POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 166

Carta de Europa: Srebrenica 20 años después

FRANCISCO DE BORJA LASHERAS
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Fueron entre 7.000 y 8.000 asesinatos entre el 11 y el 13 de julio de 1995. La matanza de Srebrenica fue el colofón de una secuencia de actos genocidas y de limpieza étnica cometidos en los Balcanes.

Incluso para estándares balcánicos, Bosnia Este, con sus montañas, valles y bosques, es una región aislada, mal comunicada, cuyas carreteras a menudo se cortan por la nieve. Este aislamiento afecta en especial a algunas municipalidades y MZs, comunidades locales (mjesne zajednice), que hoy incluyen a gran parte de exrefugiados y desplazados internos, bosnios en su mayoría (de forma un tanto simple denominados musulmanes bosnios), que volvieron a su lugar de origen tras la guerra. El aislamiento que también es político y social, al ser hoy minoría en áreas donde antes de 1992 eran mayoría.

Destartaladas fábricas de armamento e industria química de la etapa de Tito definen el paisaje en áreas como Foca o Gorazde. También lo hacen carteles con la calavera, avisando de zona de minas, paralelos a la línea divisoria entre las dos entidades (Federación croata-musulmana y República Srpska) que, de mala manera, forman el Estado bosnio. El éxodo rural a Sarajevo, Bania Luka o Belgrado era una realidad en Bosnia Este antes de la guerra. La depresión económica y el estancamiento aquí es aún mayor que en el resto de un país de facto en respiración asistida por los “internacionales”.

Es en esta región, la del valle del río Drina, que inspiró la novela de Ivo Andric, El Puente sobre el Drina, hoy integrada en su mayor parte en la República Srpska, donde tuvo lugar el grueso de las matanzas y la limpieza étnica que hicieron de Bosnia una de las mayores ignominias en la historia moderna de Europa. Los focos de la CNN se centraron en Sarajevo y su…

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