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Participación de la mujer en las fuerzas armadas

BLANCA PALACIÁN DE INZA
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Contar con mujeres profesionales en las filas de los ejércitos internacionales desplegados  supone un modelo para la sociedad de acogida. Además, contribuye a que estas fuerzas sean mejor vistas por las mujeres de estas comunidades, que se sienten menos amenazadas.

Existen ejemplos de féminas combatientes desde antiguo aunque es cierto que son pocos –y en este caso, su ausencia no es achacable a que la historiografía ha tendido a olvidar a las mujeres–. No obstante, partiendo de estas excepciones hemos de fechar como inicio de la incorporación de la mujer a los ejércitos regulares la segunda mitad del siglo XX.

La inclusión de las mujeres se da por necesidad de mano de obra, al igual que sucede en la actualidad con la creciente incorporación de la infancia, especialmente en los grupos armados irregulares. En un primer momento se les encomiendan tareas de carácter auxiliar y, por supuesto, aquellas relacionadas con la sanidad y tan ligadas al papel que el género ha asociado a las mujeres cuidadoras.

Hoy, en Europa, la mujer puede acceder a casi cualquier empleo; en el mundo militar esta palabra designa el rango y el cargo. Algunos países de nuestro entorno geográfico y cultural, como Reino Unido, Estados Unidos, Italia o Francia, en concreto, mantienen aún alguna restricción para la incorporación de las mujeres a todos los puestos y empleos. Esta se refiere a su participación en tripulaciones de submarinos o en algunas unidades o puestos de combate directo. Aunque existen países como España y Noruega, por ejemplo, que no cierran ninguna puerta a la presencia de las mujeres en estos puestos.

Los motivos argüidos para sostener la limitación del servicio de la mujer en submarinos son de dos tipos: por un lado, de orden práctico, pues la inexistencia de las mínimas condiciones de privacidad aconsejaban, bien…

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