POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 156

Fatiga de combate

EDITORIAL
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Desde 1991, Estados Unidos se ha embarcado en una nueva empresa militar aproximadamente cada dos años. Las fuerzas de la OTAN llevan combatiendo en Afganistán más de una década. Las Naciones Unidas han puesto en marcha una nueva operación de mantenimiento de la paz cada seis meses. La mayoría de esas operaciones han incrementado su duración y se prolongan hoy de cinco a 10 años. Corea del Sur y Japón han desplegado por primera vez sus fuerzas en Oriente Próximo. En los últimos 25 años, tropas españolas han sido destacadas a los Balcanes, Afganistán, Malí, Irak, Haití, República Democrática del Congo, Líbano, Chad, el océano Índico y Uganda.

En el campo de batalla las innovaciones se suceden, en las operaciones y en la tecnología militar. La munición guiada de precisión ha evolucionado hasta demostrar su eficacia en conflicto, desde la guerra del Golfo hasta la operación Pro­tector Unificado de la OTAN en Libia, pasando por Kosovo o Afganistán. Los vehículos aéreos no tripulados (drones) son hoy parte integrante en los sistemas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento de varios ejércitos, y se utilizan cada vez más como plataforma para armas. Estos sistemas se caracterizan por el manejo de enormes volúmenes de datos y la aplicación de avanzadas técnicas analíticas. En el siglo XXI, la guerra electrónica ha pasado de la teoría a la práctica.

La guerra, además, se ha vuelto asimétrica, híbrida, irregular. Los ejércitos se enfrentan hoy a adversarios –terroristas, insurgentes y hasta piratas– que recurren a una variada gama de tácticas, desde lo más convencional hasta lo más heterodoxo. Artefactos explosivos improvisados, virus informáticos, ataques suicidas o armas químicas: todo un museo de viejos y nuevos horrores.

El 19 y 20 de diciembre se reúne en Bruselas el Consejo Europeo para tratar la defensa común. Ese mes se cumplen…

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