¿Puede cambiar Francia el rumbo de la Unión Europea?
Hubert Védrine - Política Exterior 147
Ministro francés de Asuntos Exteriores de 1997 a 2002, y preside el Instituto François Mitterrand.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Un cambio en la presidencia de Francia podría abrir un ciclo progresista en Europa, modificando el modo de gestionar la crisis de la zona euro y la implicación europea en la ‘primavera árabe’.

 

Como todas las elecciones importantes en Europa, las presidenciales en Francia previstas para mayo de 2012 son evidentemente trascendentales para sus socios europeos y, más allá de ellos, para la OTAN, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el G-8, el G-20, el mundo árabe, África, etcétera. Tendrán un impacto especial si el candidato del Partido Socialista (PS), François Hollande, resulta elegido, porque la izquierda francesa ha fracasado en las tres elecciones presidenciales anteriores, en 1995, 2002 y 2007, frente a los candidatos de la derecha. Pero todavía más, debido a la coyuntura de crisis en la zona euro desde hace dos años y a la ratificación del Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza (TSCG) firmado el 5 de marzo. Una alternancia en Francia abriría la posibilidad de una alternativa en Europa, donde los partidos de derechas predominan en la actualidad.

 

Sobre Europa

El balance internacional de Nicolas Sarkozy es contrastado. En especial, logró la creación del G-20, consiguió que se votara en el Consejo de Seguridad la resolución 1973 sobre Libia y contribuyó a la ratificación del Tratado de Lisboa. También ha sufrido muchos fracasos, como la Unión por el Mediterráneo (UpM), que nació muerta.

 

Con respecto a Alemania, después de tres años de tensiones, Angela Merkel y Sarkozy encontraron, obligados por la crisis griega, la forma de trabajar juntos. El presidente francés consiguió que se celebraran periódicamente cumbres de la zona euro, que Alemania rechazaba desde la creación de la moneda única. Pero en el fondo, ha tenido que inclinarse en gran medida ante las exigencias unilaterales de austeridad alemanas, aunque ha limitado un poco el automatismo y la judicialización de las sanciones. En definitiva, el hecho de poder presentar sus exigencias como franco-alemanas y no solo como alemanas también ha favorecido a Merkel. Pero eso ya no engañaba a nadie a finales de 2011 y principios de 2012.

 

Parece que los socialistas franceses han superado la división que provocó el referéndum de 2005 entre partidarios del “sí” y del “no” al Tratado Constitucional de la UE. En el seno del PS sigue habiendo algunas personalidades muy críticas con Europa y, en contraposición, una pequeña corriente federalista. La gran mayoría coincide en lo que respecta a una línea europea pragmática: hacer que la Unión Europea funcione mejor y que sus políticas comunes, existentes o todavía por crear, o sus proyectos respondan a las expectativas concretas de los europeos; y desconfiar de las controversias institucionales que solo apasionan a los profesionales de la política europea. Esta ha sido la línea seguida por Hollande en su intervención del 17 de marzo sobre Europa.

 

Hollande anunció que pediría que el TSCG sobre la zona euro se renegocie y se complete. Este anuncio fue sorprendente en un principio. Provocó una reacción hostil (espontánea o inducida) de los gobiernos conservadores unidos en torno a las exigencias de Merkel. Sin embargo, gana credibilidad con el paso del tiempo y Hollande se reserva un margen de decisión entre una posible (pero difícil) renegociación y una importante iniciativa complementaria de crecimiento. Tras las declaraciones de Mariano Rajoy, de Mario Monti, del gobierno austríaco, del Partido Socialdemócrata alemán (SPD), sin olvidar al Fondo Monetario Internacional (FMI), al presidente Barack Obama y al secretario del Tesoro, Timothy Geithner, y en vista de la situación económica y de las perspectivas un poco menos buenas en Alemania, podemos pensar que la renegociación va a ser cada vez más necesaria a lo largo de las semanas, y que en mayo el contexto será más favorable a esta idea.

