CARGANDO

Convertir la migración en motor del desarrollo

Convertir la migración en motor del desarrollo

David Khoudour | 1 de noviembre del 2015

La migración puede contribuir al desarrollo de receptores, emisores y los propios emigrantes. En el país de origen, el impacto dependerá de la capacidad de las políticas públicas para minimizar los costes de la emigración, maximizar sus beneficios y, finalmente, lograr el retorno.

La recién adoptada Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible representa un gran avance en materia de migración internacional. Los jefes de Estado reunidos en Nueva York en septiembre de 2015 han reconocido la contribución positiva de los migrantes al crecimiento inclusivo y al desarrollo sostenible, tanto en los países de origen como en los de tránsito y destino. En esta perspectiva, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) incluyen diferentes metas relacionadas con el asunto migratorio que resaltan la necesidad de proteger los derechos de los trabajadores inmigrantes, en particular las mujeres (meta 8.8), de adoptar políticas migratorias bien gestionadas (meta 10.7) y de reducir los costes de las remesas (meta 10.c).

 

La emigración no es una condición sine qua non

Reconocer la contribución positiva de la emigración no significa que sea una condición sine qua non para el desarrollo. Diferentes países con niveles de desarrollo similares pueden seguir trayectorias muy diferentes en materia de migraciones. Así, los emigrantes representan el 11% de la población de México y de Filipinas, pero solo el 1% en Brasil e Indonesia. Estas diferencias están relacionadas con las oportunidades de empleo generadas por estrategias de desarrollo alternativas. Los países que invierten en sistemas educativos y de competencias capaces de satisfacer las necesidades del mercado laboral, así como en mecanismos equitativos de protección social registran en promedio tasas de emigración por debajo de sus vecinos. La calidad de las instituciones de los países también influye sobre la decisión de emigrar, y no es coincidencia que los países con mayores niveles de corrupción registren mayores tasas de emigración.

 

Los ODS y la inmigración

 

Hay que reconocer que en muchos casos, y sin hablar de los países en conflicto o con regímenes autoritarios, la emigración es el resultado de políticas de desarrollo fallidas. La incapacidad de algunos gobiernos para llevar a cabo reformas a la vez económicas y sociales conduce a una parte de la población a dejar su país de nacimiento para buscar mejores oportunidades en otros países. En cierto modo, la emigración representa una forma de ruptura del contrato social entre el Estado y una parte de su población. Aunque, de manera paradójica, es también cuando el país alcanza cierto nivel de riqueza económica que sus habitantes empiezan a emigrar en mayor cantidad. Se requiere en efecto un mínimo de ingresos para poder ir a vivir y trabajar en otro país. Eso explica por qué no son los países más pobres los que registran las mayores tasas de emigración.

También es importante resaltar que las políticas públicas desempeñan un papel muy importante en la decisión de emigrar de los habitantes de un país. En un proyecto titulado “Interacciones entre políticas públicas, migraciones y desarrollo”, el Centro de Desarrollo de la OCDE y la Comisión Europea han desarrollado una metodología de investigación basada en un trabajo de campo en 10 países de ingreso bajo y medio (Armenia, Burkina Faso, Camboya, Costa Rica, Costa de Marfil, República Dominicana, Filipinas, Georgia, Haití y Marruecos) para mostrar de qué manera la emigración puede tener repercusiones sobre diferentes áreas de las políticas públicas, como el empleo, la educación, la protección social o la inversión. Por otro lado, el proyecto muestra cómo las políticas sectoriales de desarrollo, por ejemplo las políticas agrícolas, educativas, laborales y financieras, afectan a la emigración.

Según los resultados preliminares del estudio, las políticas públicas que garantizan cierta estabilidad financiera tienden a reducir la propensión a emigrar. Así, la intención de emigrar de los hogares que reciben transferencias monetarias condicionadas a la asistencia de los niños y niñas a la escuela está en general por debajo de aquella de los hogares que no reciben estas transferencias. Asimismo, las familias que viven en zonas rurales y se benefician de subsidios agrícolas, mecanismos de estabilización de los precios o de seguros para proteger las cosechas tienden a emigrar menos que los que no reciben ningún tipo de ayuda.

Las políticas laborales que promueven la creación de nuevos empleos y permiten una mejor adecuación entre oferta y demanda de trabajo también redundan en una disminución de la emigración. Este es el caso de las agencias de empleo que permiten a quienes buscan trabajo tener una mejor información sobre los puestos vacantes no solo en el área donde viven, sino también en otras regiones del país. Asimismo, los programas que buscan mejorar la empleabilidad de los graduados (a través de la formación profesional) y animan a las empresas privadas a contratar trabajadores cualificados desempleados (por ejemplo, a través de exenciones de impuestos) o que promueven la creación de empresas pueden facilitar la integración de los jóvenes en el mercado laboral y reducir las presiones para emigrar. Marruecos, por ejemplo, ha desarrollado desde 2006 una política destinada a los desempleados jóvenes y cualificados para ofrecerles alternativas a la emigración.

 

Contribuir al desarrollo de los países de origen

Si bien la emigración no es una condición necesaria, puede, no obstante, contribuir de manera significativa al desarrollo de los países de origen. (Por cierto, la inmigración también contribuye al desarrollo de los países receptores, pero este artículo se focaliza en los países de origen.)

Las remesas que los emigrantes mandan a sus familias, en particular, representan una fuente importante de capitales para los países en desarrollo. Según proyecciones del Banco Mundial, el monto total de remesas recibido por los países de ingreso bajo y medio alcanzará 435.000 millones de dólares en 2015. Esta suma representa más de tres veces el volumen de ayuda oficial al desarrollo (AOD) recibido por estos mismos países. Y aunque los flujos de remesas siguen estando por debajo de la inversión extranjera directa (IED), tienen la particularidad de ser menos volátiles que esta última. En ese sentido, las remesas contribuyen a reducir los niveles de pobreza en los países receptores, estimulan el consumo –por ende la demanda agregada–, favorecen la creación de empresas e incrementan la inversión de los hogares receptores en educación y salud. De hecho, las remesas representan un mecanismo indirecto de protección social para las familias que no se benefician de tal sistema.

 

Principales flujos de capitales recibidos por los países en desarrollo 1990-2014

 

Además de las remesas individuales, los emigrantes pueden enviar remesas colectivas para financiar proyectos locales de desarrollo o ayudar a la reconstrucción de los países afectados por desastres naturales. Así, después del terremoto en Nepal en abril de 2015, las remesas diarias aumentaron más del 30% sobre 2014 (14 de mayo comparado con el periodo 14 de marzo-14 de abril). Y el Banco Mundial proyecta un aumento de las remesas en Nepal del 14,3% en 2015 (frente a un 5,2% en 2014). A más largo plazo, las remesas colectivas de la diáspora pueden ayudar a financiar la construcción de escuelas, hospitales y otras iniciativas que favorecen el desarrollo local.

Los emigrantes no solo envían dinero. También aportan ideas nuevas. Son las llamadas “remesas sociales”. Cuando viajan a casa o se comunican con sus familias en los países de origen, los emigrantes contribuyen a transmitir los valores y patrones de comportamientos observados en los países de acogida. Es así como se puede observar en algunos países de emigración una caída en las tasas de fertilidad, un incremento en el empoderamiento de las mujeres o una demanda creciente para instituciones más transparentes y responsables. La diáspora puede también contribuir a acelerar la transición democrática, sobre todo en los países donde la libertad de expresión está restringida para los de dentro.

Entre los efectos positivos de la emigración, también es importante resaltar lo que se conoce como la ganancia de cerebros (brain gain en inglés). Incluso si la emigración de personas altamente cualificadas puede tener consecuencias negativas a corto plazo, en el largo puede tener un efecto positivo sobre el capital humano. Quienes se quedan en el país se dan cuenta de que poseer estudios más avanzados abre más puertas en el exterior. Van a tener más incentivos para seguir sus estudios y beneficiarse así de nuevas oportunidades. Pero al final, no todos van a dejar el país y el stock de capital humano va a ser más elevado que al inicio del proceso. Este es el caso por ejemplo de las enfermeras en Filipinas o los ingenieros en India. Aunque muchas personas han emigrado, estos dos países no tienen problemas de escasez de mano de obra debido a que el número de graduados en las áreas de enfermería (Filipinas) e ingeniería (India) están muy por encima de las necesidades del mercado laboral nacional. Y este fenómeno de ganancia de cerebros ocurre en otros países y otras áreas de conocimiento.

 

Los efectos negativos de la emigración

Sin embargo, la emigración también puede generar efectos negativos para los países de origen. Aunque los países en desarrollo pueden beneficiarse en el largo plazo de la emigración de personas cualificadas, la fuga de cerebros puede frenar la inversión en capital humano en los países más pobres.

Existen riesgos específicos en términos de desarrollo humano cuando la emigración de talentos afecta a los sectores de la educación y de la salud. La falta de profesores cualificados tiene repercusiones sobre la calidad del sistema educativo, mientras que la escasez de personal médico puede tener consecuencias graves en materia de salud de la población. Y si bien las remesas ayudan a las familias receptoras, la emigración también puede crear problemas de escasez de mano de obra. La salida de una parte de la fuerza de trabajo hacia otros países no siempre se puede reemplazar, debido a mercados laborales que no funcionan de manera eficiente, en particular en las zonas rurales. Esta pérdida de mano de obra puede en algunos casos, como en los países del Sahel, exacerbar los problemas de seguridad alimentaria, ya que los jóvenes que dejan los campos no son reemplazados, y una parte creciente de la tierra queda sin explotar.

La emigración puede también ser fuente de problemas sociales, empezando por el asunto de la desintegración familiar. La salida de uno o los dos padres puede, en ciertos casos, dejar a los niños y niñas con problemas psicológicos, sobre todo cuando la ausencia dura varios años y no tienen la oportunidad de verse con ellos. Estos “hijos de las remesas” tienen la posibilidad de acceder a una vida mejor, y especialmente a una mejor educación, gracias al dinero enviado por sus progenitores. Sin embargo, al mismo tiempo, debido a que los familiares encargados de cuidarlos no tienen la misma responsabilidad ni autoridad que los padres puede ocurrir que el sentimiento de abandono se traduzca en deserción escolar y a veces en un problema creciente de violencia.

A largo plazo, la emigración puede incluso convertirse en una trampa de pobreza para el país de origen. En la medida en que la salida de una parte de la fuerza de trabajo alivia la presión sobre el mercado laboral y que las remesas representan una red informal de seguridad social, los gobiernos no tienen los incentivos para llevar a cabo las reformas estructurales necesarias, en particular en materia laboral o social. Este fenómeno de trampa de pobreza puede explicar por qué algunos países prefieren desarrollar políticas dirigidas a enviar una parte de la fuerza laboral al exterior, en lugar de desarrollar políticas activas de empleo en los propios países. La fuerte dependencia de las remesas de algunas economías en desarrollo también supone un problema cuando estas remesas dejan de llegar, como ha sucedido en el periodo 2008-09 con la crisis económica mundial.

 

Políticas públicas para maximizar los beneficios

El impacto de la emigración sobre el desarrollo depende mucho de las políticas implementadas por los Estados. Estas políticas pueden contribuir a minimizar los costes de la emigración o maximizar sus beneficios. Para limitar los principales efectos negativos, es importante tener una estrategia orientada hacia los que se quedan atrás, en particular niños y niñas.

Los emigrantes potenciales tienen que entender primero los riesgos de emigrar sin documentos, de ser víctimas de tráfico humano y de dejar a sus hijos con otras personas. Se pueden conducir campañas de información en diferentes medios de comunicación así como en las escuelas. Las autoridades públicas también pueden brindar apoyo a los familiares que se quedan atrás y a las personas que tienen a cargo a los hijos de los emigrantes. En particular, se puede dar asistencia legal, social y financiera a los hogares con padres ausentes, como es el caso de Filipinas y Sri Lanka, y realizar un acompañamiento psicológico para ayudar a los que permanecen en el país a hacer frente a los problemas de salud mental y depresión.

 

Países donde las remesas representan más del 15% del PIB

 

Para maximizar los beneficios de la emigración, los países de origen tienen que empezar por reducir los costes de las remesas –una de las metas de los ODS– mediante políticas dirigidas a incrementar la competencia y la transparencia en el mercado financiero. Eso implica eliminar los acuerdos de exclusividad que existen en ciertos países con los operadores de transferencias de dinero y facilitar el acceso a la información financiera a través, por ejemplo, de la creación de sitios en Internet que comparen los costes del envío de remesas. Los impuestos a las remesas también deberían eliminarse, ya que no solo incrementan los costes, sino que contribuyen a desviar las remesas de los canales oficiales.

Para canalizar las remesas hacia la inversión productiva, las autoridades públicas pueden crear mecanismos como los “bonos de la diáspora”, es decir, préstamos provenientes de los ciudadanos instalados en el exterior, que permiten a los países de emigración realizar proyectos ambiciosos de desarrollo gracias al apoyo de la diáspora. En la misma perspectiva, el Estado puede promover las iniciativas de los emigrantes a través de mecanismos como, por ejemplo, el Programa 3×1 para Migrantes, con el que el gobierno mexicano pone tres pesos (uno el gobierno federal, otro el estatal y el último del municipio) por cada peso aportado por las asociaciones de emigrantes en el exterior. Este tipo de programas, que existen en varios países de América Latina, permiten financiar proyectos locales de desarrollo y apalancar el impacto económico y social de las remesas colectivas en las comunidades. La organización de ferias en los principales países de destino de los emigrantes también constituye una buena manera de proveer información sobre las oportunidades de inversión en los países de origen, además de poner en contacto a los emigrantes con otros inversores y con los principales actores del mercado.

Otro objetivo para los países en desarrollo es promover la circulación de cerebros. En lugar de intentar frenar la fuga –lo que resulta muy difícil en la mayoría de los casos– es más efectivo atraer a los talentos en el exterior para que vuelvan de manera permanente o temporal y contribuyan así al desarrollo de sus países de origen. Esto se puede hacer mediante sistemas de préstamos para los que quieren estudiar en el extranjero. Si se quedan en el país de destino o emigran a otro país, tienen que pagar su deuda; si, al contrario, deciden volver al país de origen, el préstamo se convierte en beca y no tienen que reembolsar nada. Atraer a los emigrantes cualificados también supone la existencia de mecanismos simples de homologación de los títulos académicos e incentivos específicos como salarios preferenciales en la función pública o subsidios para la investigación científica y la educación superior. La circulación de cerebros puede significar visitas de corto plazo durante las cuales los talentos enseñen o participen en proyectos puntuales de desarrollo.

Los gobiernos pueden apoyarse en sus diásporas científicas para contribuir a la transferencia de tecnologías y conocimientos. Los emigrantes altamente cualificados pueden participar en proyectos de investigación que sean de interés para el desarrollo de sus países de origen. De hecho, los progresos rápidos en los medios de comunicación y de información han favorecido la expansión de redes transnacionales y han permitido la colaboración entre comunidades científicas ubicadas en diferentes países. Las diásporas pueden también contribuir al invertir económicamente en sectores innovadores. Este ha sido el caso de la diáspora india, que ha invertido masivamente en la industria informática de su país y ha permitido crear de este modo la base para un desarrollo tecnológico puntero.

 

El papel de las políticas sectoriales de desarrollo

Más allá de las políticas directamente focalizadas en las migraciones, las políticas sectoriales desempeñan un papel importante en la manera que la emigración afecta el desarrollo. Los resultados preliminares del proyecto “Interacciones entre políticas públicas, migraciones y desarrollo” mencionado muestran cuáles son los principales programas que permiten apalancar el impacto de la emigración sobre el desarrollo. En primer lugar, las políticas activas de empleo permiten compensar los efectos negativos relacionados con la pérdida de mano de obra. Esto implica que se adopten medidas para integrar mejor los mercados laborales locales entre sí y que haya más esfuerzos para formalizar las actividades económicas, incluso en las zonas rurales. La generalización de las agencias de empleo en todo el territorio, como ha hecho Armenia en los últimos años, es una buena manera de consolidar los mercados laborales y permitir así a los trabajadores encontrar oportunidades en todo el país y a los empleadores conseguir trabajadores más allá del territorio local.

Los programas de protección social y de educación también contribuyen a incrementar los beneficios de la emigración. Las ayudas financieras estatales para garantizar el acceso a la salud, mediante sistemas extendidos de protección social, o para financiar la educación de los niños, por ejemplo a través de transferencias monetarias (condicionadas o no), permiten aliviar las restricciones de crédito de los hogares. Los que reciben remesas pueden entonces utilizarlas para llevar a cabo proyectos de inversión productiva en lugar de dedicarlas a gastos de educación o salud. De la misma manera, las políticas agrícolas que permiten a los hogares tener un ingreso adicional estable hacen que las familias receptoras de remesas inviertan una mayor parte de este dinero en compra de tierras, insumos y máquinas agrícolas.

Por añadidura, los programas de educación financiera pueden contribuir a que los hogares receptores de remesas las usen de manera más productiva. El objetivo de estos programas (que se pueden dar a toda la población y no solo a los receptores de remesas) es que gracias a un mejor conocimiento del funcionamiento de las instituciones financieras y legislaciones vigentes, las familias entiendan la importancia de utilizar los servicios bancarios formales y planificar su presupuesto. De manera general, los programas de educación financiera ayudan a las familias, en particular a las que reciben remesas a definir objetivos financieros, seleccionar los productos bancarios adecuados y planificar mejor su futuro.

El retorno también es importante para los países de origen, ya que los que vuelven traen consigo un capital valioso, sea en términos financieros, humanos o sociales. La experiencia adquirida en el exterior puede alimentar el desarrollo del país que logra no solo atraer estos emigrantes de retorno, sino también mantenerlos en el país de manera permanente. Fuera de las políticas de atracción de los cerebros fugados ya mencionadas, las políticas sectoriales de desarrollo pueden contribuir a crear un entorno favorable para que los retornados se queden, lo que implica que tengan acceso a empleos acordes a sus competencias o tengan la posibilidad de realizar inversiones rentables, que se beneficien de mecanismos adecuados de protección social y que sus hijos e hijas reciban una educación de calidad.

Dicho de otra manera, el éxito de una política de retorno no reposa exclusivamente en la adopción de unas políticas orientadas hacia los retornados, sino también en la existencia de una combinación de políticas públicas que creen las condiciones favorables para garantizar la sostenibilidad del retorno a largo plazo.

 

La emigración como opción

La emigración de una parte de la población representa una oportunidad grande para los países de origen, tal como lo reconoce la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Pero la contribución de la emigración al desarrollo depende en gran medida de las políticas implementadas por el Estado. El problema es que, en muchos casos, los responsables políticos no entienden suficientemente bien las implicaciones potenciales de la emigración en su área de trabajo. Eso puede ocurrir, por ejemplo, cuando un gobierno, a través del ministerio de Educación, gasta millones de dólares para desarrollar competencias específicas, pero la mayoría de la gente cualificada decide emigrar a otros países donde existe una demanda elevada –y mejor remunerada– para este tipo de competencias. Una mejor comprensión de las necesidades del mercado laboral nacional, pero también del contexto migratorio, ayudaría a las autoridades públicas a diseñar políticas más adecuadas a las necesidades de la población y de la economía.

Es por eso que las estrategias de desarrollo deberían tener en cuenta el impacto de las políticas sectoriales sobre la decisión de emigrar de la población, sobre el uso de las remesas y sobre la sostenibilidad del retorno.

Esto no significa que la emigración deba ser considerada una estrategia de desarrollo por sí misma. Muchos países se han desarrollado sin registrar movimientos masivos de su población hacia el exterior y, al contrario, países con altas tasas de emigración no han logrado salir de la trampa de pobreza generada por la emigración. De hecho, la noción misma de desarrollo debería llevar precisamente a que los habitantes de un país tengan la opción de emigrar si así lo desean, pero que la emigración no sea la única opción para salir adelante.

Los países de emigración pueden sacar también lo mejor del proceso migratorio y salir de la trampa de pobreza generada, en particular, por las remesas. Esto exige que se adopten políticas adecuadas y coherentes que permitan hacer de la migración un verdadero motor para el desarrollo.

Imprímelo
Convertir la migración en motor del desarrollo

Deja un comentario

Tu e-mail no ser publicado. Los campos obligatorios estn marcados por *