POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 183

Firma del Tratado de Münster, 15 de mayo de 1648, que dio lugar con el tratado de Osnabrück a la Paz de Westfalia. (Óleo sobre lienzo de Gerard ter Borch, 1617-81, Rijksmuseum, Amsterdam). WIKIMEDIA COMMONS

Barbarie europea en nombre de la religión

MARCOS SUÁREZ SIPMANN
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Hace cuatro siglos comenzaba la guerra de los Treinta Años. Con un origen religioso, la denominada guerra civil europea pronto se convirtió en una encarnizada lucha por el poder.

Los libros de Historia señalan el 23 de mayo de 1618 como el inicio de la guerra de los Treinta Años. En la llamada defenestración de Praga, un grupo de nobles bohemios protestantes arrojó por la ventana a los gobernadores imperiales católicos reunidos en el palacio real. La razón: recelos entre las respectivas confesiones.

Se plantea así si la guerra fue una consecuencia directa de la Reforma 100 años antes. La respuesta es no. Con la Paz de Augsburgo de 1555 se había intentado resolver el problema resultante de la Reforma. Incluso existían soluciones internas, como en Francia, con la conversión al catolicismo de Enrique IV (“París bien vale una misa”). La dimensión confesional alimentó y espoleó conflictos tanto internos como de hegemonía continental. De la misma manera, tampoco resultó evidente de inmediato que lo ocurrido en Bohemia originaría una terrible conflagración continental. En el Sacro Imperio, la “paz de las religiones” establecía la obligación de los súbditos a profesar la religión que eligieran sus respectivos príncipes (cuius regio, eius religio). Es cierto que esto no solucionaba por completo la cuestión. Desde hacía décadas, católicos y protestantes se acusaban mutuamente de malévolas distorsiones de lo acordado. Lo sucedido en Praga fue un episodio más.

 

Guerra y Contrarreforma en el Sacro Imperio

La casa de Austria controlaba en el siglo XVII los dos Estados más importantes del continente: España y el Sacro Imperio. El mantenimiento del estatus religioso perturbaba la cohesión interna del enlace Madrid-Viena. El afán de Fernando II por unificar el Sacro Imperio imponiendo el catolicismo, junto a su rivalidad con varios príncipes que gobernaban sus Estados, fue el…

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