POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 65

JOYA DE ARCHIVO: Los bienes de la época del Holocausto

La cuestión de los bienes de la época del Holocausto fue uno de los problemas de la Segunda Guerra mundial que quedó apartado durante los conflictos de la guerra fría y nunca se aclaró.
STUART EIZENSTAT
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Es desalentador que durante casi medio siglo gran parte de los bienes de la época del Holocausto hayan permanecido ocultos. Al mismo tiempo, es estimulante que en los últimos años, después de la guerra fría y según se va acercando el fin de siglo, estos asuntos hayan atraído la atención del mundo y hayan hecho mella la conciencia de la humanidad. No hay duda de que ésta es una labor difícil: no es fácil para ningún país enfrentarse a períodos de su historia reciente que vuelven a abrir viejas heridas. Pero éste puede ser un proceso de reconciliación que fortalecerá a cada uno de los países involucrados y hará que llegue el siglo XX a su fin con una elevada nota de justicia.

La cuestión de los bienes de la época del Holocausto puede parecer que se pierde en un debate histórico, pero la realidad es que en los últimos años se ha puesto de manifiesto que éste fue uno de los problemas de la Segunda Guerra mundial que quedó apartado durante los conflictos de la guerra fría y nunca se aclaró. El asunto ha vuelto a la actualidad y ha despertado gran interés en la opinión pública.

Aunque siempre existe el riesgo de que al plantearse este problema reviva el antisemitismo latente en algunos círculos, no debe permitirse que se nos disuada de establecer los hechos y buscar la justicia. Todos los países, a ambos lados del Atlántico, deberían aceptar este riesgo por dos razones. La primera, porque en el medio siglo pasado se ha formado entre nuestros pueblos un consenso de que el antisemitismo, igual que el racismo y otras formas de discriminación, es un fenómeno pernicioso absolutamente inaceptable en un mundo civilizado, consenso que el gobierno norteamericano mantiene con firmeza. La segunda, porque también existe el consenso en la opinión general de nuestros pueblos y gobiernos de que todos debemos buscar la verdad acerca de este trágico período del siglo XX. No deben intimidarnos quienes al margen de la sociedad rechazan este civilizado consenso. Debemos avanzar sin temor hasta que se haga justicia.

Si se puede sacar alguna lección de la Segunda Guerra mundial y del Holocausto, es que las personas de buena voluntad no deben tener miedo y permanecer en silencio por culpa de las amenazas de elementos extremistas situados al margen de la sociedad, que únicamente se sentirían envalentonados por la falta de acción de la mayoría. La búsqueda de la verdad acerca de uno de los capítulos más sombríos de la historia del mundo debe ayudarnos a luchar a fin de conseguir un consenso internacional para reparar las injusticias y conservar la memoria del Holocausto.

Con la conferencia mundial que se celebrará en otoño se busca resolver algunas de estas cuestiones de la época del Holocausto de una forma positiva y sin confrontaciones, antes de que se conviertan en conflictos entre nosotros y enturbien nuestra visión ante el siglo XXI.

En este sentido, la conferencia del pasado mes de diciembre en Londres sobre el oro nazi fue un hito verdaderamente importante en el que cristalizó la idea de que es necesario completar el registro histórico y debe hacerse cumplir la justicia. Creo que todos los que acudieron reconocieron que se había realizado un gran progreso arrojando luz sobre hechos que estuvieron en la oscuridad durante mucho tiempo, y en la coordinación de la investigación, resolviendo difíciles cuestiones metodológicas y animando a los gobiernos a abrir sus archivos y a hacer plenamente accesibles los documentos.

La conferencia de Londres se concentró sobre todo en el oro saqueado por los nazis, se establecieron categorías de los bienes confiscados o que cambiaron de manos como consecuencia de las ventas forzadas desde 1933 a 1945.

