AFKAR-IDEAS  >   NÚMERO 57

Irán y el desasosiego del poder

FARHAD KHOSROKHAVAR
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Los actuales movimientos de protesta ponen de manifiesto la disyunción entre el éxito en el exterior y la legitimidad interna de la teocracia islámica en el poder.

En los últimos tiempos, el gobierno iraní podía enorgullecerse de haber logrado imponer su visión de Oriente Medio a una gran parte de los actores en el poder: el gobierno de Bashar al Asad en Siria contra los países occidentales y Arabia Saudí; el poder chií en Irak contra kurdos y suníes; Hezbolá en Líbano frente a Arabia Saudí e Israel; los hutíes contra el reino saudí; la ayuda financiera de Hamás en los territorios palestinos contra Mahmud Abbas… Pero en diciembre de 2017 se iniciaron unas protestas que han puesto de manifiesto la disyunción entre el éxito en el exterior y la legitimidad interna de la teocracia islámica en el poder.

Y más en general, Irán simboliza esta paradoja: justo cuando los analistas occidentales constatan el éxito de su política exterior, en el interior del país se producen protestas en numerosas ciudades, grandes y pequeñas.

 

El movimiento fraccionado de diciembre de 2017    

El país vive un periodo de turbulencias cuya naturaleza es muy diferente de las anteriores. Las elecciones presidenciales de junio-julio de 2009 (elección de Mahmud Ahmadineyad, muy cuestionada y que gran parte de la población considera fraudulenta), las manifestaciones de los estudiantes de 1999 (aplastadas por el régimen sin que el presidente Mohamad Jatamí, elegido en 1997, interviniese a su favor) y también las protestas obreras o las de los trabajadores de las fábricas de producción azucarera o de la industria automovilística de estos últimos años han sido todas “sectoriales”. No han movilizado al conjunto de la sociedad y, sobre todo, no se han opuesto frontalmente al régimen cuestionando su legitimidad.

La mayoría de las protestas de estas…

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