Libros: George F. Kennan, de la leyenda al hombre
Juan Tovar - Política Exterior 146
Doctor en Relaciones Internacionales e investigador del departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid.
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Pocos nombres han impregnado la política exterior de EE UU de la forma que lo hizo Kennan. El padre reconocido de la doctrina de la contención y del realismo fue también uno de sus mayores críticos.

 

A primera vista, parecería que nada nuevo puede decirse sobre George F. Kennan. Su trabajo ha sido analizado pormenorizadamente. Su estrategia de contención se ha estudiado desde un punto de vista académico, diplomático o político. Es conocida su participación en proyectos como el Plan Marshall y su papel de director de la Ofi­cina de Planificación Polí­tica del departamento de Estado, así como sus misiones de embajador en Rusia y Yugoslavia. Incluso su faceta como crítico de la estrategia que ayudó a esbozar sigue siendo un elemento profundamente llamativo para numerosos estudiosos de las relaciones internacionales.

 

Sin embargo, el interés por una una rara avis que consiguió aunar los papeles de estadista, diplomático e intelectual crítico con la política de su tiempo, no se agotó con el final de la guerra fría y el paso de las décadas.

 

John L. Gaddis, reputado historiador y estudioso de la estrategia de la contención y de la guerra fría, hoy profesor en la Univer­sidad de Yale, ha planteado una biografía autorizada de Kennan que, según sus palabras, se centra en su aspecto humano y no en su trabajo académico, bien conocido aunque no siempre bien interpretado. Se trata de una biografía que ha tenido que esperar largos años dada la extraordinaria longevidad del protagonista (1904-2005). A través de George F. Kennan. An American life, se hace un recorrido desde la infancia hasta el ingreso en el cuerpo diplomático estadounidense, pasando por su etapa en la Univer­sidad de Princeton, entonces el principal centro de formación de élites de la costa Este norteamericana.

 

La primera parte de esta biografía de 800 páginas esboza la personalidad del estadista e intelectual en el que se convertiría Kennan. En la reseña publicada por el New York Times, Henry Kissinger afirma: “Ningún otro funcionario del servicio exterior ha dado forma de manera tan decisiva a la política exterior estado­unidense o ha hecho tanto por definir el amplio debate público sobre el papel de EE UU en el mundo”. Gaddis consigue retratar en su libro algunos de los rasgos más llamativos de Kennan: su profundo pesimismo, su consideración de extranjero en su propio país, dados sus numerosos años de servicio en Europa, o la insatisfacción que sentía cuando su voz no era escuchada.

 

Una más que interesante combinación de factores daría lugar al Kennan más conocido, que surgiría de la leyenda del Telegrama Largo y de sus años al servicio de la administración Truman, con los secretarios de Estado George C. Marshall y Dean Acheson. Esta etapa de su vida profesional centra la segunda parte del libro.

 

El punto estelar de la remisión del Telegrama Largo, aún reconociendo los méritos de su enunciación y un planteamiento novedoso que lo separaría de otros expertos en asuntos soviéticos, se establecería sobre la base de que el momento en el que fue enviado era justo el adecuado. El artículo publicado en 1947 en Foreign Affairs, “Las fuentes del comportamiento soviético”, firmado como X, lo consagraría definitivamente entre los grandes autores del pensamiento estratégico de todos los tiempos.

 

Gaddis repasa también la oposición de Kennan a determinados aspectos clave planteados por la administración Truman, como la propia enunciación de la doctrina del presidente, establecida sobre la base de una contención universal muy distinta a la que Kennan defendía, o el polémico documento NSC-68 y su dicotómica visión del mundo, asentada sobre parámetros universalistas, a los que no sería ajeno el fracaso de Vietnam. La biografía realizada por Gaddis no oculta puntos polémicos sobre la temprana obra de Kennan ni sus sucesivos enfrentamientos con personalidades como John Foster Dulles, secretario de Estado de Dwight D. Eisenhower –a quien se atribuye la famosa “teoría del dominó”– o Acheson, por diferencias sobre cómo debía ser la política exterior de EE UU. En algunas ocasiones, particularmente en la polémica mantenida con Acheson acerca de la unificación alemana, se produjeron efectos muy negativos en la relación de Kennan con el establishment político de Washington. Su incorrección política, sus debilidades humanas o la ambigua relación que habría mantenido con la academia y los medios son también brillantemente descritas.

 

Su experiencia vital, así como su relativamente insatisfactorio paso por la política, le llevarían a forjar al intelectual en el que habría de convertirse y que posiblemente tuvo su momento culminante en la crítica a la guerra de Vietnam –no suficientemente reflejada en la obra de Gaddis– esencial para entender el hecho de que uno de los principales autores de la teoría de la contención se convirtiera, en uno de sus mayores críticos. La relación de Kennan con destacados actores del momento, desde su gran amigo, el físico Robert Oppenheimer, hasta teóricos con los que se le ha asociado en la academia de las relaciones internacionales, como Hans Morgenthau, Reinhold Niebuhr o Kissinger es igualmente mencionada.

