INFORME SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 977

ISPE 977. 7 marzo 2016

La cumbre ad hoc en Viena convocada por Austria y otros tres Estados miembros de la UE (Bulgaria, Croacia y Eslovenia), a la que se invitó a seis vecinos extracomunitarios balcánicos (Albania, Bosnia, Kosovo, Macedonia, Montenegro y Serbia), ha sido la primera señal de que la crisis migratoria amenaza con revertir el proceso de construcción europea de los últimos 60 años e incluso con abolir uno de sus pilares fundamentales: el acuerdo de Schengen. El objetivo era intentar cerrar la ruta de entrada a refugiados e inmigrantes por la frontera sur de Europa.

Austria ha limitado unilateralmente a 80 el número de solicitudes de asilo diarias que está dispuesta a tramitar, poniendo así fin a la generosidad inicial mostrada por el canciller Werner Faymann. La exclusión de Grecia en la cita indignó a su primer ministro, Alexis Tsipras, que en protesta llamó a consultas a su embajador en Viena. Según la Organización Internacional de las Migraciones, Grecia ha recibido más de 30.000 llegadas en lo que va de año, frente a las 5.000 del mismo periodo de 2015. A ese ritmo, el número de migrantes dentro de sus fronteras podría superar este año los cientos de miles si no se aplica algún tipo de mecanismo de redistribución en la Unión Europea.

 

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La crisis financiera griega, que tiene el sistema de pensiones al borde de la quiebra, añade un alto riesgo de desestabilización política y social e incluso una emergencia humanitaria. La cumbre de Viena también contrarió a la canciller Angela Merkel, que sigue intentando europeizar la solución a la crisis pese a que ha quedado casi aislada en la UE, como mostraron las declaraciones del primer ministro francés, Manuel Valls, al Süddeutsche Zeitung, subrayando que…

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