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Dos trabajadores inspeccionan los daños tras un ataque aéreo en el centro de mantenimiento del puerto de Hodeida, en Yemen, el 27 de mayo de 2018. GETTY

#ISPE: Alepo, Mosul, Hodeida…

| 25 de junio del 2018

Desoyendo las advertencias de Naciones Unidas y el Pentágono, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos se han lanzado al asalto de Hodeida, principal puerto yemení y por donde el país recibe el 70% de los alimentos que importa. La situación está provocando la batalla más dura de la guerra de Yemen, equiparable a la que devastó Alepo en Siria o Mosul en Irak, y una de las mayores crisis humanitarias de las últimas décadas.

Aunque la coalición árabe liderada por Riad y apoyada por Washington ha logrado expulsar a los rebeldes huzíes del sur de Yemen, sus milicias, surgidas de la marginada minoría yazidí, una rama del islam chií, siguen manteniendo el control de Saná, de su feudo histórico en el norte montañoso del país y de la mayor parte del litoral yemení en el mar Rojo.

Riad acusa a los huzíes de usar el puerto de Hodeida para abastecerse de armas, misiles, munición y explosivos iraníes, algo que niegan los inspectores de la ONU encargados de revisar los barcos que llegan a sus muelles.

El medio millón de habitantes de Hodeida está hoy atrapado entre los combates y los bombardeos aéreos, que han interrumpido los suministros de provisiones, agua y medicinas. Unos 15 millones de yemeníes no tienen acceso a agua potable porque las plantas de tratamiento han sido destruidas.

Según la ONU, Yemen sufre la peor epidemia de cólera registrada en el mundo en el último medio siglo y hasta 8,4 millones de los 28 millones de yemeníes se encuentran en riesgo de morir por inanición.

La coalición árabe ha arrebatado ya a los huzíes el aeropuerto de Hodeida y están a escasos 10 kilómetros del puerto. El enviado especial de la ONU, Martin Griffiths, está intentando que los huzíes cedan el control de Hodeida a una autoridad internacional, lo que eliminaría la razón de la ofensiva saudí, pero hasta ahora no ha habido resultados. De hecho, la ONU y Cruz Roja ya han retirado a su personal de la zona de operaciones.

Los príncipes Mohamed bin Salman de Arabia Saudí y Mohamed bin Zayed de Abu Dhabi, líderes de la coalición, no van a dar su brazo a torcer hasta que los rebeldes se desmarquen de Irán, entreguen sus armas y garanticen la seguridad de su frontera Sur. Pero es improbable que los huzíes se desarmen unilateralmente o vayan a creer las promesas de Riad, que en 1934 invadió Yemen por primera vez y se anexionó tres de sus provincias.

Washington transmite mensajes contradictorios. El secretario de Estado, Mike Pompeo, ha dado consentimiento tácito a las operaciones militares saudíes, pero el secretario de Defensa, James Mattis, ha advertido a Riad de que la ofensiva podría terminar en un fracaso militar y político. La razón es simple: incluso la caída de Hodeida alteraría poco la dinámica subyacente de la guerra yemení. Irán ha logrado rentabilizar el conflicto con una modesta inversión económica, al arrastrar a Riad a una guerra que no puede ganar mientras que los huzíes, guerreros consumados, no van a desaparecer de sus territorios ancestrales a menos que se les extermine.

Un problema añadido es que Donald Trump necesita que sus aliados regionales hostiguen a Irán en todos los frentes posibles, después de retirar a EEUU del acuerdo nuclear con Teherán.

Yemen se ha desintegrado en una miríada de cantones étnicos y sectarios con sus propias autoridades, que están utilizando la guerra para enriquecerse con el contrabando de alimentos, combustibles, armas y medicinas.

Las múltiples guerras de Yemen y la infiltración de Al Qaeda y Dáesh en su territorio podrían tener efectos irreversibles para la unidad del Estado.
Pero aunque Washington, Londres y París venden masivamente armas a la coalición, todos han evitado enviar tropas. Según The New York Times, sin embargo, comandos de EEUU están ayudando a la coalición a localizar y destruir los misiles que los huzíes utilizan para atacar Arabia Saudí.

Adama Dieng, asesor especial de la ONU para la Prevención del Genocidio, ha pedido al Consejo de Seguridad que investigue posibles crímenes contra la humanidad cometidos por los saudíes. Según los Convenios de Ginebra, el apoyo a ataques indiscriminados contra poblaciones civiles puede ser constitutivo de complicidad con crímenes de guerra.

Una decena de ONG internacionales ha dirigido una carta abierta al presidente francés, Emmanuel Macron, solicitándole que posponga la conferencia humanitaria para Yemen convocada el 27 de junio y que cuenta con la copresidencia saudí.

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