POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 70

Lisboa, primavera de 1974. GETTY

La revolución de los claveles

Pasado un cuarto de siglo del establecimiento de la democracia en Portugal, es necesario un balance sobre el estado de las investigaciones del período revolucionario.
Josep Sánchez Cervelló
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Se cumple este año el 25 aniversario del golpe de Estado dado en Portugal el 25 de abril de 1974, con el que los capitanes, de forma incruenta, derribaron la dictadura más antigua de Europa occidental, implantada el 28 de mayo de 1926. La caída del régimen, conocido como el Estado Novo, desencadenó un proceso revolucionario que tuvo dos frentes. Uno interno sobre el modelo político a implantar en el país: un sistema parlamentario de tipo occidental o una “democracia popular”, a imitación de los países del este de Europa; y otro externo en el que se decidió el destino del imperio colonial: Angola, Mozambique, Cabo Verde, Guinea-Bissau, Santo Tomé y Timor.

La lucha por el poder en la metrópoli concluyó con el triunfo de los militares prooccidentales tras un breve enfrentamiento el 25 de noviembre de 1975. Esta victoria se reforzó, a partir de abril de 1976, con la aprobación de la Constitución que cerró la etapa preconstitucional y aseguró el camino hacia la normalidad democrática.

En el ámbito colonial, el ciclo iniciado con el reconocimiento de la independencia de Guinea-Bissau (agosto de 1974) concluyó –con excepción de Timor aún pendiente de un referéndum de autodeterminación– con la de Angola (noviembre de 1975). Todos estos nuevos países aparecían como aliados incondicionales de la URSS, lo que supuso inicialmente un triunfo para la política soviética en África.

Una vez transcurrido un cuarto de siglo del establecimiento de la democracia en Portugal es necesario hacer un balance sobre el estado de la cuestión en las investigaciones del período revolucionario (abril 1974-abril 1976). Ya en el diario Público, el pasado 30 de mayo, los profesores Antonio Barreto y M. Filomena Mónica señalaban que la historiografía portuguesa más reciente, padecía de dos problemas fundamentales: la falta de archivos y la ausencia de memoria histórica en el país. Este tipo de quejas, que resulta tan habitual entre los profesionales de la historia, tiene siempre unos fundamentos relativos que deberían resolverse mediante la comparación con la situación de otros países. No cabe aquí una operación de esa naturaleza sino, únicamente, indicar a los lectores españoles algunas pistas fundamentales sobre los recursos documentales e historiográficos de la revolución.

Las principales fuentes para el estudio del Estado Novo se encuentran en el Archivo Nacional de la Torre del Tombo (Lisboa). De entre ellos destaca el archivo de la policía secreta (PIDE/DGS) que, al contrario de lo que sucedió en España, en Portugal no fue destruido. También se encuentran allí, debidamente catalogados, los papeles de Salazar, presidente del Consejo de ministros y alma de la dictadura de 1932 a 1968, mientras que buena parte de la documentación de su sucesor, Marcello Caetano (1968-74), ha sido publicada por Freire Antunes en dos volúmenes: Cartas particulares a Marcello Caetano (Lisboa, 1985).

 

«Entre las principales fuentes para el estudio del Estado Novo destaca el archivo de la policía secreta que, al contrario de lo que sucedió en España, en Portugal no fue destruido»

 

Para el estudio del período que va del 25 de abril de 1974 al 2 de abril de 1976, el principal acervo accesible a los investigadores se halla en el Centro de Documentación 25 de Abril de la Universidad de Coimbra. Asimismo, el Archivo Histórico Militar de Lisboa custodia un gran volumen de documentación referente a esta época que, en gran parte, por razón de sus dimensiones, aún se encuentra en una fase inicial de catalogación.

Contamos también con importantes piezas testimoniales de los protagonistas del golpe y del proceso revolucionario. Marcello Caetano escribió Depoimento (Río de Janeiro, 1974, del que existe una traducción española de 1975) que constituye, como bien puede suponerse, una obra de índole defensiva y muy crítica hacia quienes le depusieron. No obstante, el libro está bien escrito y tiene un innegable interés histórico. En cambio, la obra del expresidente de la república de 1958 a 1974, Américo Thomaz, Últimas décadas de Portugal (Lisboa, 1983, tres volúmenes) tiene menor importancia documental y literaria. Su autor acumula diatribas no sólo contra los revolucionarios, sino también contra los reformistas del régimen (Caetano) a los que acusa, como hace la derecha salazarista, de haber abierto las puertas a la revolución.

