POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 163

Estrategia de Acción Exterior: logro, ‘ma non troppo’

IGNACIO MOLINA
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España ya tiene un documento oficial que reflexiona sobre su lugar en el mundo y trata de ordenar la política exterior. ¿Cuál es el futuro de un ejercicio resuelto con aciertos de fondo y errores de forma?

Durante la reciente elaboración de la Estrategia de Acción Exterior española (en adelante, Estrategia) se ha señalado con frecuencia que se trataba de una tarea inédita en nuestra historia. Sin embargo, merece la pena recordar que ya a finales de 2000 el ministerio de Asuntos Exteriores presentó un Plan Estratégico de Acción Exterior. Aquel documento pretendía renovar la actuación diplomática en el momento histórico en que España había agotado por éxito la estrategia de política exterior –nunca codificada pero claramente existente– definida desde la Transición: el célebre “España en su sitio”.

En efecto, todos los objetivos marcados se habían cumplido en el instante simbólico del cambio de milenio. No solo habíamos ingresado en la década anterior en la Unión Europea sino que, por aquel entonces, el PIB español convergía ya con la media económica de los 15 Estados miembros. De hecho, los indicadores macroeconómicos eran mejores que los de Alemania (que incumplía el Pacto de Estabilidad), la deuda pública estaba a punto de obtener la triple A de las agencias de calificación y, por supuesto, acabábamos de acceder en el grupo de cabeza a la nueva moneda común que se había bautizado como euro justo en Madrid. Estábamos a la vanguardia del proceso de integración y también de la definición de una Política Exterior y de Seguridad Común, con un español como primer alto representante de la UE.

El desarrollo democrático, económico y social del país en el último cuarto del siglo XX había ayudado además a la internacionalización espectacular de un país que a finales de los años setenta era introvertido e…

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