POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 130

Cuba: de utopías y empecinadas realidades

YOANI SÁNCHEZ
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Es común que los defensores del actual sistema cubano comparen esta isla con Haití, para demostrar las grandes ventajas de la revolución que llegó al poder en 1959. Otros prefieren confrontar nuestra calamitosa economía con la de países del primer mundo, como Suecia u Holanda, con la intención de remarcar el naufragio del proceso que comenzó hace 50 años. Ambos ejercicios retóricos irritan a los que habitamos este peculiar y prolongado experimento caribeño.

La Cuba de hoy sólo hay que contrastarla con aquella que nos prometieron desde las tribunas, en los años en que se hablaba de un futuro luminoso que nunca llegó. Con sus absurdos cotidianos, la actual situación es la evidencia más fuerte del descalabro de la proyectada utopía.

Los problemas diarios que padecemos son muchos y muy irritantes, pero lo más angustioso no es el número ni la gravedad de las dificultades, sino la casi nula posibilidad de hacer algo para resolverlas. La impotencia que sentimos los ciudadanos cubanos para solucionar -por las vías establecidas- los aprietos de alimentación, vestuario, vivienda, transporte o comunicación, lleva a muchos a tener que elegir entre irse del país o violar las leyes. La alternativa que propone el gobierno es que cada cual cumpla cabalmente con su deber, con lo que supuestamente sería posible elevar la productividad y la eficiencia y así salir del atolladero. Sin embargo, son muy pocos los que quieren invertir sus energías, su tiempo y sus recursos en un proyecto social que en cinco décadas ha dado pocos frutos.

La asfixia y el desespero se hacen más evidentes entre los jóvenes que tienen, si no el plan, al menos el sueño de vivir en otro país. No hablan de viajar, sino de salir; no están tan motivados por un sitio específico en el extranjero, como tan hastiados…

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