INFORME SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 945

#ISPE 945. 6 julio 2015

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Al contrario de lo que suele ocurrir cuando se acumulan los retrasos, la nueva postergación, hasta el 7 de julio, de las negociaciones sobre el programa nuclear iraní es una clara señal de la voluntad de Irán y del G-5+1 por alcanzar un pacto mutuamente satisfactorio. De ahí que los negociadores se hayan preocupado de enviar por adelantado mensajes restando importancia al incumplimiento de una fecha tantas veces señalada como definitiva y de escenificar la continuación de las reuniones en Viena al máximo nivel, incluyendo la presencia del secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, y del ministro de Exteriores iraní, Yavad Zarif.

Aunque no existe ninguna garantía de que finalmente se alcance un acuerdo y, mucho menos de que satisfaga a todos, ya nadie duda de que las partes van a hacer todo lo que esté en sus manos para lograrlo. La controversia ha quedado perfilada en torno a dos asuntos que Irán y EE UU consideran imprescindibles para hacer aceptable el acuerdo ante sus propias audiencias.

En EE UU, Barack Obama necesita imperiosamente demostrar al Congreso, a Israel y al Consejo de Cooperación del Golfo que ha logrado que Irán acepte un severo régimen de inspecciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) que le impida traspasar el umbral nuclear. En ese punto, la clave no es tanto fijar un número determinado de centrifugadoras o preservar un volumen mayor o menor de uranio enriquecido hasta determinado nivel como lograr que los inspectores del OIEA puedan tener acceso sin restricciones a todas las instalaciones involucradas en el programa nuclear iraní, incluyendo Fordo, Natanz y Parchin, lo que implica la ratificación iraní del protocolo adicional de 1997 del Tratado de No Proliferación (TNP).

Todo ello supone aceptar que Irán mantenga…

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