POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 179

La otra relación transatlántica

COSTANZA MUSU Y PATRICK LEBLOND
 | 

Canadá y la Unión Europea reivindican hoy la base de valores e intereses compartidos que dio lugar a la relación transatlántica. En el ámbito del comercio, el medio ambiente, la seguridad y la defensa, canadienses y europeos quieren liderar codo con codo.

En estos tiempos en que los funcionarios y los responsables políticos canadienses se devanan los sesos para entender la retórica y las acciones del gobierno de Donald Trump en materia de comercio, inmigración y seguridad, Ottawa no puede por menos que ver en la Unión Europea un socio relativamente más estable y cumplidor. El apoyo general de los líderes de la UE al actual sistema de gobernanza mundial está en sintonía con la visión y las prioridades del gobierno de Justin Trudeau. Ahora que tanta gente empieza a cuestionar el liderazgo mundial de Estados Unidos, Canadá y la UE tienen la oportunidad de llenar el vacío y mostrar el camino. Para ello es necesario que colaboren. ¿Cuáles son las cuestiones clave de las relaciones entre ambos socios, con especial atención al comercio, el cambio climático y la política de seguridad y defensa?

En 2016, Canadá y la UE firmaron un Acuerdo de Asociación Estratégica (SPA, por sus siglas en inglés) que iba a constituir el marco de su cooperación internacional en el futuro próximo. La oficina del primer ministro describe el acuerdo en los siguientes términos: “El SPA fija una dirección estratégica para unas relaciones y una colaboración futuras más sólidas entre Canadá, la Unión y sus Estados miembros, de orden tanto bilateral como multilateral. El SPA mejorará la cooperación en sectores importantes como energía, medio ambiente y cambio climático, emigración y pluralismo pacífico, lucha contra el terrorismo, la paz y la seguridad internacionales y el multilateralismo efectivo”. Como declaración de intenciones, el SPA pone por escrito los…

PARA LEER EL ARTÍCULO COMPLETO