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China y los países del golfo Pérsico: energía y estrategia

XULÍO RÍOS
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La integración entre los países del Golfo y China es creciente. Todas las divisas de los países del CCG, excepto el dinar de Kuwait, están vinculadas al dólar y decenas de occidentales forman parte de los consejos de administración de primer nivel de la región. Pero eso no amedrenta a China.

China lleva tiempo reforzando sus lazos con los reyes y jeques que gobiernan los ricos Estados petroleros árabes del golfo Pérsico, a la vez que mantiene un firme apoyo a Irán, adversario de la mayoría de los países de la región. Referente indiscutible de un nuevo núcleo de consumo de energía en el mundo, China se mueve veloz para asegurar la fortaleza de sus vínculos energéticos con estos Estados, al tiempo que también estos vislumbran en el país asiático una oportunidad de primer orden para ampliar su cartera económica internacional desarrollando unas relaciones que en su conjunto podríamos decir que son menos tensas que las mantenidas con Washington. El creciente apetito de crudo obliga a China a involucrarse cada vez más en los asuntos de la zona, tanto en el orden comercial como diplomático, y en ella su capacidad comercial e inversora se atisba con indisimulado júbilo. El aumento de sus inversiones en el sector petrolero y minero y los grandes esfuerzos desplegados para incrementar la venta de sus productos y servicios subrayan el nuevo papel económico de China en el área en cuestión.

La atención china hacia el golfo Pérsico responde, en primera instancia, al deseo de mantener abiertas todas sus opciones para asegurar el suministro energético que alimente su rápido crecimiento. Los recursos energéticos han guiado la mayor parte de su política en la región, buscando mantener buenas relaciones con todos los países del entorno. Desde 1993 China importa productos petrolíferos y desde entonces ha dependido crecientemente…

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