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Cambio climático: realidad cotidiana

TATIANA NUÑO
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Si de verdad asumimos nuestro compromiso con el cambio climático, tenemos que ver con urgencia políticas que incentiven las energías limpias y el derecho de la ciudadanía a producirlas, y directrices claras que regulen el abandono de las energías sucias y peligrosas.

La revolución industrial se caracterizó por un conjunto de cambios y avances industriales, científicos y tecnológicos que marcaron las bases de un modelo social que apoyaría sus cimientos en el crecimiento y la producción.

El desarrollo de la minería del carbón fue esencial para el progreso de la revolución industrial, ya que este mineral se convirtió en fuente de energía que movía las máquinas, particularmente la de vapor. El carbón pasó entonces a ser consumido y, en mayores cantidades, en el ámbito industrial, además de en el doméstico. En 1812 se creó en Londres la Gas Light and Coke Company, primera compañía de gas del mundo para proveer alumbrado público con gas producido a través de carbón. En 1895, con la aparición de los primeros automóviles, que necesitaban gasolina, aumentó de manera exponencial la demanda de petróleo y en los años siguientes se consumiría en grandes cantidades. Este nuevo combustible fósil se conocía desde la prehistoria pero se usó muy poco hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Se calcula que de 1957 a 1966 se utilizó casi la misma cantidad de petróleo que en los 100 años anteriores.

Esta forma de producción basada en la extracción y quema de los combustibles fósiles dispara las emisiones de CO2 a la atmósfera, a la vez que incrementa de forma alarmante la brecha en el desarrollo industrial y comercial que hay entre los diferentes países.

Pasarán muchos años hasta que comiencen las investigaciones climáticas, y no será hasta finales del siglo XIX cuando los científicos ya argumentan que las emisiones…

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