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Brasil, presente y perspectivas

ALBERT FISHLOW
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Los cambios de los últimos 15 años han sido radicales. La planificación presupuestaria del gasto es más transparente, el Banco Central es independiente en la práctica, las autoridades reguladoras se mantienen intactas y el comercio internacional ha adquirido mayor importancia.

El libro del editor para las Américas de The Economist, Michael Reid, El Continente olvidado, publicado en inglés en 2007, giraba en torno a la búsqueda por parte de Latinoamérica de ?sistemas políticos efectivos y equitativos, por una parte, y un desarrollo y un crecimiento económico sostenidos, por otra?. Allí, Brasil, incluso después de los presidentes Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva, ?seguía lidiando con un crecimiento económico relativamente lento, un Estado abotargado, injusticia social, crímenes violentos y corrupción política?. A pesar de todo, era ?hora de mirar más hacia el futuro con, como mínimo, un optimismo prudente?.

Trasladémonos a dos años después. The Economist tituló entonces su sección especial sobre Brasil ?Aclarándose por fin?, y afirmaba a renglón seguido: ?Brasil no era más que promesas. Ahora empieza a cumplirlas?. La aceleración del crecimiento económico en 2007 y 2008, la constante y gradual mejora en la desigual distribución de la renta, el haber esquivado gran parte de las reacciones negativas derivadas de la gran recesión y las espléndidas perspectivas en cuanto a la producción futura de petróleo, han surtido efecto. Estos factores se han combinado no sólo para confirmar el merecido lugar que ocupa Brasil entre los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), sino también, y más concretamente, para mejorar su categoría en los mercados crediticios.

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