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Cuenca del Nilo, del conflicto a la cooperación

Marcos Suárez Sipmann
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Es prioritario el acuerdo y la gestión compartida de la cuenca del Nilo, pero sobre todo, su integración. La cooperación y no el conflicto, aleja el fantasma de la guerra y definirá el futuro de un recurso cada vez más escaso. El río debe convertirse en motor de desarrollo social y económico.

 

Las aguas del Nilo tienen un potencial enorme como motor de desarrollo social y económico… y como fuente de disputas y controversias. La incapacidad de planear conjuntamente el aprovechamiento de las aguas y de llegar a un acuerdo sobre su repartición equitativa ha retrasado los beneficios de este recurso para los habitantes de la región de la cuenca del Nilo.

 

En un tratado de 1929 y a través de otros pactos, Egipto y su vecino del Sur, Sudán, recibieron la mayor parte de las aguas del Nilo. La lógica –filtrada a través de décadas de política y luchas de poder– fue que Egipto no podía sobrevivir sin el río. Solo países de la parte alta de su cuenca, entre ellos Etiopía, Uganda, Kenia y Tanzania, tienen lluvias estacionales y otras fuentes de agua. Algunas de las naciones que recorren el Nilo se encuentran entre las más pobres del mundo, por lo que la mayoría de sus habitantes subsiste y depende directamente de la riqueza natural de los ecosistemas del río. Estos países han centrado su atención en el desarrollo económico, la presión demográfica y la creciente demanda de energía…

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