Autor: Manuel Alcántara y Santiago Mariani (coords.)
Editorial: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales
Fecha: 2018
Páginas: 382
Lugar: Madrid

La política es de cine

POLÍTICA EXTERIOR
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Según Jean-Luc Godard, todo cine es político y ningún plano es neutral. Cada toma es un disparo. En Francia, las primeras imágenes cinematográficas de las que hay constancia son de la salida de un grupo de obreros de una fábrica. En España, de la salida de un grupo de feligreses de la misa del Pilar de Zaragoza. El cine, como se ve, no solo crea valores, también los refleja. Convertido desde sus inicios en un espectáculo de masas, el cine en seguida alcanzó un sentido político gracias a su capacidad de influir en la opinión pública. Lo vieron los comunistas, los fascistas y los nazis, pero también los demócratas. EEUU no dudó en alistar a los mejores directores de Hollywood (véase el documental Five Came Back, de Netflix) para que le contasen al pueblo americano por qué luchaban en la Segunda Guerra Mundial.

Pero en un ecosistema mediático en plena revolución, ¿sigue siendo el cine tan relevante, políticamente hablando, como en el siglo XX? Los coordinadores de La política es de cine, Manuel Alcántara y Santiago Mariani, defienden que sí. Según ellos, contra todo pronóstico en lo que llevamos de siglo XXI se está prestando una renovada atención a los aspectos políticos del cine. Y esto se debe a tres factores, de acuerdo con su interpretación. El primero sería la centralidad política que ha adquirido el concepto de relato: la política se ha convertido, en buena parte, en un combate por el establecimiento de relatos hegemónicos y en este terreno, el cine, forjador de relatos, se convierte en una herramienta formidable. El segundo elemento tiene que ver con las llamadas narrativas transmedia: el espacio comunicativo, el espacio mediático como territorio en continua mutación, dinámico e impredecible; en una palabra, “líquido”. En este contexto nuevo el cine, un espectáculo en aparente retroceso, se adapta al ecosistema: todavía se ruedan y se ven películas a la vieja usanza, pero la producción y el consumo del cine también está cambiando. El tercer y último elemento quizá necesite menos explicación: la espectacularización de la política. Según Alcántara y Mariani, “ahora la relación entre política y ficción es bidireccional”. A la hora de narrar valores, enmarcar problemas o crear subjetividades políticas, los formatos de la cultura popular como el cine son perfectos ante una audiencia que construye su identidad, cada vez más, mediante la interacción con relatos de ficción: series, películas, videojuegos…

En La política es de cine, Alcántara y Mariani congregan a un grupo de académicos de distintas latitudes –que tienen la ciencia política como su quehacer diario y el cine como un mecanismo imprescindible para entender los fenómenos propios de la política– y les invitan a hablar de Orson Welles, Fritz Lang, Luis Buñuel, Ridley Scott y John Ford, entre otros de los grandes. Porque, como insistía Godard, cada toma es un disparo.