POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 176

La política de la posverdad

DIEGO RUBIO
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Nuestras democracias nunca han estado más apegadas al dato factual y a la evidencia empírica que ahora. Lo que ocurre es que el marco epistemológico ha cambiado. En el mundo de hoy, la verdad no compite contra la mentira, sino contra otras verdades.

Existen muchas mentiras en torno a la posverdad. The Economist, The Guardian y The New York Times han convertido esta idea en una de las claves para explicar el último auge de los populismos, la victoria del Brexit y la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump. Bajo el toque lastimero de una corneta dorada, sus analistas han anunciado “el fin de la honestidad política” y el comienzo de una nueva “era de posverdad”, en la que el debate estará dominado por las emociones y los prejuicios del votante y no por la opinión de los expertos o la evidencia empírica.

La cuestión, sin embargo, es mucho más compleja. Requiere matices y consideraciones que, de no hacerse, podrían convertir la posverdad en parte del problema que pretende denunciar. En contra de lo que el prefijo pos- pueda sugerir, lo cierto es que la mentira ha existido siempre en política y que el dato factual nunca ha tenido tanto peso como ahora. Nada permite demostrar que las mayorías de hoy estén más dispuestas que antes a tolerar el engaño o a apoyar proyectos basados en falsedades. La verdad no ha perdido importancia. Lo que ocurre es que se ha multiplicado. Ya no es una, sino muchas, todas ellas igualmente válidas. Entender este cambio de paradigma es esencial para comprender qué está pasando y desarrollar soluciones eficaces. En el mundo de hoy, la verdad no compite contra la mentira, sino contra otras verdades.

 

Pasado: 2.500 años de posverdad

Empecemos señalando que el concepto de posverdad no es…

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