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Nuevos dólares para viejos problemas

| 13 de noviembre del 2013

El pasado 8 de octubre comenzó a circular en Estados Unidos el nuevo billete de 100 dólares. Aunque conserva el retrato de Benjamin Franklin, cuenta con nuevas características, como una banda con hologramas y el dibujo de una campana en un tintero, que cambia de color según desde donde se mire. Con una tirada inicial de 3.400 millones, retrasada durante más de dos años debido a complicaciones técnicas, la Reserva Federal pretende evitar el contrabando de los llamados “benjamines,” el billete más falsificado fuera del país (dentro, el honor corresponde al de 20 dólares). Los 8.900 millones de billetes antiguos se continuarán usando, y al ser su vida media de 15 años su reemplazo no será inmediato.

Con todo, la iniciativa no pondrá un punto final a la falsificación. El reverso del nuevo billete obligará a sus falsificadores a realizar costosas inversiones en nuevas planchas de impresión. Algunos de ellos, sin embargo, cuentan con el respaldo de gobiernos enteros. Es el caso de Corea del Norte, cuyo régimen totalitario promociona proyectos de dudosa legalidad, como la producción de cigarrillos y fármacos de contrabando. Su falsificación de “superdólares”, impecablemente reproducidos, podría ser de hasta 45 millones de dólares, la mayoría en billetes de 100. Diplomáticos norcoreanos transportan el dinero falso al extranjero, donde es blanqueado: se calcula que una embajada en Europa del este llegó a lavar 30 millones empleando esta fórmula.

Desaparecidos los billetes de 500, 1.000, 5.000 y 10.000, mientras que el “Certificado de Oro” de 100.000 jamás se empleó en la calle, ni la moneda del billón de dólares se ha llegado a acuñar, el de Franklin es el billete estadounidense más valioso. Pero es lo suficientemente pequeño como para ser utilizado con frecuencia. Sobre todo fuera de EE UU: entre la mitad y dos tercios de los billetes de 100 dólares circulan en el extranjero, constituyendo el objetivo más codiciado por los falsificadores. Perú es otro peso pesado de la falsificación, si bien su gobierno, a diferencia del norcoreano, no la tolera ni la subvenciona.

Pero el dólar no es la única moneda comúnmente imitada. En la zona euro, la circulación de billetes falsos ha aumentado un 26% entre 2012 y 2013. Los billetes de 20 y 50 euros son los más falsificados, constituyendo un 82% del total. El de 100 queda en un distante tercer lugar, con un 12% de la cuota. Pero el 98,5% de los 317.000 billetes falsos se incautaron dentro de la eurozona, lo cual sugiere que la reproducción del euro, a diferencia de la del dólar, se realiza dentro las fronteras europeas. De momento no se contempla el diseño de nuevos billetes, aunque el Banco Central Europeo renovó el de 5 euros a comienzos de 2013.

Un contraste interesante entre la renovación de euros y dólares es su diseño. El billete de 100 dólares siempre ha lucido retratos de dirigentes estadounidenses. La UE, comunidad política en pañales, decora sus billetes con arquitectura ficticia. Ante la ausencia de líderes europeos de consenso, los billetes nuevos contienen un holograma de Europa.

En España, sin embargo, el problema de la falsificación compite en importancia con el del uso de billetes de 500 euros en la economía sumergida. A pesar de la reciente reducción en su circulación, en nuestro país se ha llegado a concentrar el 26% del total de billetes morados, cantidad que no guarda relación con el peso económico de España en la Zona euro. Y es que su relación volumen/valor los convierte, lamentablemente, en el contenido ideal de un sobre. Nuestro dinero se acuña en Europa y no en América, pero salvando esta diferencia acertó Francisco de Quevedo:

Nace en las Indias honrado,

Donde el mundo lo acompaña;

Viene a morir a España,

Y es en Génova enterrado

 

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