POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 143

La revolución debe continuar, su espíritu sigue vivo

OMAYMA ABDEL-LATIF
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Los egipcios que en enero pusieron en marcha la revolución demócratica viven hoy entre la incertidumbre, la impaciencia y la desconfianza. ¿Están al borde del abismo o del verdadero cambio?

En una visita a El Cairo a mediados de junio, el destacado intelectual árabe Azmi Beshara se reunió con un grupo de hombres y mujeres jóvenes que representaban la esencia de la revolución del 25 de enero. Los comentarios de Beshara en Al Jazeera durante los 18 días de la lucha por derrocar a Hosni Mubarak y su régimen resultaron inspiradores y reveladores para los activistas. Todos ellos miembros de la Coalición Juvenil Revolucionaria, hablaron sobre sus frustraciones y decepciones. Opinaban que el “espíritu revolucionario” estaba desapareciendo entre los egipcios, aún cuando no se había alcanzado casi ninguno de los objetivos de la revolución.

Ahmed Naguib, miembro fundador de la Junta de Fideicomisarios de la Revolución, habló de lo que describió como “una relación tensa” con la Junta Militar que dirige los asuntos del país desde la expulsión de Mubarak el 11 de febrero. Explicó que la junta había intentado frenar la revolución varias veces y quería volver a la situación de siempre. Islam Lutfi, un antiguo miembro de los Hermanos Musulmanes, señaló que las fuerzas políticas tradicionales estaban apropiándose del debate público invocando controversias sobre asuntos que apenas tenían que ver con las realidades cotidianas. “Emplean las mismas dicotomías que el antiguo régimen”, afirmaba Lutfi. El antiguo régimen, proseguía, usaba las categorías binarias de “nosotros” (el régimen) frente a “ellos” (los islamistas). “Ellos –los partidos políticos tradicionales– están fabricando un debate que pone a los islamistas en contra de los liberales o invocan una controversia sobre qué es lo primero, la Constitución o las elecciones, cuando las prioridades de la gente son otras”.

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