POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 167

De la humillación a la irresponsabilidad

JOSE PIQUER
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Las acusaciones de humillación por un lado, e irresponsabilidad por otro, debilitan la erosionada confianza que sustenta al euro y acercan el día en que el primer país miembro abandone la moneda única.

Los más fieros oponentes al último acuerdo logrado entre el primer ministro griego, Alexis Tsipras, y sus homólogos europeos alegan que las condiciones humillantes del tercer rescate condenan a Grecia a un protectorado de facto y representan la claudicación de la democracia ante la dictadura del capital financiero y el nuevo imperio alemán. Al otro extremo del espectro, los partidarios más firmes del acuerdo alcanzado la madrugada del 13 de julio lo alaban con el argumento de que es la única forma de lograr que Grecia permanezca en el euro, reconociendo que la dureza del ajuste exigido es proporcional a la irresponsabilidad de los griegos.

Como ocurre en tantas ocasiones no es el que más grita el que más razón tiene. El error fundamental de los hooligans de ambos bandos ha sido analizar la crisis griega como si se tratara de una crisis de recaudación fiscal, donde los ricos no quisieran pagar impuestos porque los pobres viven de las ayudas sociales. El problema europeo con Grecia nunca ha sido este. El desafío existencial de Europa y de Grecia es cómo hacer funcionar un proyecto que la teoría económica predijo que nunca podría funcionar.

La unión monetaria europea es un ejemplo perfecto de un área monetaria subóptima condenada a la ineficiencia económica, como repiten los economistas cada vez que pueden. Pero los fundadores del euro creyeron que esa ineficiencia podría compensarse con los beneficios de una futura integración política. Ha transcurrido más de una década desde la creación de la moneda única y la zona euro todavía no es una unión política (aún menos la Unión Europea). Por…

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