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#ISPE 903. 1 septiembre 2014

#ISPE 903. 1 septiembre 2014

| 1 de septiembre del 2014

La agencia de prensa Ruptly mantiene en la berlinesa Postdamer Platz una redacción que alberga a 110 periodistas. Financiada por el Kremlin desde hace un año, Ruptly es solo uno de los muchos altavoces que usa el régimen de Vladimir Putin para difundir una visión del conspirativa de la realidad internacional que presenta a Occidente como el origen de todo tipo de imposiciones unilaterales al resto del mundo.

La cadena internacional RT (antes Russia Today) es la joya de la corona del formidable aparato propagandístico de Moscú, con 2.500 colaboradores, periodistas y expertos en su nómina. El canal internacional de noticias de 24 horas de RT, que ya supera a la CNN en visionados en YouTube, llega a unos 100 países con una audiencia potencial de 644 millones de personas. En Reino Unido es la tercera cadena extranjera de mayor audiencia, con 2,5 millones de espectadores, solo después de la BBC Sky News. Un 90% de los rusos obtiene casi toda la información que recibe de medios oficialistas, lo que explica en gran parte la popularidad de Putin, cercana al 87%. Según el Levada Center de Moscú, solo el 2% de los rusos ve regularmente la cadena opositora TV Rain, frente al 71% de la cadena estatal Rossiya-1.

La cadena privada putinista NTV, como todas las estatales, difunde sistemáticamente historias sensacionalistas sobre supuestas amenazas extranjeras a la seguridad rusa. Solo el 24% de los rusos dice que busca información en Internet. En los últimos meses, las principales webs opositoras han sido bloqueadas o cerradas por orden judicial, incluida la del líder opositor Alexei Navalny.

Todos los blogs con más de 3.000 lectores diarios están obligados a registrarse ante las autoridades y someterse a las mismas regulaciones de los medios de comunicación de masas, con lo que los blogeros corren un riesgo permanente de ser encausados y condenados. Debido a la larga historia de manipulación informativa del régimen soviético, los rusos son especialmente proclives a creer en teorías conspirativas, como la que RT difundió para atribuir el derribo del vuelo MH17 de Malaysian Airlines a un intento fallido de Ucrania de atacar el avión en el que Putin regresaba desde Brasil a Moscú.

La eminencia gris del sistema informativo putinista es Dmitri Kiselyov, director de RT y de la televisión pública rusa y presentador del programa dominical Noticias de la Semana del Canal-1, donde se ha hecho famoso por sus incendiarias declaraciones ultranacionalistas. Kisleyov está en en la lista de personalidades rusas sancionadas por Estados Unidos y la Unión Europea. La manipulación de RT por el caso del vuelo MH17 provocó la renuncia de la periodista británica Sara Firth y la norteamericana Liz Wahl. La presentadora estrella de los servicios en español de RT es la venezolana-estadounidense Eva Golinger, a la que Hugo Chávez llamaba la “novia de la revolución bolivariana”.

La hora de las armas

La realidad virtual creada por los medios oficiales rusos juega un papel decisivo en el conflicto de Ucrania. Lo primero que hicieron las milicias de “autodefensa” prorrusas en la cuenca del Donbás (región de Donetsk y Lugansk) fue apoderarse de los estudios de televisión y las emisoras de radio locales para enlazarlas con las cadenas oficiales rusas.

George Kennan, el arquitecto de la política de contención de la Unión Soviética durante la guerra fría, advirtió que Rusia solo puede tener en sus fronteras “vasallos o enemigos”. Para confirmarlo, Igor Korotchenko, editor de una revista especializada en asuntos militares cercana al Kremlin, ha declarado que “Ucrania puede ser un Estado enemigo, pero de ningún modo uno fuerte”. Todo ello anticipa que Putin endurecerá su política en Ucrania para hacer desistir a Kiev de sus esfuerzos para integrarse en las instituciones europeas –o al menos obtener para las provincias del este del país una autonomía que les conceda un poder de veto sobre su política exterior.

El presidente ucraniano, Petro Poroshenko, quiere aumentar el gasto militar en 3.000 millones de dólares en los próximos tres años pese a que la moneda ucraniana se ha depreciado un 60% desde enero y a que el país sobrevive por una línea de crédito de 17.000 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional.

Porosehenko no se va a dejar intimidar. El 90% de los ciudadanos apoya su resistencia a las ambiciones hegemónicas de Moscú, por lo que lo más probable es que las elecciones legislativas anticipadas que acaba de convocar le den la mayoría parlamentaria que necesita para intentar dar una solución militar a la crisis. Kiev sabe que –al menos por ahora–, cualquier cese del fuego solo servirá para que los rebeldes consoliden sus posiciones.

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