POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 136

Irán-EE UU: anatomía de un compromiso

KARIM SADJADPOUR
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La política de compromiso y diálogo con Irán propuesta por Obama al principio de su mandato no ha dado los resultados deseados. Las demandas reformistas del «movimiento verde» son para algunos la oportunidad de promover el cambio político.

El deterioro de la relación de Estados Unidos con gran parte de la comunidad internacional durante la presidencia de George W. Bush, dio a varios regímenes autocráticos de todo el mundo un nuevo pretexto para sus prácticas represivas nacionales y sus políticas exteriores provocadoras. Algunos académicos, intelectuales y medios de comunicación internacionales explicaban incluso los asesinatos de periodistas y políticos libaneses en Siria, las pruebas nucleares de Corea del Norte y las usurpaciones de poder de Hugo Chávez en Venezuela como una reacción hostil a las medidas de EE UU.
Puede que en ningún lugar fuese tan evidente esta dinámica como en Irán. EE UU había invadido y ocupado los vecinos Afganistán e Irak, el presidente Bush había situado a Irán, Irak y Corea del Norte en el humillante «eje del mal», y el departamento de Estado destinó decenas de millones de dólares al fomento de la democracia en Irán. Teherán reaccionó volviéndose más intolerante en el plano nacional, adoptando una postura nuclear más desafiante e intensificando su apoyo a grupos militantes «como Hamás y Hezbolá» que se oponen a la existencia de Israel.
Muchos esperaban que la marcha de Bush y la llegada de Barack Hussein Obama alteraran drásticamente la dinámica entre EE UU e Irán. Cuando era candidato a la presidencia, Obama había defendido con firmeza un diálogo incondicional con los adversarios –lo cual le enfrentó a su entonces rival y actual secretaria de Estado, Hillary Clinton– y prometió un planteamiento más reflexivo respecto al mundo musulmán en general. Después de 30 años de rencor y desconfianza mutuos, se esperaba…

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