>   NÚMERO 61

La importancia de la energía nuclear en la política francesa

Bertrand Barré
 | 

François Hollande plantea una reducción a medio plazo de la proporción de electricidad de origen nuclear del 75 por cien actual al 50 por cien. De este modo, la política energética francesa seguirá basada en dos pilares: el ahorro y la energía nuclear como sustituto del fuel.

 

Después de la Segunda Guerra mundial fue el carbón el que permitió la “reconstrucción” de Francia. Con la nacionalización de Charbonnages de France, los mineros se movilizaron masivamente en la región norte, en Lorena, en el sur del país e incluso en el Sarre, bajo protectorado francés entre 1947 y 1955. En 1951, en el momento de la firma del Tratado constitutivo de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), primer esbozo de nuestra Unión Europea, el carbón, recurso nacional, proporcionaba el 80 por cien de nuestra energía. Desde entonces, el papel del carbón no hizo más que perder importancia: la última mina francesa cerró en 2004 y el carbón, íntegramente importado, no constituye hoy día más del 4 por cien de nuestro consumo de energía primaria.

 

Los recursos de energía de origen hidráulico y las líneas de alta tensión que la transportan fueron la gran aventura de Electricité de France (EDF) durante los años cincuenta y sesenta, con la construcción de las grandes presas, desde la de Génissiat (1948) hasta la de Vouglans (1968). Esta formidable epopeya levantó gran entusiasmo popular salvo cuando los embalses inundaban un pueblo, como ocurrió en Tignes.

 

Además se descubrió en Lacq un yacimiento de gas natural que, en un primer momento, abasteció la región de Aquitania, si bien a partir de 1965, el territorio nacional se cubre de una red de gasoductos que distribuyen el gas de Lacq a todo el territorio, y se abandona el gas ciudad producido localmente a…

PARA LEER EL ARTÍCULO COMPLETO