POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 180

El Mediterráneo no es solo cuna de Estados, sino de sus sociedades y ciudades. Al igual que hizo en 1995, Barcelona tiene hoy activos para reformular la política euromediterránea. GETTY

Barcelona, renovar la mediterraneidad

POL MORILLAS Y EDUARD SOLER I LECHA
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POCAS ciudades hay que se asocien tan directamente a una prioridad política como Barcelona con el Mediterráneo. Esto es así porque Barcelona desempeñó un papel esencial en el lanzamiento y consolidación del partneriado euromediterráneo. Pero también porque desde hace décadas en esta ciudad han florecido todo tipo de iniciativas que tenían como objetivo fortalecer y diversificar los lazos entre ambas orillas del Mediterráneo.

Hay, cómo no, un momento clave. Lo que en inglés llamarían a critical juncture, pero que en este caso adquiere una dimensión de momento fundacional. Hace más de 20 años, en Barcelona se concretó la idea que algunos pioneros habían lanzado de establecer un partenariado entre los países de la Unión Europea y los socios del Sur y el Este del Mediterráneo. Era un momento especial. Había terminado la guerra fría y se temía que tras desmantelar el telón de acero, se erigieran otros muros, esta vez en el Sur. También había esperanza y anhelo de paz, especialmente tras la firma de los Acuerdos de Oslo. ¿Si la paz entre Israel y los palestinos era posible, por qué no acompañarla de una dinámica de colaboración más amplia? Europa tenía ambición, y el Mediterráneo era una de sus prioridades.

En aquel momento confluían distintas narrativas. El Mediterráneo se presentaba como un foco de amenazas, reales o potenciales. Pero también como un reto, una oportunidad y una responsabilidad compartida. Además, la manera de afrontar el Mediterráneo reflejaba la definición que Europa quería tener de sí misma: la de un modelo de integración regional que otros podían replicar, basado en principios de apertura y buena gobernanza.

La propia idea de pensar en clave mediterránea es parte de lo que podríamos llamar el acquis de Barcelona. Hay muchas formas de pensar nuestras relaciones con el Sur y cada una de…

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