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Administración Trump y política de defensa de EE UU

FÉLIX ARTEAGA
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Aunque tanto en la campaña como después de ella todas las decisiones parecían girar en torno a Trump, la política de defensa de EE UU deberá funcionar en equipo o no funcionará. Lo difícil no es tener ideas en cuestiones de seguridad nacional, sino traducirlas en objetivos y estrategias.

Finalizada la campaña electoral, el futuro presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su equipo se encontrarán con el de la administración saliente para conocer en detalle la situación actual, los retos de futuro y las opciones posibles. Con esos datos en la mano y tras el proceso de transición, el presidente y su equipo tendrán que comenzar a definir su política de defensa sin sentirse constreñidos por los argumentos electorales.

En su planeamiento se enfrentan a retos internos derivados de su falta de cuadros y experiencia, así como a unos presupuestos recortados para reducir la deuda nacional. Tras criticar con dureza a la administración anterior por debilitar el poder militar y recortar el gasto destinado a la defensa, la nueva administración pretende aumentar los presupuestos y estructuras de las fuerzas armadas para hacer frente a un contexto estratégico repleto de conflictos heredados y emergentes. No podrá aislarse de ellos porque saldrán a su encuentro, tal como ocurrió a las administraciones anteriores. Mientras, los rivales y aliados de EE UU estarán atentos para ver si la nueva administración consuma algunas propuestas electorales que sustituirían la previsibilidad tradicional de la política exterior y de seguridad de EE UU por la incertidumbre, restando credibilidad al liderazgo de la Casa Blanca en la seguridad internacional.

Si la administración Trump se instala en el populismo, sus decisiones sobre defensa no se alejarán de las percepciones de la calle. En mayo de 2016, el Pew Research Center efectuó el último gran sondeo disponible sobre la política…

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