POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 120

La identidad política de Canadá y la cuestión de Quebec

Guy Laforest
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Canadá y su identidad contemporánea, basada en un Estado federal, bilingüe y multicultural, deben mucho a la experiencia de Quebec. Tras los fallidos referendos soberanistas en la provincia en 1980 y 1995, el país busca un proyecto nacional fuerte y auténtico a la sombra de EE UU.

En un discurso pronunciado en septiembre de 2007 ante los miembros del Parlamento de Australia, Stephen Harper, primer ministro de Canadá y jefe del Partido Conservador, recordó en francés que este idioma fue la lengua fundadora de Canadá y que los quebequenses constituyen una nación en un Canadá unido. Ante la gran sorpresa de los periodistas canadienses y extranjeros, Harper, un anglófono originario de la provincia de Ontario que, sin embargo, ha vivido la mayor parte de su vida en la rica Alberta, productora de petróleo, suele dirigirse primero en francés en las ruedas de prensa. George W. Bush y el ex presidente mexicano Vicente Fox se quedaron estupefactos. Esta realidad del papel neurálgico de Quebec y de la lengua francesa en la fundación y el desarrollo de Canadá es la que los dirigentes políticos del país quieren celebrar en 2008, en las fiestas que rodearán el cuarto centenario de la fundación de la ciudad de Quebec.

Elegí este ejemplo porque, basándome en mi contacto asiduo con la vida política e intelectual de España desde hace 15 años, creí que removería la imaginación de la gente que, preocupada por la situación de su propio país,piensa de forma habitual en Canadá –y también en Reino Unido y en Bélgica–para encontrar situaciones y experiencias comparables, con la posibilidad de enriquecer la reflexión y la búsqueda de nuevos planteamientos para problemas a veces similares. España, Canadá, Reino Unido y Bélgica son democracias liberales avanzadas y también monarquías constitucionales, atormentadas por grandes interrogantes respecto a la naturaleza…

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