 

Los días posteriores a la posible (probable) elección de Hollande serán inmediatamente decisivos, ya que el calendario europeo e internacional es muy intenso en mayo, junio y julio. Veremos bastante pronto si las relaciones políticas, e incluso psicológicas, entre Francia y Alemania empiezan a reequilibrarse, antes de que lo hagan con el tiempo en el terreno económico, lo que interesa a toda Europa.

 

En la hipótesis de Hollande, en lo que respecta al lado alemán, Merkel tendrá que tener en cuenta, de una manera o de otra, la nueva situación política y económica y podría aceptar un complemento al tratado. En principio, Merkel ocupará el cargo hasta las elecciones alemanas de septiembre de 2013, es decir 15 meses. En esas elecciones, el SPD puede ganar, y hemos visto que la canciller temía una dinámica PS/SPD que podría ser contagiosa. Pero Merkel, que cuenta hoy con una alta popularidad, podría mantenerse en el poder con otra coalición, y ni siquiera se descarta una nueva gran coalición SPD/CDU (Unión Cristiano Demócrata), aunque el SPD hará todo lo posible por evitarla.

 

Por tanto, la elección de Hollande podría dar la señal de un nuevo ciclo progresista en Europa, donde están previstas otras elecciones importantes en los dos próximos años, concretamente en Alemania e Italia. Los progresistas europeos solo lo lograrán si se ganan a la opinión pública con verdaderos avances en los ámbitos que preocupan de verdad a los electores, y si no los desaniman con nuevas controversias institucionales.

 

Sobre el Mediterráneo y África

El contexto en el Mediterráneo y en el mundo árabe no se presta a una nueva iniciativa institucional tipo UpM. Es más bien una época de observación, atenta a los procesos en marcha de los países árabes y de la disponibilidad frente a posibles peticiones del Sur. Pero, en cualquier caso, uno de los asuntos más importantes para la UE, y especialmente para Francia y España, es la inmigración. La llegada de la izquierda al poder en París podría permitir una gestión más humanista de los movimientos migratorios, que deben controlarse mejor, por supuesto, sobre todo en un periodo de crisis y de desempleo elevado, pero que deberían hacerse de forma más inteligente (por ejemplo, la circular Guéant sobre los estudiantes extranjeros será derogada por un gobierno de izquierdas). Y también se necesita más concertación, primero entre los países de Schengen. Hollande ha hablado durante la campaña sobre la posibilidad de que la UE negocie además de forma concertada con los países de salida y de tránsito, lo que resulta a la vez ambicioso y novedoso.

 

Relaciones transatlánticas

Si resulta elegido, Hollande confirmará en la cumbre de la OTAN de Chicago (20-21 de mayo) su decisión de retirar las fuerzas francesas en Afganistán. Tratará de hacerlo sin crear de entrada un problema al presidente Obama. Al mismo tiempo, tratará de limitar al máximo el compromiso de Francia en el engranaje estratégico y financiero de la defensa antimisiles que EE UU instalará con la OTAN a través en Europa.

 

De forma más general, la llegada de la izquierda al poder en París podría ser una oportunidad para lograr un mejor entendimiento entre los europeos y Obama. No se aprovechó esa ocasión en 2008 porque los europeos estaban todavía muy impregnados, conscientemente o no, del “bushismo”.

 

Son muchas las cuestiones sobre las que los europeos deberían buscar convergencias estratégicas con EE UU: el Mediterráneo, el mundo árabe, Rusia, Asia, África, energía, medio ambiente, etcétera. La lógica focalización de EE UU sobre Asia lo hace más receptivo a posibles iniciativas europeas. Los europeos deberían reflexionar sobre ello.



Este articulo no esta disponible en formato digital. Si esta intersado en adquirirlo pongase en contacto con nosotros: