CARGANDO

¿El final de la no proliferación?

¿El final de la no proliferación?

Belén Lara | 1 de mayo del 2017

El desafío de Corea del Norte y la incertidumbre sobre las políticas de Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping suponen un parón en los avances en materia de desarme y no proliferación que tan buenos resultados han dado desde la década de los ochenta.

Los acuerdos sobre control de armamentos, desarme y no proliferación nuclear que tantos años y esfuerzos han necesitado comienzan a ser víctima de las crecientes tensiones geopolíticas. Los nueve Estados que poseen armamento nuclear (China, Corea del Norte, Estados Unidos, Francia, India, Israel, Pakistán, Reino Unido y Rusia) están inmersos en la ampliación y/o modernización de sus arsenales, mientras no existe perspectiva alguna de que se vayan a alcanzar nuevos acuerdos. Más bien existe el riesgo de que las tensiones y la inestabilidad acaben con tratados considerados grandes hitos del desarme, como el Tratado INF (Intermediate-Range Nuclear Forces) o el nuevo START (Strategic Arms Reduction Treaty). También se ha puesto en peligro la necesaria cohesión para seguir avanzando en el marco del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) al considerar la mayoría de los países que no poseen armamento nuclear que ha llegado la hora de prohibirlo y erradicarlo.

El constante desafío de Corea del Norte y la incertidumbre de la posible respuesta del presidente de EEUU, Donald Trump, que además está cuestionando el acuerdo alcanzado con Irán en 2015, ha propiciado el debate sobre si Europa, Japón y Corea del Sur –incluso Taiwán y Arabia Saudí– se deben dotar de armas nucleares. Tampoco es una buena noticia que Pakistán, que posee el quinto arsenal nuclear, sea además el santuario de los yihadistas más radicales, al tiempo que ha proporcionado tecnología nuclear a Corea del Norte y a Irán.

Desde que hace más de 70 años se fabricara la primera bomba nuclear y se utilizara, se ha avanzado mucho en materia de no proliferación y desarme. La actual arquitectura de acuerdos multilaterales y bilaterales es indispensable para fortalecer la seguridad mundial y frenar la carrera de armamentos.

 

Siglas contra la proliferación nuclear

El TNP es, en palabras del exsecretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon “uno de los acuerdos multilaterales más importantes de la historia y la piedra angular del régimen mundial de no proliferación nuclear”. Entró en vigor en 1970 y es revisado cada cinco años. En 1995 se decidió que su duración fuera indefinida. Se puede considerar casi universal, pues 191 países se han adherido a él. Aunque su denominación solo hace referencia a la no proliferación, también el desarme es parte fundamental de sus objetivos. Los Estados que no poseen armamento nuclear se comprometieron a no desarrollarlo o adquirirlo por otros medios, mientras que los países que lo poseían se comprometían a reducir sus arsenales hasta llegar al desarme. La asimetría es evidente, mientras unos se comprometían de inmediato a no acceder a las armas nucleares, los otros las abandonarían en un futuro indefinido.

Los cinco países reconocidos como poseedores de armamento nuclear, y por tanto obligados por el TNP son China, EEUU, Francia, Reino Unido y Rusia. India, Israel y Pakistán, que también las poseen, no lo han firmado y Corea del Norte lo abandonó en 2003.

La próxima conferencia de revisión del TNP a celebrar en 2020 será importante porque coincide con el 50º aniversario de la entrada en vigor del tratado, pero también porque en la última celebrada en 2015 no se alcanzó un consenso en el documento final. Uno de los motivos fue la anexión rusa de Crimea ya que, en 1994, Ucrania firmó el TNP como Estado no nuclear, después de ceder a Rusia el tercer arsenal más grande del mundo, con la condición de que EEUU, Reino Unido y Rusia se comprometieran con la seguridad de Ucrania en caso de uso de la fuerza contra su integridad territorial, firmando el Memorándum de Budapest, que pasó a ser parte constitutiva del régimen de no proliferación. Precisamente uno de los garantes se anexionó Crimea, rompiendo todo lo pactado, pero el memorándum no contiene medidas punitivas. La otra razón para que no hubiera consenso en 2015 se debió a la imposibilidad de establecer una zona libre de armas nucleares en Oriente Próximo.

La primera reunión del comité preparatorio de la conferencia de revisión de 2020, a celebrar en Viena en mayo de 2017, es especialmente importante para evitar que ocurra lo mismo que en la anterior. Más aún, porque el comité está obligado a encontrar la vía que permita debatir sobre el desarme evitando la confrontación, algo difícil cuando la reunión se celebra entre dos convocatorias para negociar un tratado de prohibición de armas nucleares que ha abierto un cisma entre los miembros del TNP.

Los países sin armas nucleares, apelando al artículo 6 del TNP, que obliga a lograr el desarme nuclear, propusieron convocar en 2017 una conferencia para negociar un instrumento legal vinculante que prohíba las armas nucleares, dirigido a su total eliminación. Se votó a finales de 2016 en la Asamblea General de la ONU: 123 países votaron a favor, 38 en contra y 16 se abstuvieron. Francia, EEUU, Reino Unido y Rusia votaron en contra junto con todos los países miembros de la OTAN (excepto Holanda que se abstuvo), además de Australia, Corea del Sur, Israel y Japón. China, India y Pakistán también se abstuvieron y Corea del Norte –sorpresivamente– votó a favor. Los que votaron en contra son partidarios de un desarme “paso a paso” e indefinido en el tiempo, como se ha ido logrando hasta ahora, y se oponen a la negociación de cualquier tratado multilateral que prohíba las armas nucleares de manera inminente. Los que votaron a favor consideran que, casi 50 años después, la obligación de desarmarse no se ha cumplido –ni hay señales– y estiman que la prohibición es necesaria para avanzar en la agenda global de desarme. La realidad es que cualquier tratado que pretenda prohibir las armas nucleares, si quiere ser efectivo, ha de contar con el apoyo de las potencias nucleares. No obstante, el proceso abierto ayudará a deslegitimar aún más las armas nucleares y a fortalecer las normas contra su uso.

Asimismo, el artículo 7 del TNP establece que nada en dicho tratado afecta al derecho de cualquier grupo de Estados a firmar acuerdos regionales que aseguren la total ausencia de armas nucleares en sus respectivos territorios. En la actualidad, existen cinco tratados que regulan cinco Zonas Libres de Armas Nucleares: el de Tlatelolco (1967) para toda América Latina y el Caribe; Rarotonga (1985) para el Pacífico Sur; Bangkok (1995) para el sureste asiático; Pelindaba (1996) para África; y el de Asia Central (2006). Además, en 1992 Mongolia se declaró Estado no nuclear y así ha sido reconocido por la ONU. Otros tratados que abogan por la desnuclearización de regiones son: El Tratado de la Antártida (1959); El Tratado del Espacio Exterior (1967); El Acuerdo sobre la Luna y otros cuerpos celestes (1979); y el Tratado del Mar (1971). Estos acuerdos regionales suponen una importante aportación al objetivo global de la no proliferación nuclear.

 

Cualquier tratado que pretenda prohibir las armas nucleares, si quiere ser efectivo, ha de contar con el apoyo de las potencias nucleares

 

Otro tratado multilateral con gran incidencia sobre la no proliferación es el CTBT (Comprehensive Test Ban Treaty), que prohíbe realizar pruebas con armas nucleares. Se abrió a la firma en 1996, pero todavía se encuentra en fase de ratificación. De los 183 países que lo han firmado, solo 164 lo han ratificado. El requisito para que entre en vigor es que los 44 Estados con “capacidad nuclear” lo hayan ratificado, y ocho todavía no lo han hecho, entre ellos China, EEUU, Irán e Israel. Francia, Reino Unido y Rusia sí lo han ratificado y Corea del Norte, India y Pakistán no lo han firmado. Aunque no ha entrado en vigor, ya está en funcionamiento el sistema internacional de monitorización previsto en el texto, con 301 detectores (casi el 90% de los 337 a instalar) con capacidad para detectar explosiones nucleares en cualquier lugar del mundo.

El origen del CTBT se encuentra en el LTBT (Limited Test Ban Treaty) de 1963, que también era multilateral y prohibía las pruebas nucleares submarinas, en la atmósfera y en el espacio exterior, pero no las subterráneas. También en el TTBT (Threshold Test Ban Treaty) de 1974, un acuerdo bilateral entre EEUU y la Unión Soviética que prohibía las pruebas nucleares de más de 150 kilotones (10 veces la de Hiroshima). Desde que en 1945 EEUU realizara la primera prueba de un arma nuclear hasta que el CTBT las prohibió, se estima que se han producido más de 2.000 ensayos. Desde entonces, solo tres países los han realizado: India y Pakistán, en 1998, y Corea del Norte en este siglo.

Además de estos acuerdos multilaterales existen otros dos tratados bilaterales entre EEUU y Rusia muy importantes porque han conseguido reducir de manera significativa el armamento nuclear de ambos países: el nuevo START, firmado por Barack Obama y Dmitri Medvedev en 2010, que limita las fuerzas nucleares estratégicas desplegadas; y el Tratado INF, firmado por Ronald Reagan y Mijail Gorbachov en 1987.

El nuevo START limita el número de cabezas nucleares desplegadas a 1.550, y el número de vectores desplegados para su lanzamiento (misiles y bombarderos) a 700.  El tratado expira en 2021, pero tiene una cláusula de extensión para cinco años, siempre que Moscú y Washington decidan activarla. Permite mantener desplegadas un número de fuerzas nucleares capaces de imponer unos costes inaceptables a cualquier rival, pero no obliga a eliminar el contingente de cabezas y misiles no desplegado. La realidad es que, desde comienzos de 2014, tanto EEUU como Rusia han incrementado el número de sus armas nucleares y las están modernizando.

Este acuerdo es heredero del START I que se firmó en 1991, cinco meses antes de la desaparición de la Unión Soviética, que limitaba el número de cabezas nucleares desplegadas por cada parte a 6.000, en un máximo de 1.600 vectores de lanzamiento. Su importancia radica en que supuso la eliminación de más del 70% de las armas nucleares estratégicas existentes en esa fecha. En 2002 George W. Bush y Vladimir Putin firmaron el SORT (Strategic Offensive Reductions Treaty), con el objetivo de que en diciembre de 2012 solo hubiese entre 1.700 y 2.200 cabezas nucleares estratégicas. Al denunciar EEUU unilateralmente el Tratado ABM (Anti-Ballistic Missile) de 1972 para desplegar su sistema antimisiles, el SORT quedó sin efecto.

Lamentablemente, cuando el nuevo START expire marcará el final de una época en el control de armamentos, ya que parece ser el último de una serie de importantes acuerdos que han servido para reducir y equilibrar el armamento nuclear estratégico desplegado por ambos países. Trump considera que el nuevo START es “malo y desigual”, lo que sumado a las tensiones en torno al Tratado INF, obstaculiza que se pueda dar el siguiente paso, la eliminación de las cabezas y misiles almacenados, ya que la disuasión funciona con las fuerzas desplegadas y no con las guardadas.

El Tratado INF prohibía tanto a EEUU como a la URSS tener o probar misiles en plataformas terrestres cuyo alcance estuviera entre los 500 y 5.500 kilómetros. El acuerdo ayudó a acabar con la carrera de armamentos y favoreció la estabilidad. En 2014 Washington denunció que Rusia lo estaba violando al desplegar en territorio europeo misiles de crucero SSC-8, un misil rápido e indetectable que puede realizar un ataque nuclear por sorpresa en un espacio de tiempo muy breve. Obama se marcó tres objetivos con respecto a Rusia y el Tratado INF: evitar que Moscú obtuviera algún tipo de ventaja de esta violación; reafirmar el compromiso de EEUU con la seguridad de sus aliados europeos y asiáticos; y convencer a Rusia de respetar el tratado. Consiguió los dos primeros, pero claramente no logró el tercero.