La conspiración militar contra la dictadura ha tenido dos cronistas de excepción: el teniente coronel Otelo Saraiva de Carvalho en Alvorada em Abril (Amadora, 1977) y el capitán Diniz de Almeida en Origens e Evolução do Movimento dos Capitães (Lisboa, 1977). La obra de Otelo, el estratega del golpe de Estado, tiene mayor rigor, está más documentada y redactada con amenidad. Con todo, los testimonios directos de los protagonistas de ese período histórico son una excepción, puesto que la mayoría de ellos han preferido dejar sus palabras en entrevistas concedidas a periodistas próximos a sus puntos de vista, lo que tiende a limitar la objetividad de los juicios, aunque las memorias personales existentes tampoco tienen un rigor excesivo.

Éste es, ciertamente, el caso del libro País sem Rumo (Lisboa, 1978), escrito por el mariscal Antonio de Spínola, primer presidente de la república después del golpe (abril 1974-septiembre 1974). Su sucesor, el también mariscal Costa Gomes (septiembre de 1974-julio 1976) ha preferido la entrevista con Alexandre Manuel en Costa Gomes. Sobre Portugal (Lisboa, 1979) y con Mª Manuela Cruzeiro en Costa Gomes. O último marechal (Lisboa, 1998), dos obras de gran interés que ayudan a entender la actitud dialogante y conciliadora de este personaje clave en la historia portuguesa, capaz de evitar, en 1975, la guerra civil que parecía inevitable.

Las declaraciones a Helena S. Osorio fueron también el camino elegido por el primer ministro Palma Carlos (de mayo a julio de 1974) en Um só rostro uma só fé. Conversas com Adelino da Palma Carlos (Lisboa, 1988), que se ha convertido en el mejor libro para entender las posiciones de este abogado liberal. Su sucesor, el general Vasco Gonçalves (julio 1974-septiembre 1975) prefirió pasar a la posteridad con Companheiro Vasco (Oporto, 1977) una obra de homenaje que incluye una larga entrevista y diversos testimonios de sus seguidores, mientras que el almirante Pinheiro de Azevedo, que le reemplazó en el cargo (septiembre 1975-agosto 1976) escribió 25 de novembro sem máscara (Lisboa, 1979) cuando ya había abandonado sus antiguas posiciones revolucionarias y se había acercado a sectores ultranacionalistas de derechas.

Otras obras de interés son las que han patrocinado los políticos con responsabilidades gubernamentales o partidarias durante este período, como el socialista Mário Soares, el socialdemócrata Sá Carneiro, el demócrata cristiano Freitas do Amaral y el comunista Álvaro Cunhal. Así, Soares también optó, a la hora de exponer sus recuerdos y emitir sus juicios, por las entrevistas. Las más interesantes son la de Dominique Pouchin, Mário Soares. Portugal. Que Revolução? (Lisboa, 1976) y la de María João Avillez, Soares. Ditadura e Revolução (Lisboa, 1996). Igualmente, el líder socialdemócrata, fallecido en un accidente aéreo en diciembre de 1980, indicó sus y anhelos políticos en una interesante entrevista, aunque de menor profundidad que las anteriores, con el periodista João Rosa en Diálogos com Sá Carneiro (Lisboa, 1978). La narración personalizada la emplearían Diogo Freitas do Amaral en O antigo regime e a revolução. Memórias políticas (1941-1975) (Lisboa, 1995) y Álvaro Cunhal en A Revolução Portuguesa. O passado e o futuro (Lisboa, 1976). La obra del primero tiene, sin duda, mayor esencia, puesto que el secretario general del Partido Comunista, fiel a sus presupuestos ideológicos, realiza un análisis en el que busca objetivarse en el escenario de la lucha de masas en lugar de transmitir sus vivencias personales.

 

«Junto a la visión de la revolución, interesada y parcial, de sus protagonistas, las obras sobre todo historiográficas no empezaron a aparecer públicamente hasta principios de los ochenta»

 

Junto a esta visión de la revolución, interesada y parcial, las obras sobre todo historiográficas no empezaron a aparecer públicamente hasta principios de los ochenta, cuando existía una mayor perspectiva temporal sobre los acontecimientos, encargándose de ello historiadores como Antonio Reis, que escribió la Historia de Portugal, dirigida por Hermano Saraiva (Lisboa, 1983, vol. VI); y como como Medeiros Ferreira en el Ensaio Histórico sobre a Revolução do 25 de Abril. O período pre-constitucional (Lisboa, 1983) y en el volumen del 25 de Abril organizado por Aniceto Afonso en la História Contemporânea de Portugal, dirigida por João Medina (Lisboa, 1985). Posteriormente, a finales de los años ochenta, el propio autor de estas líneas culminó su tesis doctoral que se publicará en Portugal con el título de A Revolução Portuguesa e a sua influência na transição espanhola (1961-1976) (Lisboa, 1993), y que apareció dos años más tarde en España. La obra incluía, por primera vez, entrevistas con los protagonistas de la revolución, cuyas sensibilidades abarcaban todo el abanico político, y se basaba en documentación de archivos particulares, inédita hasta entonces. Más tarde Antonio Reis, en la obra por él dirigida, Portugal 20 anos de democracia (Lisboa, 1994), hacía hincapié no sólo en las cuestiones sociopolíticas y económicas, sino también en los cambios de las mentalidades y en el mundo de la cultura.

