AFKAR-IDEAS  >   NÚMERO 38

Entre desplazados y refugiados, la tragedia siria

Salam Kawakibi
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Miles de civiles se han refugiado en Turquía, Jordania, Líbano e Irak. La implicación de Occidente es indispensable para evitar que haya repercusiones en la seguridad.

 

Desde 2010, varios dictadores árabes han asistido impotentes a la desaparición de su poder absoluto con el estallido de procesos revolucionarios en sus países. El poder sirio ha construido su “legitimidad” apropiándose del conflicto con Israel e instrumentalizando a las minorías confiadas gracias a un poder fuerte. Así, ha implantado una cultura del miedo en la sociedad traumatizada por una sucesión de comportamientos represivos.
Tras el estallido de los movimientos de oposición en Túnez, el poder sirio no vio ningún peligro. Tampoco se percató de que la ola avanzaba con paso firme al calor de una economía renqueante, una corrupción sistémica y unas libertades políticas inexistentes.
Explicaba su reticencia a iniciar unas reformas políticas por la situación regional y las amenazas exteriores. Bashar al Assad declaraba incluso que su país estaba “a resguardo de los disturbios”, porque el poder estaba “cerca de su pueblo”. Además, el régimen hablaba de los progresos económicos realizados presentando cifras infundadas.
El 18 de marzo de 2011, con el agravamiento de la situación en el sur del país, la oposición pidió a las autoridades que asumiesen “sus responsabilidades (…) y que adoptasen una postura audaz y sabia con respecto a la cuestión de la transición democrática (…) y eso a través de un diálogo nacional (…)”. La respuesta del régimen no tardó en llegar mediante la violencia al acusar a los rebeldes de estar manipulados por el extranjero.
La gestión represiva de la crisis dio lugar, cinco meses después de empezar, a la aparición de una opción armada que se nutrió, primero, de las numerosas deserciones que se produjeron en el seno del ejército sirio implicado en la…

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