POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 120

Líbano-Palestina: los puntos muertos

GEORGES CORM
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La ruptura de equilibrios provocada por EE UU en Oriente Próximo ha llevado a Líbano al borde de una nueva guerra civil. El alineamiento de Occidente e Israel con los sectores considerados “moderados” paraliza cualquier solución para los conflictos palestino y libanés.

El drama de Líbano desde 1948, fecha de la división de Palestina, está vinculado a la persistencia del problema creado por la división y la rivalidad de las potencias regionales e internacionales por el control de esta región. En efecto, es una encrucijada estratégica entre tres continentes de la mayor importancia; posee las mayores reservas de materias energéticas del mundo y es la tierra que alumbró a las tres religiones monoteístas, que vivieron numerosas tragedias tanto en su propio seno como por las rivalidades que las enfrentaron a lo largo de la historia.

Líbano, constituido por distintas comunidades cristianas y musulmanas, se encontró, debido a su propio pluralismo, con que era un modelo contrapuesto a los sistemas de poder basados en una relación exclusiva con uno de los tres monoteísmos. Ya en el siglo XIX se había visto atrapado en el temible engranaje de la rivalidad entre franceses e ingleses por el control del Mediterráneo y de la ruta de las Indias, y también en el de las políticas contradictorias de las potencias europeas frente al Imperio Otomano que declinaba, del cual Líbano era una provincia en vías de emanciparse. En aquel momento, Francia se presentaba como una potencia católica; había contribuido a aumentar el poder de la comunidad maronita, al tiempo que respaldaba a Mohamed Ali, pachá de Egipto, que había invadido Siria y Líbano con el apoyo del emir de este último. Por su parte, para contrarrestar la creciente influencia francesa, Inglaterra se dedicaba a apoyar a la comunidad drusa de Líbano y defendía la integridad…

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