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¿Qué hacer con la nueva Rusia?

Mark Leonard y Nicu Popescu | 1 de enero del 2008

Los diversos intereses, historias y geografías de los miembros de la UE se traducen en una división de enfoques hacia Rusia. La defensa del imperio de la ley podría ser un paradigma aglutinador válido ante la falta de unidad de los europeos en sus relaciones con Moscú.

Para la Unión Europea, Rusia se ha convertido en el factor de división más acusado desde que el ex secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, separó a los Estados miembros entre “nuevos” y “viejos”. En la década de 1990, a los integrantes de la UE les resultaba fácil ponerse de acuerdo sobre la forma de tratar en común con Moscú. Confluyeron en una estrategia, ahora hecha jirones, consistente en tratar de democratizar y occidentalizar a una Rusia débil y endeudada. La galopante remontada de los precios del petróleo y del gas ha hecho que Rusia sea más poderosa, que coopere menos y, sobre todo, que tenga un menor interés en unirse a Occidente.

Aunque la UE no ha logrado transformar Rusia durante la época de Vladimir Putin, este país sí ha tenido una gran influencia sobre la Unión. En el campo energético, centrándose en determinados países miembros, Moscú está firmando acuerdos de larga duración que minan en sus principios esenciales la estrategia común de la Unión. En lo tocante a Kosovo, está bloqueando los avances en las Naciones Unidas. Respecto al Cáucaso y Asia central, las iniciativas rusas han logrado realmente expulsar a la UE de una zona en la que quería fomentar las reformas políticas, resolver conflictos y forjar pactos energéticos. Además, en Ucrania y Moldavia, Moscú se ha esforzado mucho, y con cierto éxito, en mitigar el atractivo del marco europeo.

El nuevo desafío que Rusia supone para la UE va más allá de la amenaza de cortes de suministro energético o de los bloqueos en el seno de la ONU, puesto que el país se está convirtiendo en una alternativa ideológica a la Unión, con una forma diferente de entender la soberanía, el poder y el orden mundial. Mientras que el proyecto europeo se basa en el imperio de la ley, Moscú cree que las leyes sólo son expresiones del poder, y que cuando el equilibrio de poder cambia, las leyes también deben hacerlo para reflejar esa situación. En la actualidad, Rusia está intentando revisar las cláusulas de sus acuerdos comerciales con empresas petrolíferas occidentales y códigos de conducta diplomática como el Convenio de Viena, a la vez que ha suspendido pactos militares como el Tratado sobre Fuerzas Convencionales en Europa. Moscú trata, además, de establecer una relación de “interdependencia asimétrica” con la UE. Mientras que los líderes de la Unión creen que la paz y la estabilidad se construyen mediante la interdependencia, los dirigentes rusos se esfuerzan por crear una situación en la que la UE necesite más a Rusia que ésta a la UE, sobre todo en el sector energético.

 

La fragmentación del poder europeo

Con el fin de mejorar la calidad del debate europeo, el ECFR ha realizado una auditoría sobre la influencia de la energía en la relación entre la UE y Rusia, examinando tanto los recursos de que disponen una y otra como sus respectivas capacidades para materializar los objetivos de sus políticas…

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