Esta visión globalizadora volvía a ponerse de relieve en dos historias de Portugal, una dirigida por João Medina y otra por José Mattoso. En la primera, Portugal Democrático (Lisboa, 1993, vol. XIV), coordinada por Aniceto Afonso, contó con la colaboración de diversos especialistas y en la segunda Portugal em transe (Lisboa, 1994, vol. VIII) la coordinación fue de Medeiros Ferreira. Estas obras colectivas han permitido obtener una visión plural del proceso democratizador portugués y de la descolonización, sin apriorismos ideológicos. Con todo, es necesario señalar que existe una corriente historiográfica revisionista que, con la excusa de los “excesos” de la revolución, han cuestionado la transición señalando que la dictadura, por sí sola, se habría reformado sin necesidad de derribarla. Además, sus integrantes acusan al gobierno democrático de haberse desprendido del imperio cuando, supuestamente, estaban ganando la guerra colonial.

Los pioneros de esta tendencia fueron cuatro generales ligados a la dictadura: Joaquim da Luz Cunha, Kaulza de Arriaga, Bethencourt Rodrigues y Silvino Silvério Marques en África a vitória traida (Lisboa, 1977), y en esa línea ideológica continuó el estado mayor del ejército en la obra Resenha Histórico-Militar das Campanhas de África 1961-1974 (1988-89, 4 vols.). Las posturas críticas con el proceso revolucionario son numerosas pero de poca entidad, a excepción de la de Adriano Moreira que escribió O Novíssimo Príncipe. Análise da Revolução (Lisboa, 1977) con la inteligencia y sobriedad que le caracterizan. Estas posiciones las ha abanderado recientemente el coronel Manuel Bernardo en Equívocos e Realidades de Portugal (1974-1975) (Lisboa, 1999, dos volúmenes).

El estudio de la revolución portuguesa ha despertado fuera de sus fronteras un innegable interés, especialmente en España y en el mundo anglosajón con el que la cultura portuguesa ha mantenido, desde siempre, relaciones muy intensas. También en Francia, donde los estudios africanos gozan de una sólida reputación, ha habido trabajos sobre el proceso descolonizador que merecen especial atención.

En nuestro país, el pionero y maes­tro de los portuguesistas es el profesor Hipólito de la Torre que ha creado los Estudios luso-españoles de Mérida, y ha sido coordinador de diversas obras colectivas fundamentales para el período que estudiamos como: España, Portugal y la OTAN (1989); Portugal y España en el cambio político (1990); Portugal, España y Europa (1991); Portugal, España y África en los últimos 100 años (1992).

Asimismo, Hipólito de la Torre y Sánchez Cervelló han escrito Portugal en el siglo XX (Madrid, 1992); una obra cuyo mérito más importante quizá sea que, junto al análisis historiográfico, incluye documentos sobre la realidad portuguesa. El autor de estas líneas ha publicado además La Revolución de los Claveles en Portugal (Madrid, 1997), cuya novedad más significativa con relación a otras obras suyas es el análisis de las complicidades occidentales en la sustitución de la dictadura; y El último imperio occidental: la descolonización portuguesa (1974-75) (Mérida, 1998), donde utiliza fuentes inéditas, entre otras la de los servicios secretos portugueses, demostrando la complicidad del gobierno central en el destino final del África lusófona. Otra obra pionera en nuestro país, que merece ser destacada, es la de José Ignacio Lacasta Cultura y gramática del Levitán portugués (Zaragoza, 1988) que estudia la transición portuguesa desde una perspectiva cultural, jurídica y política.

En el mundo anglófono uno de los que más se ha preocupado de la transición portuguesa ha sido el profesor de la Universidad de Columbia, Kenneth Maxwell, que ha impulsado la edición de dos valiosas obras colectivas: The press and the rebirth of Iberian democracy (1983) y Portugal: the Constitution and the consolidation of democracy 1976-1989 (1991); y ha escrito, además, la interesante síntesis The making of Portuguese democracy (1995).

Otro portuguesista prestigioso es el profesor del departamento de Asuntos de Seguridad Nacional, Thomas C. Bruneau, editor de una buena miscelánea sobre la evolución democrática, Political parties and democracy in Portugal: organizations, elections and public opinion (1997).