 

Cabe destacar el relato de los encuentros y desencuentros con John F. Kennedy y Ronald Reagan, así como las críticas planteadas a la política internacional de este último, pese a que, según Gaddis, la estrategia de Reagan se parecía más a la planteada por Kennan que la de cualquiera de sus predecesores.

 

Otro de los aspectos más interesantes de esta biografía es que, pese a que a posteriori se ha asociado a Kennan con la escuela del realismo político clásico o de la naturaleza humana, del que ha sido considerado uno de sus mayores exponentes, en realidad su actividad académica estuvo más relacionada con la historia que con la política internacional. Su vinculación con la aparición de una teoría o escuela de explicación del mundo internacional fue siempre involuntaria, sintiendo una escasa apreciación por la sistematización de visiones que, en su opinión, no conseguirían aprehender la naturaleza humana.

 

La biografía escrita por Gaddis es el resultado de un trabajo sitemático y riguroso: el autor ha estudiado a fondo las 20.000 páginas del diario de Kennan, además de un diario personal y más de 300 cajas con documentos, hoy disponibles para la investigación en la Universidad de Princeton. Ha entrevistado a diplomáticos, funcionarios y a la familia de Kennan. Sin embargo, como señala Frank Costigliola en The New York Review of Books, Gaddis no es capaz de evitar que el libro esté impregnado de sus predilecciones políticas y entusiasmo por la figura biografiada, lo que se traduce en problemas de “perspectiva y equilibrio”.

 

Por otra parte, cabe señalar una serie de debilidades en el conjunto de la obra. Así, frente a la exitosa labor de humanización de un personaje que ha pasado de la historia al mito y del pormenorizado relato de los rasgos humanos que hicieron de Kennan un gran intelectual, parece excesiva la extensión de la obra y, particularmente, las 200 páginas de la primera parte, que abarcan desde su nacimiento hasta la remisión del Telegrama Largo, frente a las 100 dedicadas al periodo comprendido entre el final de su mandato como embajador en Yugoslavia hasta su muerte, y que marcan su culminación como intelectual.

 

Pero quizá, la parte más cuestionable de la biografía es el retrato que se hace de un autor tan profundamente incompatible con el pensamiento del establishment político estadounidense, como un modelo de vida americana y que se le atribuyan una serie de objetivos de los que quizá Kennan no estaría orgulloso. Su sincero realismo era, precisamente, una consecuencia de su experiencia vital, que le había llevado a adquirir una visión del mundo marcadamente alejada de la que se desarrollaba en los campus universitarios estado­unidenses y en los círculos políticos de Washington.

 

La desintegración de la Unión Soviética y el hecho de lograr que su sucesora se convirtiese en un Estado que se comportase como un miembro más del sistema internacional, objetivo planteado en el Telegrama Largo y en “Las fuentes del comportamiento soviético”, no debería llevarnos a pensar en la existencia de una relación con las doctrinas implementadas por las sucesivas administraciones estadounidenses. Los elementos recogidos en la estrategia de la contención fueron acompañados por otros aspectos rechazados por Kennan, como el militarismo, el universalismo –traducido en la falta de reconocimiento de los propios límites–, la dicotomía que divide la política internacional entre buenos y malos o la errónea interpretación de los intereses estratégicos estadounidenses que habría llevado a fracasos como Vietnam. Rasgos hoy presentes en la ideología de la inmensa mayoría de los líderes de Occidente y aplicados a casos actuales como Irak o Libia, provocando la persistencia de la polémica y el interés actual de las ideas de Kennan.

 

Cuestión distinta es la acertada apreciación de que la estrategia que ayudó a poner en marcha condujese desde las amenazas de destrucción del sistema en los momentos iniciales de la guerra fría, a un mundo donde la amenaza de destrucción mutua no existiese, y la democracia liberal y la economía de mercado se extendiesen –esto último,  por otra parte, difícilmente entraría entre los objetivos de Kennan y probablemente consideraría un objetivo mesiánico y peligroso–. Sus aportaciones teóricas sin embargo, como señala Gaddis, arrojarán luz en el camino para que este resultado se produjese.

 

En definitiva una obra muy recomendable que permite acercarse a uno de los grandes hombres de la política internacional, humanizando uno de los mitos de la guerra fría. El pensamiento de Kennan envolvió la política exterior estado­unidense a ambos lados de las líneas divisorias intelectuales e ideológicas durante medio siglo. Por ello, llama la atención el poco conocimiento de él en España, lo que se explica por la separación existente aquí entre la práctica burocrática o política del pensamiento intelectual. En EE UU, Kennan ha sido un modelo que muchos han intentado seguir y ninguno ha conseguido replicar con éxito.



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