INFORME SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 1057

#ISPE 1057. 6 noviembre 2017

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La farmacéutica suiza Novartis ha comprado por 3.445 millones de euros la empresa francesa AAA que produce y comercializa terapias innovadoras de medicina nuclear molecular contra el cáncer.

Esta ha sido la última muestra de la dura competencia en la industria por avanzar posiciones en la carrera de los tratamientos oncológicos. Casi no hay mes en que el sector no anuncie una nueva operación corporativa. No es casual. AAA ha desarrollado, entre otros, el Lutathera, un fármaco contra tumores neuroendocrinos, un tipo de enfermedad poco frecuente y que acabó en 2011 con la vida del fundador de Apple, Steve Jobs.

El problema es que esas panaceas contra el cáncer tienen precios prohibitivos. Un solo tratamiento de la nueva medicina de Novartis, Kymriah, la primera terapia genética contra el cáncer, ya aprobada por las autoridades sanitarias de EEUU, costará 475.000 dólares. Los expertos esperan que la terapia CAR-T aumente la tasa de supervivencia de una agresiva leucemia infantil, la linfoblástica.

Según Novartis, el alto grado de efectividad del Kymriah, su inversión de 1.000 millones de dólares en I+D y el reducido mercado al que está dirigido justifican el precio. Sin embargo, no ha podido eludir el escándalo. Sobre la compañía llueven acusaciones de escudarse en las inversiones en I+D cuando está claro que la mayoría de esos fondos provinieron de entidades públicas. En el caso del Kymriah, Novartis se benefició de inversiones de 200 millones de dólares en las investigaciones de la terapia CAR-T.

Un modelo en el que las mismas medicinas subvencionadas por los contribuyentes sean luego inaccesibles para el propio sistema sanitario estatal es insostenible democráticamente. Esta contradicción está generando un debate sobre las nuevas formas de exclusión que fomenta una medicina reservada solo a quienes pueden pagarla, algo inaceptable en la UE, cuyos Estados asumen la mayor parte…

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