POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 158

Carta de China: La obsesión tecnológica de los nuevos mandarines

EUGENIO BREGOLAT
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La historia contemporánea china está marcada por la búsqueda de la modernización, apostando por la ciencia, la tecnología y la educación. Hoy, el país camina decidido hacia la sociedad del conocimiento.

Para comprender a fondo el proceso histórico de China en el último tercio de siglo es imprescindible tener en cuenta la obsesión tecnológica de sus dirigentes. A diferencia de Japón o Corea del Sur, China parte de un pasado glorioso de innovación. Joseph Needham, en su monumental Science and civilization in China (18 gruesos volúmenes publicados entre 1954 y 1995, seguidos de otros que sigue publicando el Needham Research Institute de la Universidad de Cambridge), concluye que China, desde varios siglos antes de nuestra era hasta mediados del siglo XV, producía cada siglo unas 15 ideas científicas, capacidad de innovación no igualada por otras grandes civilizaciones antes de la revolución industrial, incluida la griega. Francis Bacon subrayó que de China procedían los tres inventos que más profundamente cambiaron el mundo –la pólvora, la imprenta y la brújula–, sin los que el Renacimiento europeo y la modernidad habrían sido impensables. El almirante Zheng He, 70 años antes del viaje de Colón, conducía expediciones de 20.000 hombres a las costas de África oriental; entre las tres carabelas sumaban 79 tripulantes.

¿Por qué a mediados del siglo XV, justo cuando Europa despertaba de un sueño de 1.000 años, se secaron las fuentes de la creatividad china? Esta es la Needham question. No hay respuesta segura. Lo cierto es que China, encerrada tras su muralla, perdió el tren de la revolución industrial. La guerra del Opio (1840) supuso un amargo despertar: los navíos de acero ingleses aniquilaron la flota de madera china. Nunca se podrá insistir lo suficiente acerca del impacto del siglo de humillación posterior sobre la conciencia colectiva del pueblo chino…

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