POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 131

La metamorfosis de la diplomacia en la globalización

MANUEL MONTOBBIO
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La política exterior y la diplomacia han sufrido un cambio de paradigma. La globalización exige a los Estados y a las organizaciones internacionales desarrollar nuevas capacidades de pensamiento, previsión y acción. Se trata de una visión cosmopolita del sistema internacional.

Como señala Robert Cooper en El Estado postmoderno y el nuevo orden mundial (2000), el sistema internacional ha estructurado su estabilidad y funcionamiento bien a través del imperio, desde el origen de la Historia, bien a través del equilibrio entre los poderes o potencias desde el Tratado de Westfalia. El sistema internacional se conforma por actores, estructuras y dinámicas articuladoras; sean éstas, en la guerra fría, la confrontación entre capitalismo y comunismo o entre Norte y Sur, o, en el mundo del choque de civilizaciones de Samuel Huntington, la confrontación entre las propias dinámicas.

En un sistema internacional concebido y explicado desde la perspectiva de los actores, de la actuación de los Estados más allá de sus confines, de su acción en la sociedad internacional y su interacción con otros actores, la política exterior presupone que, si la posición de un Estado –en términos de población, producción y situación económica, difusión de su lengua y de su cultura, territorio, seguridad o cualquier otro indicador o variable– es X y al cabo de cierto tiempo es Y, el objetivo es que Y>X. Si la política exterior persigue, como sostiene el discurso clásico, la realización del interés nacional, ésta pasa por participar en el juego internacional según sus reglas y ganarlo. En el caso de los Estados y actores con la ambición y el poder para ello, el juego supone además la conformación de las propias reglas del juego internacional y su transformación. La diplomacia tradicional se juega, en expresión de Shaun Riordan, como el billar: “La manera en que se prefiere…

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