POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 122

Rusia: un nuevo marco para su relación con la UE

JAVIER ELORZA
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Una economía poco diversificada, grandes diferencias en el nivel de renta y una demografía en recesión son los asuntos sin resolver tras la presidencia Putin. Recuperado el control del sector energético por parte del Estado, Rusia y la Unión Europea se replantean sus relaciones.

Desde que Vladimir Putin llegó al poder hace ocho años se ha producido en Rusia un proceso de crecimiento económico dinámico y sostenido (6,6 por cien anual del PIB, y 7,9 por cien en 2007), con un aumento considerable de la renta disponible real de las familias (del 70 por cien), y una reducción de la inflación (del 20 por cien al final del gobierno de Boris Yeltsin al 11’9 por cien en 2007). El alza de los precios del petróleo y del gas natural ha sido el principal factor que ha impulsado ese crecimiento, alcanzándose una posición exterior solvente que permite a Rusia contemplar el futuro con gran margen de maniobra (463.000 millones de dólares en reservas en junio de 2007, lo que le sitúa en el tercer puesto del ranking mundial, por detrás de China y Japón), y 136.800 millones de superávit en la balanza por cuenta corriente. Aunque el total de la deuda exterior no ha disminuido (430.000 millones), Rusia sí ha pagado toda la deuda pública exterior de la antigua Unión Soviética (21.000 millones en julio de 2006).

Esta situación económica favorable ha ido acompañada de políticas, monetaria y presupuestaria, prudentes y austeras. En efecto, los presupuestos del Estado federal han alcanzado importantes superávit (4,4 en 2005 y 7,4 por cien en 2006) y el rublo se ha ido apreciando moderadamente para coadyuvar a luchar contra la inflación, decretándose su plena convertibilidad, interna y externa, en julio de 2006. Por último, se ha constituido un fondo de estabilización para futuras contingencias (disminución…

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