AFKAR-IDEAS  >   NÚMERO 61

Partidarios del movimiento chií libanés Hezbolá muestran imágenes del fundador de la República Islámica de Irán, el ayatolá Jomeini (izq.) y del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, durante las celebraciones del 40º aniversario de la revolución iraní. Beirut, 6 de febrero de 2019./Anwar Amor/AFP via Getty Images

El impacto de 1979 en la región

La revolución iraní supuso un cambio profundo en la región mediterránea. Cuarenta años después, la situación en Siria, Libia o Palestina hace difícil entrever un futuro optimista.
GEORGES CORM
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Oriente Medio, y especialmente el Este del Mediterráneo, ha conocido pocas transformaciones tan profundas como las ocurridas a partir de 1979. La toma del poder en Irán por el establishment religioso se adueñó de una amplia revolución popular contra el soberano iraní, Mohamed Reza Pahlavi, que abandonó el país para refugiarse primero en Egipto y luego en Estados Unidos. El filósofo francés Michel Foucault calificó inmediatamente esta grandiosa revolución popular de “revolución religiosa”, cuando es evidente que no fue ese su origen, cosa que se pasa por alto.

El ayatolá Jomeini, contrario al régimen del sah y refugiado en Irak, llega a París en 1978, donde el gobierno francés le instala en Neauphle-le-Château e invita a los medios de todo el mundo a recoger sus declaraciones cotidianas, a pesar de que el sah iraní sigue ocupando el trono. En ese momento, las declaraciones son muy “moderadas”: naturalmente, el ayatolá no se refiere a Estados Unidos como el “gran Satán”. Además, está rodeado de numerosos consejeros civiles, también de origen iraní, que tienen nacionalidad estadounidense. Todo lleva a creer, por tanto, que el ayatolá es uno más de los muchos “hermanos musulmanes” del tipo tradicional, ampliamente promocionados y apoyados por Washington en el marco de la guerra fría. No en vano, Estados Unidos tiene en esa época instrumentalizadas las tres religiones monoteístas –a saber, el judaísmo, el islam y el cristianismo–, para acelerar la caída de la URSS, pero también la del Movimiento de Países No Alineados, al que considera más próximo a Moscú que a Washington, y del que quiere deshacerse.

También en esa época, el gigante americano crea la organización Al Qaida y recluta a Osama bin Laden para que la dirija, en tanto que Arabia Saudí funda la Organización para la Cooperación Islámica y el Banco Islámico de…

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