Estados Unidos acogerá una segunda conferencia internacional para explorar este complejo ámbito, centrándose primordialmente en las obras de arte robadas y en los seguros, pero también en otros bienes, como piedras preciosas y joyas, libros y manuscritos, acciones y bonos, así como propiedades comunales.

El museo Memorial del Holocausto colabora con el departamento de Estado norteamericano en esta empresa. Tal y como se ha desarrollado en los dos decenios transcurridos desde su concepción y los cinco años desde que abrió sus puertas, el museo se ha establecido como una de las instituciones más avanzadas del mundo para la investigación y la instrucción sobre el Holocausto.

Nuestro objetivo es apoyar el impulso positivo creado por la conferencia de Londres mientras nos volvemos hacia otras clases de bienes. Los asuntos del arte y los seguros son especialmente complejos, con el registro histórico aún incompleto, muchos gobiernos e interesados no gubernamentales implicados en ellos, y sin que se hayan formado plenamente mecanismos para proporcionar una resolución justa y equitativa para los asuntos de restitución y compensación. Creemos que explorando los archivos históricos y centrando la atención de los gobiernos y ONG por igual, se pueden conseguir avances importantes en la resolución de estos asuntos de forma abierta, equitativa y esperamos que definitiva.

Como la conferencia de Londres, la de Washington no será un foro para la toma de decisiones gubernamentales. Pero queremos utilizar la conferencia y nuestros preparativos para dar forma a principios y procesos destinados a reparar las injusticias cometidas en aquellas categorías de bienes en particular. Esperamos que tal consenso pueda dar nuevo ímpetu a las estimulantes iniciativas que ya están en marcha en muchos países a cargo de gobiernos, ONG e instituciones privadas.

Las obras de arte constituyen una cuestión de resolución particularmente difícil y emotiva, debido a su significado cultural, los derechos de muchas partes, los hechos específicos de cada caso y las dificultades técnicas de la investigación sobre su procedencia, pero es también extraordinariamente importante por muchas de esas mismas razones. El debate sobre las obras de arte confiscadas por los nazis se inserta a menudo en cuestiones de soberanía y en el ámbito sagrado del legado nacional. El gobierno de EE UU tiene gran interés en ver que los asuntos relacionados con las obras de arte confiscadas por los nazis se resuelven con justicia, sensibilidad y rapidez. Queremos que el mercado internacional de arte esté abierto, estable y libre de las incertidumbres que puede tener el comercio de obras cuya historia está manchada por los saqueos nazis. Tenemos también una gran responsabilidad para con los supervivientes del Holocausto, sus herederos y familias, para arrojar luz sobre estas cuestiones y fomentar medios apropiados y rápidos de resolver.

A ambos lados del Atlántico, las obras de arte confiscadas por los nazis han recibido una atención creciente en los meses pasados, con el resultado de que ya está en marcha un trabajo alentador sobre esto. Cierto número de ONG han establecido cuerpos específicamente dedicados a identificar estas obras de arte. Comisiones de diversos países han iniciado o continuado trabajos para analizar los archivos de sus países con respecto a las obras de arte confiscadas por los nazis y examinar más atentamente la procedencia de obras que se hallan en sus colecciones nacionales. Finalmente, tras la requisición por la oficina del fiscal del distrito de Manhattan de pinturas prestadas por una fundación austriaca al Museo de Arte Moderno de Nueva York, las autoridades de los museos estadounidenses y europeos han comenzado a examinar esta cuestión.

La Asociación Americana de Directores de Museos de Arte ha dictado a sus miembros unas normas sobre la forma de tratar obras de arte de procedencia oscura, para identificar piezas que fueron confiscadas por los nazis y para juzgar con prontitud y a fondo las reclamaciones sobre la propiedad de obras específicas existentes en sus colecciones. Un trabajo semejante está en marcha entre las galerías y las salas de subasta. Al mismo tiempo, otras operaciones destinadas a establecer bases de datos sobre obras de arte perdidas y su recuperación han centrado su atención en el arte de este período.

