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Tropas turcas celebran la toma de control de Afrin. Marzo de 2018./ bulent kilic/afp/getty images

La ofensiva turca en Afrin

Jean Marcou | 14 de junio del 2018

La política kurda del AKP y las consecuencias del conflicto sirio en el proceso de paz explican la ofensiva, que tendrá repercusiones estratégicas para Turquía.

Entre enero y marzo de 2018, el ejército turco emprendió una ofensiva militar que le permitió tomar el control del enclave de Afrin, hasta entonces en manos de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza de milicias sirias, que representan a varias comunidades, y de las Unidades de Protección Popular (YPG), brazo armado del Partido de Unión Democrática (PYD), que ostenta el poder en Rojava. Es difícil hacer balance de esta operación, que Turquía bautizó como “Rama de olivo”. Si el avance del ejército turco, al principio frenado por los sangrientos combates, se aceleró a partir de marzo fue porque las FDS decidieron no entablar una batalla frontal con un ejército convencional, y replegarse a la parte oriental de Rojava.

Para entender las razones de esta ofensiva sobre Afrin y sus consecuencias, primero hay que repasar la evolución de la política kurda del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP); después mostrar que, en el plano interior, el conflicto sirio ha sido fatal para el “proceso de paz”, pues ha desembocado en la implicación militar de Turquía. Por último, conviene examinar el reposicionamiento estratégico de Ankara con respecto a sus aliados occidentales y otras potencias regionales.

 

Las múltiples caras de la política kurda del AKP

Fin del “proceso de paz” en Turquía en 2015, ruptura de relaciones con los kurdos iraquíes en 2017 tras la celebración de un referéndum de independencia, ofensiva militar en el Kurdistán sirio en 2018… ¿Cómo se ha llegado a este punto? Es una pregunta que puede surgir al recordar que, cuando llegó al poder, el AKP decía querer aportar una solución política a la cuestión kurda y modificar su percepción regional de ese problema enquistado.

Así, en el plano exterior, desde 2007 Ankara sorprende en el norte de Irak estableciendo una alianza estratégica con el Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) y convirtiéndose en su principal socio económico. Este acercamiento pretende debilitar al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), cuyos campamentos base están en las montañas de Qandil, en Irak. A nivel interior, el gobierno de Recep Tayyip Erdogan, que ha iniciado las negociaciones de adhesión con la Unión Europea (UE), se muestra dispuesto al diálogo con los kurdos. En 2009, pone en marcha una primera iniciativa, “la apertura democrática”, que se paraliza al cabo de unos meses, sobre todo cuando el partido kurdo legal de aquel momento es disuelto por el Tribunal Constitucional, entonces aún bajo el dominio de los kemalistas nacionalistas hostiles a la política kurda del AKP. En esa época, se habla incluso de una posible convergencia entre el partido gobernante y los parlamentarios kurdos para mejorar el Estado de Derecho y llevar a cabo las reformas que el país necesita. Un nuevo intento, consistente en reuniones secretas entre el PKK y los servicios de información turcos (MIT), tiene lugar un año después (2010-2011) en Oslo, Noruega. Sin embargo, también acaba en fracaso.

A partir de finales de 2012 llega la iniciativa más seria, que adoptará el nombre de “proceso de paz”. El gobierno turco arranca conversaciones con el líder encarcelado del PPK, Abdullah Öcalan, mientras que parlamentarios de la formación kurda Partido Democrático de los Pueblos (HDP) se desplazan entre la prisión donde se encuentra öcalan, en la isla de Imrali, y los distintos órganos decisorios de la guerrilla kurda, en Irak y Europa. Tras unos inicios prometedores y el comienzo de una retirada de las tropas del PKK de territorio turco, el desarrollo de las operaciones emprendidas se ve perturbado por los acontecimientos de Gezi que sacuden el país a mediados de 2013. Aunque formalmente se prolongará hasta el verano de 2015, el “proceso de paz” nunca llegará a retomarse, enterrado en una agenda donde se imponen otras prioridades. A finales de 2013, aflora el conflicto abierto entre el AKP y el movimiento Gülen, con las consiguientes primeras purgas en el seno de la policía y la justicia. El año 2014 estará dominado por un calendario electoral cargado. Tras los comicios municipales de primavera, en verano se celebran las primeras elecciones presidenciales por sufragio universal. La victoria que lleva a Erdogan a la presidencia cambia la naturaleza del sistema político turco y lo concentra en la persona del fundador del AKP. Cuando por fin “el proceso de paz” intenta en 2015 renacer de sus cenizas, el país ya está en campaña para las elecciones legislativas de junio. Convencido de que una postura nacionalista le favorecerá y permitirá obtener los medios para establecer el régimen presidencial autoritario con el que sueña, Erdogan vuelve la espalda a su planteamiento inicial de la cuestión kurda y anuncia que ya no hay nada que negociar…

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