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#ISPE: Canadá en el punto de mira de Trump

| 2 de julio del 2018

Estados Unidos y Canadá comparten la frontera desmilitarizada más larga del mundo (8.900 kilómetros) y el segundo mayor intercambio comercial bilateral, después del de EEUU con China: 670.000 millones de dólares en 2017. Según el departamento de Comercio, EEUU tuvo un superávit con Canadá de 8.400 millones de dólares, sin contar con los servicios.

Durante los últimos 20 años Canadá ha sido el principal destino de las exportaciones de la de EEUU: 18% del total. El carácter abierto de la frontera ayuda mucho. Según el Banco Mundial, la tarifa media que aplica Canadá a sus importaciones es del 3,1%, frente al 2,4% que aplica EEUU. A pesar de ello, en la cumbre del G-7 en Quebec Donald Trump tildó al primer ministro canadiense, Justin Trudeau, de “deshonesto e hipócrita” por advertir de que Canadá aplicará la “ley del talión” en una eventual escalada de la guerra comercial con EEUU: arancel por arancel y dólar por dólar.

El gobierno canadiense ya ha aprobado tarifas punitivas a importaciones estadounidenses –incluido el whisky– por valor de 12.800 millones de dólares que han sido apoyadas unánimemente por el Parlamento de Ottawa.

En Quebec, Trudeau dijo que era “insultante y absurdo” que Washington esgrimiera la seguridad nacional para justificar la imposición de un arancel del 25% al acero y el aluminio, como si Canadá representara una amenaza cuando ha luchado lado a lado con EEUU en muchas de sus guerras.

Aún así, contando con las últimas tarifas al acero, al aluminio, las lavadoras y los paneles solares, unos 12.000 millones de dólares en exportaciones canadienses han sido gravados por los aranceles de Trump, frente a los 8.000 millones de la UE y los 3.500 millones de China.

Trump ha justificado su decisión por la protección que da Canadá a su industria láctea, blindada por aranceles del 270%. La cantidad de leche que pueden producir los granjeros canadienses se establece mediante un estricto –y casi soviético– sistema de cuotas y licencias que mantiene estables los precios de la leche, los huevos, el queso y la mantequilla.

Pero las exportaciones de productos lácteos de EEUU a su vecino apenas suponen el 0,2% del total, lo que explica la perplejidad de los canadienses ante el áspero trato que está recibiendo de su poderoso vecino.

Ambos países comparten el pasado colonial británico, el idioma y un grado de desarrollo similar, pero las cosas que los separan son igualmente importantes, sobre todo el Estado benefactor similar al de la UE que tiene Canadá y que según algunos esa es la principal razón de la animadversión de Trump al país y a su popular primer ministro.

El problema es que aun puede venir lo peor: la retirada de Washington del Nafta, el tratado de libre comercio del América del Norte. Según un estudio de Scotiabank, sin el Nafta el PIB canadiense se contraería un 1,8% hacia 2020. No es extraño. EEUU absorbe el 75% de las exportaciones de Canadá.

Una ruptura afectaría la profunda imbricación de las cadenas productivas y de suministro transfronterizas, especialmente en la industria del automóvil. Muchas de las más importantes industrias de EEUU, Canadá y México –desde el automóvil a los accesorios– son hoy verdaderamente “norteamericanas” al articular una cadena productiva de dimensiones continentales.

Si EEUU abandona el Nafta, muchas fábricas se cerrarán en Ontario, el motor de la economía canadiense, desencadenando un efecto dominó de devastadoras consecuencias en el sector de componentes y autopartes.

EEUU compra los tres millones de barriles diarios de petróleo que importa de Canadá, un 60% del petróleo del total, a unos 40 dólares, ocho menos que el precio medio del barril que exportan los países de la OPEP, lo que contribuye a bajar la factura energética de Washington.

En esas condiciones, Fen Hampson, profesor de la Universidad Carleton de Ottawa, cree que con su dureza contra Canadá Trump está enviando un claro mensaje al resto del mundo: “Si podemos tratar a los canadienses de este modo, imagínense lo que les puede pasar a ustedes”.

Ante esos retos, Canadá va a tener que diversificar su economía y sus asociaciones comerciales para poder reducir su dependencia económica –y política– de EEUU. Pero para ello va a tener que rebajar el peso de las materias primas y recursos naturales en sus exportaciones y sustituirlas por tecnología y manufacturas ligeras en una transición que le requerirá décadas.

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