POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 172

Brexit: balance provisional de sus consecuencias

JOAQUÍN ALMUNIA
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El futuro de Reino Unido está en riesgo por una decisión de sus ciudadanos. Ello no puede significar que la UE esté también en riesgo. Reforzar la integración es algo que debemos a las generaciones que la pusieron en marcha y a los jóvenes que la necesitan para su futuro.

La decisión de David Cameron de convocar un referéndum para que los británicos pudiesen optar entre quedarse en la Unión Europea o abandonarla ha provocado un cataclismo político, además de fuertes turbulencias económicas. Tras conocer el resultado a favor del Brexit, el desconcierto y las incertidumbres sobre el futuro de Reino Unido y de la propia UE se mezclan con fuertes críticas a la frivolidad del todavía primer ministro británico y con análisis de urgencia sobre lo que pueda suceder de aquí hasta el final del proceso de “desconexión” de Londres respecto de Bruselas, en función de las distintas alternativas posibles.

El referéndum del 23 de junio, inoportuno y planteado sin convicción, ha ofrecido en bandeja a los populistas euroescépticos una plataforma desde la que han podido utilizar todo tipo de falacias y tergiversaciones, llevando el debate al terreno que más les interesaba: el del miedo a los flujos migratorios y la mitificación del ejercicio de la soberanía nacional sin cortapisas, ignorando que para la obtención de resultados en el siglo de la globalización es mucho más eficaz compartir decisiones con quienes, más allá de la frontera, afrontan problemas similares y sostienen los mismos valores.

El triunfo del Brexit pone en cuestión algunos de los rasgos que siempre hemos admirado en la forma de ser de los británicos. Y más en particular de los ingleses, que son quienes más han apoyado el “Leave”: su visión positiva de la economía y las sociedades abiertas, su cosmopolitismo, su pragmatismo a la hora…

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