados con la noticia. Como la información empezó a moverse deprisa a medida que comenzaban a desarrollarse los acontecimientos en Egipto, Carvin “retransmitió” los hallazgos de Internet más útiles a través de su cuenta de Twitter, y verificó los hechos en tiempo real empezando sus mensajes con la pregunta “¿fuente?”. Carvin recopiló, organizó y divulgó información del mismo modo que lo habría hecho cualquier periodista, pero de una manera muy transparente en una plataforma muy pública, algo a lo que muchos periodistas aún no le sacan el máximo partido. Columbia Journalism Review se preguntaba recientemente: “¿Es esta la mejor cuenta de Twitter del mundo?”.

 

En un artículo en The New York Times, Brian Stelter (@brianstelter) aseguraba que el modo de utilizar las redes sociales por parte de Carvin ha tenido resultados asombrosos. Sus seguidores en Twitter –cerca de 43.000 en el momento de escribir estas líneas– valoran muy positivamente su comprobación de los hechos y le han ayudado cuando han podido. Algunos de ellos son también periodistas, por lo que son capaces de difundir todavía más las noticias a través de Twitter. Cuando Stelter pidió a los seguidores de Carvin que expresasen su gratitud con donativos a las filiales locales de NPR, docenas de ellos lo hicieron.

 

En una entrevista con el periodista de The Atlantic Phoebe Connelly (@phoebedoris), Carvin reconoce que el reportero de “vieja escuela” que lleva dentro habría deseado tener un billete de avión para Oriente Próximo e informar en directo desde el lugar de los hechos, pero asegura que si estuviese en el centro de las protestas en la plaza Tahrir, “le resultaría mucho más difícil centrarse en la verificación ante tantas cosas pasando a su alrededor”. La idea de la verificación y las herramientas mediante las que se logra son hoy nuevas, pero su propósito no lo es. Carvin y otros periodistas han descubierto un modo de relacionarse con su público en Internet –ofreciendo noticias de ultimísima hora y, al mismo tiempo, contando con su ayuda para confirmar algunas de ellas– que sin duda se convertirá en una parte integral del periodismo del futuro.

 

La valentía del periodista
Tanto en las revueltas árabes como en el tsunami de Japón y la posterior crisis nuclear, ha llamado la atención una vez más el valor de los periodistas que deciden informar desde el terreno. En el caso de Japón, los periodistas que ya se encontraban allí han hecho un trabajo esencial en unas difíciles circunstancias, optando por quedarse cuando algunos podrían haberse marchado (lo mismo puede decirse de los que estaban en Egipto, Libia, etcétera). A ellos hay que sumar los que toman un vuelo para dirigirse a los escenarios en conflicto mientras miles de personas huyen de ellos.

 

En una época en la que algunas personas quieren quitarle mérito al periodismo profesional, es preciso recordar que se necesita dinero, compromiso y valor para que los periodistas puedan informar de hechos como los que están teniendo lugar en Japón, por ejemplo. ¿Cuántos profesionales que no sean científicos se trasladarían a una zona donde se ha producido un accidente en una central nuclear? Bomberos y policías son elogiados justamente por ir a sitios de los que otros huyen, y los periodistas hacen lo mismo.

 

¿Por qué son necesarios los periodistas cuando ya existen expertos como Carvin que llevan las noticias hasta las pantallas de los ordenadores desde una distancia segura? La respuesta es que las redes sociales como Twitter, Facebook o YouTube necesitan un contexto. Los periodistas profesionales y experimentados que están sobre el terreno saben cómo extraer la información más relevante y exacta entre la confusión y el caos; y eso es algo de lo que siempre habrá necesidad.

 

Al final de su conferencia en 2009, Shirky se preguntaba cuál es el mejor modo de utilizar este nuevo medio que suponen las redes sociales, cómo organizar y divulgar las conversaciones que nos parecen más útiles. Dos años después, todavía no es posible responder a estas preguntas, pero sin duda hemos aprendido mucho sobre el inmenso poder de este nuevo medio, y multitud de personas están trabajando en la actualidad para perfeccionarlo y hacer que siga siendo honesto (en tiempo real).



Para descargar artículos individuales en formato PDF necesita un bono.