Trump todavía no ha decidido qué hacer, pero las opciones que se barajan no resultan muy halagüeñas. Podría optar por desplegar misiles del mismo tipo en Europa o facilitárselos a los aliados europeos. Es más que dudoso que tal opción resulte útil militarmente o consiga que Rusia vuelva al INF; más bien significaría el final del tratado porque EEUU también lo estaría violando. Vendérselos o transferírselos a los aliados no sería una estricta violación del INF, pero sí de su espíritu y de lo estipulado en el TNP, y le daría a Rusia la mejor excusa para denunciar el tratado. Además, como los aliados no estarían de acuerdo con el despliegue de los misiles en su territorio, la OTAN quedaría debilitada, lo que daría más ventajas a Putin.

Por otro lado, a pesar de que Trump ha dejado claro su apoyo a la Alianza, y ya no considera que esté obsoleta, existe cierta preocupación en Europa sobre la constancia y firmeza de ese compromiso. Trump es tan impredecible que algo antes impensable como contar con una disuasión nuclear europea, es ahora objeto de intenso debate. La idea probablemente nunca pase del mero diálogo a plasmarse en un plan de acción, porque con el Brexit y la casi unánime oposición –interna y externa– a que Alemania tenga armamento nuclear, la denominada “Eurodisuasión” consistiría en que Francia redirigiera su arsenal nuclear a proteger Europa, poniéndolo bajo un mando conjunto y con un plan de financiación compartido. Realmente existen muy pocas posibilidades de que Francia acepte perder el mando de su fuerza nuclear nacional de disuasión para cedérselo a Europa.

 

La clave: dialogar con Rusia

El Tratado INF tiene un impacto directo y muy positivo sobre la seguridad europea, y todos los países del Viejo Continente quieren que siga vigente. Es por ello que Europa debería invertir su capital político en dialogar con Rusia para que vuelva a la senda del INF. También debería convencer a Trump de que es necesario mantener el acuerdo con Irán –que él considera “el peor acuerdo jamás negociado”– porque ha reforzado el régimen de no proliferación y ha frenado el peligro de que Irán se haga con la bomba nuclear. Además debería recordarle algo que parece haber olvidado: que es un acuerdo multilateral y que debe contar con las otras partes.

Lo ideal sería conseguir un acuerdo similar con Corea del Norte, que en la actualidad es el mayor reto al que se enfrenta el régimen de no proliferación, no solo por su programa nuclear, sino porque ha asistido con tecnología nuclear a Irán y a Siria, y porque cuanto más material fisible posea, más riesgo hay de que lo venda a otros países e incluso a actores no estatales o grupos terroristas, y más teniendo que hacer frente a duras sanciones económicas. Pero Trump no está dispuesto a negociar y para que Pyongyang abandone su programa nuclear –algo que no hará porque se ha convertido en su única garantía de supervivencia– parece decidido a endurecer las sanciones económicas, sin abandonar la posibilidad de realizar un ataque y arrasar las instalaciones nucleares norcoreanas, algo que otros presidentes ya desecharon. La nueva administración estadounidense también baraja la posibilidad de desplegar armas nucleares en Corea del Sur, lo que supondría el primer despliegue nuclear fuera de EEUU desde el final de la guerra fría, una incuestionable provocación y una violación del TNP. Además, acabaría para siempre con el objetivo de conseguir una península de Corea libre de armas nucleares.

Cuando el futuro es incierto y las perspectivas de poder llegar a nuevos acuerdos de desarme y control de armas nucleares son lejanas, la mejor opción es trabajar con ahínco para preservar los tratados existentes y mantener el régimen internacional de no proliferación que hasta ahora tan buenos resultados ha conseguido.

Imprímelo
¿El final de la no proliferación?
La penúltima provocación de Corea del Norte

Deja un comentario

Tu e-mail no ser publicado. Los campos obligatorios estn marcados por *