POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 163

Petróleo barato, pero no para siempre

GONZALO ESCRIBANO
 | 

Euforia en los consumidores, temor en los productores y conjeturas geopolíticas. Más allá de las causas y efectos de la bajada del precio del petróleo, conviene analizar las oportunidades de reforma energética que se abren con una moderación de precios que no será permanente.

Nada más terminar la reunión de la OPEP del 27 de noviembre de 2014 en Viena, sin acuerdo para recortar la producción, el precio del petróleo, que ya acumulaba una caída del 30 por cien desde junio, llegó a caer un siete por cien adicional. El West Texas perforó la barrera psicológica de los 70 dólares y el Brent de referencia en Europa se quedó muy cerca. En las semanas siguientes, el petróleo alcanzó mínimos de cinco años para situarse de manera continuada por debajo de esos niveles. La incapacidad de la OPEP para reducir sus cuotas era previsible, pues los países más necesitados de un aumento de los precios para mantener la estabilidad de sus economías (y, en consecuencia, su estabilidad política interna) eran los que menos podían reducir su producción, por ese mismo motivo. Y los únicos miembros de la OPEP que pueden soportar económicamente una reducción de ingresos, como Arabia Saudí, Kuwait o Catar, prefieren hacerlo a cuenta de mantener su cuota de mercado, bajando precios antes que reducir la producción y perder cuota.

La bajada de precios ha generado cierta euforia por su impacto sobre el crecimiento económico de los países consumidores, así como numerosas especulaciones en sus efectos sobre los equilibrios internacionales. No obstante, plantea el interrogante de cuánto puede perdurar y cuál ha de ser la respuesta de los países consumidores. Responder a estas preguntas pasa por analizar, primero, las causas del rápido deslizamiento de los precios del crudo para presentar después algunas conjeturas sobre las consecuencias, con especial atención…

PARA LEER EL ARTÍCULO COMPLETO