De modo semejante, se está llevando a cabo un importante progreso en el asunto de las reclamaciones de seguros de la época del Holocausto. Pero muchos datos acerca de esta cuestión siguen siendo oscuros, y un punto de partida esencial es concentrarse en el establecimiento del registro histórico. Hay preguntas críticas que hacer. Por ejemplo ¿cómo se vieron afectados los seguros por el Holocausto? ¿Cómo resolvieron las compañías las reclamaciones de seguros? ¿Qué hicieron los gobiernos en el período de la inmediata posguerra para conceder compensaciones? ¿Qué hacen hoy los reguladores de seguros y los gobiernos? A las compañías de seguros y las autoridades gubernamentales responsables en cierto número de países se les han preguntado éstas y otras cuestiones semejantes, a las cuales no hay todavía respuestas completas.

Los esfuerzos de la Asociación Nacional de Comisarios de Seguros, el Congreso Mundial Judío y la Conferencia de Reclamaciones Materiales Judía, con los aseguradores, para resolver las reclamaciones de seguros de la era del Holocausto, son una evolución importante que los supervivientes necesitan con urgencia.

Además, los pasos dados por los aseguradores a fin de abrir sus archivos para la pertinente búsqueda de aquella época nos ayudarán a todos a adaptarnos a la tragedia que el régimen nazi desencadenó sobre el mundo.

En EE UU parece que las consecuencias del debate público pueden ser destructivas y sembrar las semillas de futuros conflictos políticos, a menos que nosotros, la comunidad internacional, intentemos juntos hallar formas cooperativas y constructivas de resolver este problema. Los asuntos irresueltos de los seguros en la época nazi pueden, por ejemplo, hacernos correr el riesgo de que la hostilidad afecte los cimientos de nuestras relaciones económicas.

Creemos que la conferencia puede enfocar el interés internacional sobre este asunto y catalizar los intentos de investigar y apresurar la negociación de las reclamaciones de seguros de la era del Holocausto de forma que se tengan en consideración las necesidades de las compañías aseguradoras, los reguladores de seguros gubernamentales y los supervivientes del Holocausto.

Tenemos el proyecto de dar forma a nuestros objetivos basándonos en la discusión que nazca de la conferencia y en las subsiguientes recomendaciones de sus gobiernos y de las ONG y otras instituciones privadas también representadas aquí. Incluso con la complejidad de las cuestiones, creo que mediante este género de consultas podemos forjar unos principios comunes para resolver estos asuntos y reflejar tal consenso naciente en la declaración de los objetivos de la conferencia que proyectamos publicar en septiembre.

Me gustaría añadir una palabra acerca del segmento final sobre la investigación, instrucción y recuerdo del Holocausto. Estamos decididos a utilizar la conferencia de otoño –y a hacer uso de los recursos y conocimientos del Museo Memorial del Holocausto– para enfocar la atención sobre estas áreas críticas. Esperamos lograr un consenso entre todos los participantes de la conferencia para que se comprometan a iniciar o a potenciar los programas de instrucción sobre el Holocausto en cada uno de sus países. Suecia ha iniciado recientemente un notable esfuerzo en este sentido. También insto a todos los países a dar pasos concretos para permitir el acceso pleno y sin estorbos a la investigación de archivos referentes a los asuntos de bienes de la era del Holocausto.

Mencioné anteriormente que nuestra agenda es el gran asunto inconcluso del siglo XX. El hecho de que los supervivientes del Holocausto, hacia los cuales tiene la comunidad internacional la responsabilidad de procurar justicia urgentemente, estén falleciendo confiere premura a esta tarea. Pero también esperamos que todos los países involucrados intensifiquen los esfuerzos para examinar sus antecedentes y confrontar su historia, en sus términos y a su manera. Es esencial que estos estudios avancen rápidamente, a fin de que se pueda completar finalmente un estudio histórico del saqueo y disposición final de los bienes de la época del Holocausto al tiempo que entramos en un nuevo milenio.